El libro de Kells, un incunable del siglo VI

Literatura 24/05/2017 Por
La presente nota va dedicada a una joya que tuve el placer de contemplar en 2006 en Dublín: “El Libro de Kells” que está exhibido en la Biblioteca del Trinity College, lugar donde además podrán admirar, la original y famosa lira que Irlanda luce en su escudo.
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El Libro de Kells o Leabhar Cheanannais, (en gaélico) es un manuscrito ilustrado, realizado por monjes celtas hacia el año 800. Se trata de uno de los más suntuosos incunables que han sobrevivido a la Edad Media. El libro escrito en latín, contiene los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, apareciendo de forma íntegra los de Mateo, Marcos y Lucas y el de Juan solo hasta el versículo 17:13. Está redactado en mayúsculas, excepto algunas minúsculas, mayoritariamente las “c” o las “s”. Se ha identificado como mínimos a tres amanuenses como autores de la obra y han sido distinguidos con los, poco imaginativos, nombres de Mano A, Mano B y Mano C. Mano A, utiliza tinta de color marrón, habitual en Europa, y escribe entre dieciocho y diecinueve líneas por página. Por otro lado Mano B, tiene más tendencia a utilizar letras minúsculas, prefiere una tinta roja, malva o negra y escribe un número variable de líneas por página. Y finalmente Mano C, tiene más tendencia a utilizar mayor cantidad de minúsculas que Mano A y usa la misma tinta marrón y escribe casi siempre diecisiete líneas por página.

El libro consta actualmente de 340 hojas en pergamino que fueron fabricadas con piel de 200 terneros. Se estima que se han perdido unas 30 páginas, con el trasncurrir del tiempo. El formato del libro es como el de una revista actual, tiene 33 cm de largo por 25 cm de ancho.

Como libro buen iluminado, la decoración es su seña de identidad y en su realización no se escatimó en recursos, importándose los pigmentos necesarios de todos los rincones de Europa. Destacan también las letras capitulares y los monogramas, algunos de los cuales llegan a ocupar una página entera como el de Cristo, abreviado con las iniciales griegas Xi y Ro, con el que da comienzo al Evangelio de Mateo.

Como toda obra realizada por la mano del hombre, El libro de Kells no se libra de algunos errores, como añadir un antepasado de más a la genealogía de Jesús en el Evangelio de Lucas, o como en Mateo 10:34, que pone “... no he venido a traer la paz, sino la alegría...” cuando debería poner “... no he venido a traer la paz, sino la espada...” posiblemente una distracción del copista que confundió la palabra latina gladium (espada) con gaudium (alegría).

El Libro de Kells es el más ilustre de los manuscritos realizados entre los siglos VI y IX en Irlanda y Escocia. Completando este salón de la fama nos encontramos con ejemplares como el Libro de Durrow, el Cathach de San Colomba, los Evangelios de Durham, etc.

Debe su nombre a la abadía de Kells, en el condado irlandés de Meath. La abadía fue fundada a principios del siglo IX por monjes procedentes del monasterio de la isla de Iona en Escocia (Islas Hébridas), que huían de las incursiones vikingas. El monasterio de Iona había sido fundado por San Colomba, evangelizador de Escocia, el cual había instalado en dicha isla su
centro de actividades en el siglo VI.

Según la tradición, el libro habría sido redactado por el propio Colomba. Sin embargo el estilo del libro es muy posterior a la época del santo. Existen 5 teorías distintas para explicar el origen de este texto. La primera dice que el libro habría sido escrito en Iona y trasladado urgentemente a Kells, lo que explicaría el que nunca hubiera sido terminado. La segunda argumenta que su redacción podría haberse iniciado en Iona y continuada en Kells y habría sido dejado inconcluso por alguna razón aún desconocida.

La tercera es la que mantiene que el libro habría sido redactado por completo en Kells. La cuarta mantiene que fue escrito en el norte de Inglaterra (Lindisfarne), antes de su traslado a Iona y luego a Kells. Y la quinta sostiene que podría haberse realizado en un monasterio indeterminado de Escocia. La verdadera posiblemente no se llegará a conocer nunca, no obstante la más aceptada es la segunda. Lo que si está establecido como cierto es que sus creadores fueron monjes pertenecientes a una de las comunidades de Colomba.

Se está absolutamente seguro de la presencia del libro en Kells a principios del siglo IX, ya que un pasaje de los Anales del Ulster, del año 1006, relata lo siguiente, en alusión a la desaparición del libro: “el gran Evangelio de Columcille, principal reliquia del mundo occidental, fue sustraído subrepticiamente en plena noche de una sacristía de la gran iglesia de piedra de Kells debido a su precioso estuche”.

Lo cierto es que el manuscrito fue encontrado meses más tarde “bajo un montón de tierra” y le faltaba su cobertura de oro con piedras preciosas. Este arranque violento de las tapas podría explicar la falta de hojas del principio y el final de la obra, es decir, daría sentido a que el evangelio de Juan estuviera inconcluso.

La abadía de Kells se disolvió en el siglo XII, y el libro siguió en su iglesia convertida ahora en iglesia parroquial. La siguiente peripecia de nuestro protagonista ocurre en 1654, cuando la caballería de Oliver Cromwell aloja una guarnición en dicha iglesia de Kells, lo que lleva al gobernador de
la villa a trasladar el libro a Dublín, donde nunca ha abandonado la biblioteca del Trinity College, excepto para contadas exposiciones temporales.

Podríamos deducir por lo tanto que el libro ha estado desde entonces a salvo, pero no es así, ya que el hombre es propenso a desatinos. Dentro de estas desventuras podemos citar las menores, como añadir en los márgenes los números de los capítulos de los Evangelios en el siglo XVI, o la numeración de las páginas en 1621... Pero sin duda la mayor profanación ha sido Cuando en una de sus reencuadernaciones en el siglo XVII, el encuadernador mutiló las páginas perdiéndose parte de las ilustraciones.

En 1849, la Reina Victoria y el príncipe Alberto fueron invitados a firmar el libro, hoja que fue retirada en 1953. En 1920, el libro contaba con numerosas hojas sueltas, situación que no se subsanó hasta 1953 cuando fue encuadernado de nuevo, pero separado en 4 volúmenes, uno por evangelio, es decir, el Libro de Kells pasó a ser los 4 Libros de Kells, perdiéndose la unidad de la obra.

En el año 2000, el volumen con el Evangelio de Marcos se envió a una exposición a Australia, viaje en el que sufrió “desperfectos menores”, se supone que producidos por las vibraciones de los motores de avión.

En definitiva parece todo un milagro que este objeto haya sobrevivido al paso del tiempo y a tantas vicisitudes humanas, por lo que les recomiendo a todos los vayan por la capital de Irlanda que inviertan un dinerillo (la entrada es algo cara) y pasen por el museo que lo acoge en el Trinity College, antes que algún otro ser humano que lo cuida lo siga destruyendo.

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