Los veintitrés veranos de Raúl Soldi

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—Sabe Don Raúl… nos compramos una quinta en Glew, tiene muchos árboles y es un lugar muy tranquilo —¿Dónde queda eso? Debe ser por la loma del diablo...
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De algún modo este es el origen de la obra maestra de Soldi y, en consecuencia, de nuestra inquietud que originó el documental “23 veranos”.

En el año 2005, habiendo finalizado Cruxicalipsis (ver nota anterior en HC Nº4), de pura emoción definimos que ese cortometraje sobre la obra de Berni debía tener “un lado B”.

Entonces nos propusimos continuarlo con otro film de temática religiosa pero desde otro estilo pictórico, no sabíamos si opuesto pero al menos muy diferente. Así comenzamos a estudiar el magnífico trabajo que desarrolló el maestro Raúl Soldi en la Iglesia Santa Ana de la localidad bonaerense de Glew.

La investigación a priori no debía ser complicada pues los murales son parte de un tour turístico clásico de la pintura argentina y permanentemente hay visitas guiadas. No había más que ir, entrar en ese mundo y organizar la producción.Ya sabíamos que nos íbamos a encontrar con obras hechas en diferentes técnicas (desde el fresco renacentista hasta el óleo sobre tela) y el dato importante era que a Soldi le había llevado pintarlos veintitrés veranos (1953-1976) no consecutivos (no todos trabajados en Glew)

La historia de su realización, una vez más, también era sencilla. Soldi compró una casa de fin de semana en Glew. En aquellos años, década del 50, Glew era un típico pueblo de campo de la provincia de Buenos Aires a solo 30 km de distancia de la Capital.

El mismo Soldi lo cuenta en un archivo de audio: “Llegamos a Glew. Jinetes, caballos, charrets y sulkies poblaban la estación. Tomamos un carro y le indicamos el camino al cochero. Los cascos del caballo producían una gran polvareda y parte, en buena parte, se nos depositaba sobre nosotros. Era otoño, llevaba conmigo la caja de colores y unos cartones para tomar apuntes. Siempre me gustó el otoño con su atmósfera saturada de humedad y los árboles grises y amarillos. Pasé dos semanas vagando con mi caja de colores, leyendo y disfrutando de la paz y el silencio de ese pequeño pueblo, de su vida bucólica tan distante de la gran ciudad”.

Luego, viendo que la iglesia sólo tenía sus paredes blancas, convence al padre Jerónimo Kardec, encargado en ese momento de la Parroquia, de pintar unos frescos con la vida de Santa Ana y de la Virgen María. Se realizaron los trámites correspondientes y en 1953 inició la obra.
Soldi cita: “Siempre pensé que cada Iglesia debía tener su pintor. Las paredes prolijas del recinto de Santa Ana parecían aguardar por el suyo. La posibilidad de pintar frescos en las paredes azuzaba mi fantasía. Como en Europa, esta iglesia tenia las dimensiones ideales para que un pintor deje su testimonio. Me había propuesto ilustrar en los murales la vida de Santa Ana según textos sagrados y según evangelios apócrifos, única fuente de documentación histórica de Santa Ana y su sagrada familia. Pero esta historia debía transcurrir en Glew”.

Comenzamos nuestro recorrido por los frescos. Las escenas son momentos importantes dentro de la vida de la Virgen María y de su madre Santa Ana y su padre Joaquín. Pero nos damos cuenta que todo es muy particular; descubrimos elementos en la pintura que estaban desubicados en tiempo y espacio, pero que, al igual que en Berni, no eran otras cosas que las indispensables, esas que le dan coherencia y sustento a la obra.

¿Por qué los Reyes Magos comen empanadas? ¿Por qué le regalan rodocrosita, nuestra piedra nacional, al Niño de Belén? ¿Por qué un molino típico de nuestras pampas asoma en el jardín de la niña María, en donde también flamea la bandera argentina? ¿Por qué las mujeres pasean en volantas? Eso no remite en nada a lo bíblico o lo sagrado.

Rafael Alberti, el gran poeta español, le dedicó un texto a Soldi que consideramos indispensable para basar la investigación que se hizo y también para la elaboración de este texto audiovisual: “Centran la rotonda del jardín los más queridos personajes de la infancia del pintor: clowns y bailarinas, la écuyère de las mallas ceñidas como una rosa rosa en su caballo blanco; el melancólico Pierrot en negro y plata, el Arlequín cantando con los ojos en deslumbre, el equilibrista de bigotes picudos...y ahora también su nuevo circo, verde y blanco, tachonado de azul.” La fiesta ya empezó, una fiesta que durará por siempre, que siempre tendrá abierto este jardín de la pintura.

Teníamos como conflicto de la película algo similar al documental anterior. Es así que investigando encontramos en el Archivo General de la Nación un audio de nueve minutos donde el maestro Soldi desarrolla una maravillosa clase de cómo pintar un cuadro y qué tener en cuenta para hacerlo. Es ahí donde se complementa con el film anterior. Si Berni planteaba la problemática ética en el arte, Soldi lo hacía sobre la problemática estética: “No es fatiga inútil la lucha del pintor entre la idea y la manera de expresarla. Y qué alegría se produce cuando la forma se define y se encuentra el tono deseado. Al existir los colores son una realidad y lo que yo busco es la equivalencia de esos colores, mi propósito no es representar un mundo diferente sino una equivalencia poética del mundo que me rodea”.

Armamos el guión basado en tres tramas: 1) la historia de cómo Soldi llega a Glew y cómo es su vida allí; 2) la historia de la joven María y de sus padres basada en textos de Evangelios apócrifos que también utilizó Soldi con su transposición al campo bonaerense (la pintura propiamente dicha); 3) el planteo estético del arte desarrollado por el mismo autor.

Soldi aquí pinto su lugar en el mundo pero, ¿cómo iba a pintarlo? Quizás las circunstancias de encontrar una iglesia encalada (la adjetivó así al encontrarla sin pintar) lo llevaron a adaptar la Historia Sagrada a la vida cotidiana del campo, sumándole el haber nacido en una familia dedicada al teatro y haber crecido entre tablas y vestuarios hasta haber estudiado con Giorgio de Chirico en Milán y ser admirador de la obra de Piero della Francesca, especialista en frescos durante el Renacimiento. Toda esta experiencia se suma al hecho de haber recalado en Glew por absoluta casualidad. Estamos seguros de que no fue a la inversa. De las paredes emerge ese lugar con sus personajes típicos, que pueden representar a los personajes de la Historia Sagrada o simplemente convivir con ellos con una naturalidad notable.

El resultado de esto es un documental que intenta aplicar la teoría más pura y abstracta de Soldi a su obra maestra. Una manera -no la única- de acercarse y plantear algunos interrogantes que pueden surgir de la visión de los murales, desarrollados con diferentes técnicas que le dan un eclecticismo que enriquece la historia y lo visual.
Soldi nos dice: “Lo importante, lo realmente importante es ser sincero, porque en el arte la mentira es donde tiene las piernas más cortas”.

Rafael Alberti, vuelve a citar sobre esta obra: “Va a comenzar la fiesta, a la que también vienen, invisibles sus criaturas esparcidas por museos y galerías del mundo, sintiéndose la presencia de los ángeles, Santa Ana y la Virgen pintados con unción sobre los muros de la iglesia de Glew.Al unísono todas las flores que han nacido de la mano de Soldi se adelantan. Es un coro enlazado por una sola voz, que le augura en sordina, saludándolo:

Lo mismo que nosotras, ya seguro
Puedes vivir, maestro. Tus pinceles
Abiertos en jardines y vergeles,
Te aroman el futuro.
Somos tu luz, sus largos resplandores. Tu eternidad está en habernos dado
Ser líneas dulces, formas y colores
Y un tierno corazón, pero pintado
Muera el horror, se esconda la tristeza La fea fealdad se hunda enterrada
Y una nueva Belleza
Siempre joven, habite en tu mirada.

La obra lo ocuparía de diciembre a marzo durante 23 años que, según el pintor, fueron los veranos más felices de su vida. Esa felicidad es la que quisimos transmitir con éste documental

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