Del rechazo al éxito

El mercado editorial es sin lugar a dudas uno de los más arbitrarios lugares en donde se generan éxitos o fracasos. La decisión de un editor de lanzar una novela que a le pueda parecer buena o no, se contrapone con las historias de rechazos que no siempre se llevan de la mano con el fracaso predictivo de algunos editores arrepentidos.
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A Jorge Herralde, editor y propietario de la editorial Anagrama le gusta recalcar que: “un editor no debe ser juzgado por los buenos libros no editados, sino por los malos que publicó”. La frase esconde el problema en el mercado editorial de saber elegir un buen material por parte de los editores.

Uno de los comentarios más absurdos a los que se enfrentan editores encargados de seleccionar manuscritos es aquello que todos hemos oído en algún momento, y es que a Jorge Luis Borges le rechazaron el manuscrito de “Fervor de Buenos Aires” porque era un adelantado a su tiempo. Y mirá luego todo lo que vendió... De este modo, el escritor se defiende de un posible rechazo, o intenta defender ante la editorial la rentabilidad y el potencial de su obra.

Por este motivo, hablar de grandes escritores cuyas obras fueron rechazadas en múltiples ocasiones es algo peligroso, ya que suele convertirse en la excusa favorita de aquellos que tal vez no hayan escrito una gran obra, pero que se consuelan pensando que su creación es perfecta y que son los editores los que no saben reconocer su potencial. Lo cual no quita, claro, que puedan tener razón y que la arbitrariedad de una persona decida si el material es o no pausible de ser publicado, como si esto fuera la “verdad” absoluta.

Así ocurrió con George Orwell, que con Rebelión en la granja consiguió poner nerviosos a todos aquellos a quienes le presentaba la obra. En 1944 Orwell comenzó a mandar su novela a varios editores, quienes lo desplazaban con el pretexto de que era una metáfora demasiado crítica para con la URSS, en los tiempos en los que la antigua Unión Soviética colaboraba con Gran Bretaña en su intento de destruir a la Alemania nazi. Uno de los rechazos más curiosos llegó de la mano de una casa editorial que renegó de Rebelión en la granja por petición del oficial Peter Smollet, que trabajaba para el Ministerio de Información británico, y era un espía soviético. Otro editor le aseguró que era imposible vender historias de animales en América. Pero el “no gracias” más célebre llegó de la mano de Faber and Faber, ya que la carta de rechazo llegó de la mano del mismísimo T. S. Eliot, que la definió como trotskista afirmando que no tenía la convicción de que fuese el punto de vista más adecuado para criticar la situación política actual. Y así fue, ya que el libro no salió a la luz hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Siguiendo con esta saga de rechazos, la segunda guerra también afectó al escritor T. H. White, que deseó ver impreso su clásico de fantasía Camelot. La obra, de temática medieval, no gustaba a los editores, que consideraban que tenía un final demasiado pacifista que no encajaba con los esfuerzos del pueblo británico en tiempos de guerra. Aunque White concluyó la obra en 1941, tuvo que ir publicándola por secciones a lo largo de los años, hasta que finalmente, en 1958, pudo verla reunida en un solo compendio. En un tiempo en el que el pueblo anglosajón necesitaba al Arturo de leyenda más que nunca, parece ser que no convencía una figura que no terminase de darles la conclusión belicista que ansiaban en un libro inspirado por la celebrada obra de Thomas Malory; La muerte de Arturo.

Por alguna extraña razón, cuando se habla de los grandes éxitos que en un principio no conseguían despertar el interés de las editoriales, siempre sale a colación el nombre de Margaret Mitchell, la autora de Lo que el viento se llevó. la escritora estadounidense recibió más de 30 rechazos antes de dar con el editor que finalmente reconocería su potencial y la elevaría a la condición de superventas.

Volviendo a nuestra primera mención, el nunca reconocido Premio Nobel Moral de Literatura Jorge Luis Borges, tampoco pudo huir de las garras de los editores y allá por la década del 20, siendo él un joven poeta, recorrió varias editoriales que le rechazaron el manuscrito de su Fervor de Buenos Aires, hasta que finalmente él mismo decidiera no mostrarlo más y autoeditarse una pequeña tirada de 300 ejemplares con la cual comenzó a hacerse más reconocido.

En cuanto a Robert Pirsig, no hay ninguna duda respecto al largo camino que recorrió hasta encontrar un editor dispuesto. El autor de Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta. Una indagación sobre los valores uno de los libros más vendidos de la historia, hasta tiene un récord Guinness por ser el libro más rechazado. Pirsig fue rechazado en 121 ocasiones. 121 editores le dieron el NO a uno de los libros que más ha influido en los libros de superación personal de nuestro tiempo. Su autor, licenciado en filosofía y antiguo combatiente en Corea, escribió este tratado acerca de los valores y actitudes del ser humano, que pretendía repasar la historia de la filosofía y combinar aspectos del pensamiento occidental con el oriental.

Algo más sórdido, y que nos dice mucho del mundo editorial, de las tendencias y de la importancia del nombre, es el caso del escritor novel Chuck Ross, que en 1975 mecanografió unas veinte páginas de la obra Steps del aclamado escritor de origen polaco Jerzy Kosinski y las envió como muestra a cuatro editoriales diferentes. Entre ellas estaba Houghton Mifflin, la editorial que publicaba en ese momento a Kosinski. Las cuatro rechazaron la obra. Entre 1978 y 1979 Ross repitió el experimento, pero envió esta vez el manuscrito completo, a 14 editores y a 13 agentes literarios. De nuevo, fue rechazado por todos. Parece ser que nadie reconoció la obra, que había obtenido el Premio Nacional de Ficción estadounidense en 1968.

También podemos decir que los editores que leyeron “Lolita” de Nabokov le recomendaron que lo guardará bajo siete llaves, o lo mismo de Camilo José Cela con La familia de Pascual Duarte. Y si en esta saga de rechazos continuamos, no podemos no mencionar al primer volumen de la saga de Harry Potter,que fue rechazado más de una decena de veces.

Hay muchísimos casos interesantes de grandes autores que recibieron negativa tras negativa pero que supieron mantener la ilusión y resistir hasta dar con el editor adecuado. En este listado también se incluyen a los Nobel que tuvieron su oportuidad de ser negados alguna vez por algún editor que luego sería un editor arrepentido.

En fin, la lista de rechazos de grandes obras literarias es muy grande y daría para escribir un tomo completo en nuestro portal El ápice, pero esa no es la idea, sino hacer ver a los lectores que más allá de que algunos escritores sientan que su obra es maravillosa sin serlo, encontraremos editores dispuestos a negar todo en un principio sin siquiera apelar a otorgar una nueva chance que otros aprovechan para llegar del rechazo al éxito.

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