La casa Barragán

Arquitectura 12/05/2017 Por
“No puedo imaginar una vida sana y moral en la que falte la belleza”. El arquitecto Luís Barragán fue el primer latinoamericano en obtener el premio Pritzker (El paralelo del Pulitzer en periodismo o el Nobel en Literatura
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El mexicano Luis Ramiro Barragán Morfín (Guadalajara; 1902-1988) fue uno de los arquitectos más importantes del siglo XX y el único de su procedencia en obtener el Premio Pritzker, en 1980 y Premio América en 1987.

La obra de su propia vivienda (La casa de Luis Barragán) construida en 1947, ha sido reconocida por la UNESCO en el año 2004 como PATRIMONIO MUNDIAL, por tratarse del único inmueble individual en América Latina que ha logrado dentro del Movimiento Moderno, la integración de una nueva síntesis de elementos tradicionales y vernáculos, así como de diversas corrientes artísticas y filosóficas de todos los tiempos.

Su influencia en la arquitectura contemporánea crece día a día y su vivienda conservada con total fidelidad desde la muerte del proyectista que la habitó hasta su fallecimiento, es uno de los sitios más visitados de la ciudad de México por los arquitectos y artistas de todo el mundo.

En la actualidad es un museo compuesto por la casa y el taller y es propiedad del Gobierno del Estado de Jalisco y de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán.

Quiero citar a partir del sexto párrafo del trabajo doctoral realizado al recibir la investidura del doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Guadalajara en agosto de 1984, para tomar los conceptos que él mismo consideraba en su arquitectura para luego ve con que lenguaje estilístico los materializaba para llegar a ellos.

“En proporción alarmante han desaparecido en las publicaciones dedicadas a la arquitectura las palabras belleza, inspiración, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento y también las de serenidad, silencio, intimidad y asombro. Todas ellas han encontrado amorosa acogida en mi alma, y si estoy lejos de pretenderles haberles hecho plena justicia en mi obra, no por eso han dejado de ser mi faro.

Religión y Mito ¿Cómo comprender el arte y la gloria de su historia sin la espiritualidad religiosa y sin el trasfondo mítico que nos lleva hasta las raíces mismas del fenómeno artístico? Sin lo uno y lo otro no habría pirámides de Egipto y las nuestras mexicanas; no habría templos griegos ni catedrales góticas ni los asombros que nos dejó el renacimiento y la edad barroca; no las danzas rituales de los mal llamados pueblos primitivos ni el inagotable tesoro artístico de la sensibilidad popular de todas las naciones de la Tierra. Sin el afán de Dios nuestro planeta sería un yermo de fealdad. “En el arte de todos los tiempos y de todos los pueblos impera la lógica irracional del mito” me dijo un día mi amigo Edmundo O’Gorman y con o sin su permiso me he apropiado sus palabras.

Belleza: La invencible dificultad que siempre han tenido los filósofos en definir la belleza es muestra inequívoca de su inefable misterio. La belleza habla como un oráculo, y el hombre, desde siempre, le ha rendido culto, ya en el tatuaje, ya en la humilde herramienta, ya en los egregios templos y palacios, ya, en fin, hasta en los productos industriales de la más avanzada tecnología contemporánea. La vida privada de belleza no merece llamarse humana.

Silencio: En mis jardines, en mis casas siempre he procurado que prive el plácido murmullo del silencio, y en mis fuentes canta el silencio.
Soledad: Sólo en íntima comunión con la soledad puede el hombre hallarse a sí mismo. Es buena compañera, y mi arquitectura no es para quien la tema y la rehuya.

Serenidad: Es el gran y verdadero antídoto contra la angustia y el temor, y hoy, la habitación del hombre debe propiciarla. En mis proyectos y en mis obras no ha sido otro mi constante afán, pero hay que cuidar que no la ahuyente una indiscriminada paleta de colores. Al arquitecto le toca anunciar en su obra el evangelio de la serenidad.

Alegría: Pienso que una obra alcanza la perfección cuando no excluye la emoción de la alegría, alegría silenciosa y serena disfrutada en soledad.
La Muerte: La certeza de nuestra muerte es fuente de vida y en religiosidad implícita en la obra de arte triunfa la vida sobre la muerte.

Jardines: En el jardín el arquitecto invita a colaborar con el reino vegetal. Un jardín bello es presencia permanente de la naturaleza pero la naturaleza reducida a proporción humana y puesta al servicio del hombre, y es el más eficaz refugio contra la agresividad del mundo contemporáneo…`”

LA CASA DE LUIS BARRAGAN

Luis Barragán (arquitecto e ingeniero que comenzó su actividad profesional en 1927) empezó a incursionar en el desarrollo inmobiliario, creando urbanizaciones tan importantes como el Pedregal de San Ángel, concluida en 1945. A pesar del éxito comercial de este conjunto habitacional, Barragán eligió para su vivienda el barrio humilde obrero de Tacubaya, donde en 1947 construyó su primera vivienda que le sirvió de taller para desarrollar sus ideas de arquitectura. La casa con un gran misticismo como los conventos del siglo XVI de México es un refugio fortificación que protege al arquitecto no solo de la intemperie, sino de la ciudad contemporánea, edificando una defensa rodeada de mitos, en donde es sólida por sus muros de colores planos e inmaterialidad mediante las ventanas que van de piso a techo y de pared a pared; abstracta en su morfología y colores y figurativa mediante los elementos de la cultura mexicana; simbólica por sus decoraciones religiosas y concreta en la austeridad de los espacios y la ornamentación. También es apacible en su presencia y dinámica en su funcionamiento, plena de referencias tradicionales y además es absolutamente moderna.

La fachada modesta no da cuenta de la riqueza arquitectónica que se encierra tras ella como en las otras obras de Barragán. La austeridad de la composición de la fachada y el acabado de la misma son muy sencillos, uniéndose al contexto humilde del vecindario, y cuyo único ornamento es una ventana saliente conformada por una caja de rejas en damero.

Hay dos aspectos que se conjugan en la experiencia de recorrer la casa: la concepción de la luz y el manejo del color. Ambos estimulan los sentidos desde la serenidad de plácidos ambientes hasta el vívido contraste de rosados y amarillos con la cálida madera.

El proyecto es una sucesión de lugares que generan efectos visuales y espaciales, pero al mismo tiempo se organizan en un todo proporcionado e integrado. Es en simultáneo un espacio religioso y alegre, amplio e íntimo, una parte y un todo. Solamente al ingresar nos recibe un pequeño hall ámbar, alargado de piso volcánico de paredes retranqueadas. En una de sus paredes, recubierta de madera, se adosa una plataforma de madera a modo de banca. Al pasar al vestíbulo nos encontramos con un llamativo muro de color rosa.

Este muro rosado contrasta con el blanco del resto del ambiente, alrededor del cual se organizan las circulaciones tanto en el primer nivel (hacia la zona de servicios como la zona social) como las escaleras al segundo piso, con una volumetría de masa sin barandas que recuerda la arquitectura mestiza colonial. En la escala del vestíbulo se pasa a la doble altura de la biblioteca en donde el espacio se expande monumentalmente, pero no es una entrada directa, ya que nos recibe un biombo y al girar la mirada hacia el jardín, el cual se integra al interior a través de una ventana cuadrada que ocupa toda la superficie de la pared hacia el mismo en forma de cruz. Las juntas del vidrio que conforman la cruz que hace referencia a la religiosidad vernácula, y recuerda las grandes dimensiones de la ventana a uno de los conceptos preferidos del maestro: la casa debe parecer un jardín, y el jardín , una casa, en donde el concepto de espacio del Movimiento Moderno de la disolución de los límites y las barreras entre interior y exterior, sin que ellos hayan perdido su esencia.

Esta ventana tiene un ardid interesante, porque diera la impresión de estar empotrada en un profundo muro, a la usanza de las casas coloniales. Barragán utiliza este recurso con frecuencia.

Un elemento semejante puede observarse en la biblioteca contigua, en una ventana cuadrada que es la misma que se proyectaba en la fachada. Esta permite darle profundidad al muro de la biblioteca, al tiempo que los vidrios opacos la separan visualmente del mundano exterior.

La estancia biblioteca se comunica hacia el taller, que es un espacio de doble altura y ventanas altas, apartado de la vivienda, cuyo techo de madera pintado de amarillo le da un carácter especial a este espacio de máxima concentración y trabajo. El taller tiene también su entrada independiente desde la calle, aunque ésta no da al ambiente de trabajo propiamente dicho, sino a ambientes de recepción. El taller, se encuentra aislado del contacto visual precisamente para dar intimidad al trabajo. Es el volumen de la escalera, con su presencia, de pisos de madera, paredes blancas e iluminado cenitalmente el que lo ayuda al aislarse al taller.

En el otro extremo de la vivienda, hacia el jardín se encuentran la cocina, el comedor diario y el comedor. Estos espacios se han diseñados para tener las mejores vistas del jardín, el comedor diario aprovecha la incidencia solar matutina para bañarse de luz a través de una ventana de generosas dimensiones.

En el comedor, de equipamiento es sencillo que posee una espléndida vista a través de una gran ventana. La decoración del mismo es un cuadro de un Arcángel, que es un afamado artista mexicano Jesús Chucho Reyes.

El vestíbulo de la planta baja conduce a la segunda planta, que es el Cuarto de Cristo, un espacio de luz amarilla que distribuye la circulación a las habitaciones del arquitecto y a la terraza y que, como diría Barragán, “reduce las tensiones traídas del exterior” antes de ingresar a su dormitorio.

Especialmente en esta habitación (como en toda la casa) pueden apreciarse dos características de la personalidad del arquitecto: su respeto por la soledad y su fervor religioso. Barragán nunca se casó ni tuvo hijos, de allí que dormitorio era sólo para él. El equipamiento refleja su austeridad, como la simple y extensa cama (medía 1.90 m de altura) los muebles simples y los objetos religiosos.

Hacia el otro lado de la vivienda, se encuentra el dormitorio de huéspedes y al lado a ella se encuentra la sala de música que se vincula a la biblioteca mediante una escalera etérea. Desde aquí puede verse la continuidad del espacio a través de la misma.

Desde el taller, hay una salida que nos lleva al patio de las ollas, un austero y alegre espacio cuya escala llena de intimidad y serenidad en el que el artista incluye una pileta -un espejo de agua- que es un elemento que repetiría en muchas otras de sus obras. Las tinajas de distintos tamaños, símbolo de la artesanía mexicana, contrastan con la pared rosada donde se trepa una enredadera. 

Luego pasamos a la intimidad del jardín, el cual dejó crecer en libertad a la vegetación y de allí su imagen semi-natural. Es posible también ver desde aquí las cicatrices de innumerables refacciones a la casa que el mismo no disimuló.

En la terraza, a la que se accede desde el Cuarto de Cristo en el segundo piso, desarrolla su oficio al trabajar los requerimientos funcionales como cuartos de servicio, lavandería, tanques de agua, etc, para conformar una composición abstracta y cromática mediante una serie de planos y volúmenes. Al culminar el recorrido en la azotea no se percibe el entorno del vecindario, lo único que se puede apreciar es le paisaje siempre cambiante del cielo enmarcado por lo muros circundantes, altos, coloridos y texturados, que lo remiten a uno a la idea de aislamiento y protección que le recuerdan esta arquitectura de vanguardia a la tradición de las antiguas haciendas mexicanas.

La visita a esta obra es una de las que más me haya impresionado. Al finalizarla es difícil poder describir los postulados implícitos que describe en su discurso más el sin número de sensaciones recolectadas en el recorrido, lo cual es comprometido catalogar en palabras la belleza que estos espacios generan. Es fundamentalmente una lección de humildad, de cómo se puede lograr tanto con tan pocos recursos (“menos es más” un postulado de Mies van der Rohe del Movimiento Moderno, fácil de decir y difícil de concretar), de cómo se puede llegar a ser eterno en la soledad y la serenidad, de cómo mediante el murmullo del silencio se puede decir tanto. Su trayectoria representa una permanente búsqueda de la modernidad a través de la propia tradición local, algo fundamental en la arquitectura Luis Barragán.

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