Muertos con privilegios

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El entierro de los Franco en la Almudena provoca una disputa con el Vaticano porque el Código de Derecho Canónico prohíbe enterrar dentro de los templos. La Iglesia española se financia: algunos sarcófagos se han vendido por cerca de 200.000 euros.
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“Hagan esto en mi conmemoración”. Una variopinta mezcla de feligreses y turistas escucha las palabras del sacerdote en la cripta de la Catedral de la Almudena buscando la tumba de Carmen Franco —única hija del dictador, muerta a fin de 2017— mientras se oficia la misa de 11 h. La cripta está rodeada de coronas de flores. Carmen Franco descansa al fin junto a los restos de su marido, Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde, enterrado en 1998.

La muerte de la hija del dictador más cruento que tuvo España trajo a la luz una discusión dentro del ámbito eclesiástico con relación a las criptas ubicadas en diferentes Iglesias y catedrales.

Esto no es una novedad, los Franco no son los únicos notables muertos sepultados en la catedral: también están los marqueses de Cubas o los marqueses de Urquijo, entre otros muchos.

Y es que, en los suelos y paredes de la Almudena y otros templos madrileños —las familias Areces, Koplowitz y Abelló tienen nicho reservado en la cripta de San Ginés de la calle Arenal— yace una parte de la oligarquía española del siglo XX, pese a que en los remotos tiempos de Carlos III se prohibió seguir enterrando en el centro de Madrid —práctica que generaba no pocos problemas de insalubridad— para hacerlo en los cementerios. La Iglesia española, no obstante, continuó con la costumbre de enterrar bajo sus templos a unos pocos privilegiados, hasta que llegó el Vaticano y mandó parar. O casi...

El Código de Derecho Canónico vigente —surgido tras la agitación del Concilio Vaticano II y puesto en marcha en 1983— prohibió enterrar dentro de las iglesias, en un intento por mitigar los privilegios funerarios de unos pocos, pero el veto cayó en saco roto en algunos lugares... “El templo dispone de sarcófagos y columbarios para que las personas puedan depositar los restos de los difuntos. La adquisición de ellos cumple varios fines, siendo el mas importante que los difuntos descansan dentro de un templo en el que diariamente se pide por ellos en la Sagrada Eucaristía. La segunda finalidad es colaborar en las obras de la cripta y de la Catedral de la Archidiócesis de Madrid”, asegura la web de la cripta de la Almudena.

Joaquín Iniesta, párroco de la cripta, explica cuál es el criterio de selección. “Se trata de personas que han donado dinero para la construcción de la catedral”, cuenta el encargado de la parroquia de Santa María la Real de la Almudena a un diario local.

Según fuentes conocedoras de los entresijos de esta particular funeraria, la palabra 'donativo' funciona a modo de eufemismo: se han llegado a pagar cerca de 200.000 euros por un sarcófago en la Almudena, aunque Iniesta asegura ahora que ya no se ofrece dicho servicio porque “no queda hueco libre”.

El párroco Iniesta defiende la posición y aclara: “Lo que dice el Derecho Canónico es que no se puede enterrar bajo el altar”, a pesar de que el artículo vaticano no deja lugar a muchas dudas: “No deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice o de sepultar en su propia iglesia a los cardenales o a los obispos diocesanos”

“Hay criptas funerarias, que son lugares sagrados adosados a las iglesias, que están erigidos con la finalidad de enterrar a los fieles católicos, sean laicos, consagrados o sacerdotes. Estos espacios equivalen a un cementerio, aunque no están al aire libre, sino debajo de la iglesia o en un lateral de la misma”. “Esto no va contra los cánones del Código de Derecho Canónico, que se refieren a enterramientos en la iglesia como tal”.

tumba de los francos en alamudena

“En el caso de la cripta de la catedral, la concesión fue realizada por el rey Alfonso XII, con el permiso del obispo diocesano, para aquellas personas que contribuyeran a la construcción de la catedral o de la misma cripta y, en el caso actual, al sostenimiento y mantenimiento de las mismas. Adquieren así un derecho de enterramiento, concedido por la Iglesia a perpetuidad”, aseguran desde el Arzobispado de Madrid.

Pero para Vidal, director de la web Religión Digital, “Son unas explicaciones pueriles que chocan con la realidad: la cripta de la Almudena no es solo un lugar para enterrar, hay iglesia, capilla y parroquia, y se celebra misa a diario. Es una iglesia como cualquier otra. No tiene justificación alguna”.

El trato funerario preferente a las familias nobles y ricas es una tradición histórica de la Iglesia. El Vaticano II trató de acabar con este tipo de prácticas, pero siguen en pie. Entiendo que no es sencillo decirle a alguien que tiene que llevarse los restos de un familiar que lleva ahí enterrado mucho tiempo, pero es que en los últimos años proliferan los columbarios en las iglesias españolas, no ya para los ricos, sino para cualquier fiel que se lo pueda permitir, como una forma de financiar las iglesias. Todo está tarifado, diga lo que diga la Iglesia. Ocurre que estamos ante lo de siempre: la falta de transparencia. Es el juego de la doble moral, cuando lo mejor sería que la información fuera pública y la gente supiera a qué atenerse”, agregó Vidal.

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