La casa de la cascada

“La arquitectura es vida, o por lo menos es la vida misma tomando forma y por lo tanto es el documento más sincero de la vida tal como fue vivida siempre.”, con estas palabras se sintetiza lo que el gran arquitecto Frank Lloyd Wright pensaba a la hora de diseñar.
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El título de esta nota es “La casa de la cascada...”, y quizás los puntos suspensivos denoten la falta de palabras que existe a la hora de poder decir algo sobre la obra cumbre de un arquitecto que dejó en generaciones posteriores su impronta marcada a fuego.

Y es que Frank Lloyd Wright, de él hablamos, es uno de los más grandes hacedores de desmaterialización de espacios. Sus casas se funden en un adentro-afuera, en el que los espacios se mezclan entre exteriores e interiores de una manera tan “natural” como si siempre hubiesen estado pensados así.

Este arquitecto, nacido en Estados Unidos en 1967, brinda un nuevo concepto de arquitectura, otorgándole un grado de “ecologismo”, (si bien el término en esa época no se utilizaba, bien vale aplicarlo) inexistente al momento, generando espacios que se interrelacionaban entre sí y ocurriendo en lugares que no eran interiores y tampoco exteriores. Wright rechazó el criterio existente hasta entonces de los espacios interiores como estancias cerradas y aisladas de las demás y creó una nueva idea de arquitctura.

En una de sus obras icónicas: la Casa de la Cascada, (en realidad Casa Kaufmann), construida en el cauce del río Bear Run en el estado de Pensilvania, la aplicación del concepto de “arquitectura orgánica” queda a las claras cuando se aprecian los espacios diseñados y su interrelación con el entorno. “Ninguna casa debería estar nunca sobre una colina ni sobre nada. Debería ser de la colina. Perteneciente a ella. Colina y casa deberían vivir juntas, cada una feliz de la otra.”, declaró luego de diseñar el proyecto que lo eternizaría como uno de los grandes arquitectos del siglo XX.

Para construir la casa Wright utilizó los afloramientos de roca del terreno como cimentación aprovechando un relieve ligeramente accidentado, y dejando intacto el bosque de árboles y el arroyo Bear Run, en el cual está la cascada de la casa.

Del terreno del lugar se extrajeron rocas que conforman la mampostería de la parte baja de las fachadas, colocadas en ese lugar para crear una progresión desde la roca natural del suelo hasta el hormigón de las partes altas. El edificio guarda una respetuosa relación con el entorno adaptándose al medio. Gran parte de la casa está en voladizo, situado encima del arroyo.

Los ingenieros de Wright no confiaron en que esa estructura fuese a aguantar y aconsejaron a Wright que rectificara. El orgullo de este arquitecto le permitió ceder poniendo únicamente unas piezas metálicas que sostienen al voladizo, el cual aún sigue en pie después de sufrir los efectos de un tornado. Dos pérgolas describen un arco que esquiva el tronco de dos árboles. Este recurso lo usó Wright para dejar claro el respeto a la naturaleza con el que está diseñada la casa.

En fin, la Casa de la Cascada es un ícono de la arquitectura moderna, que por su concepción y por el respeto a la naturaleza, se eterniza como arquetipo y ejemplo, y es esta condición de eternidad la que queda reflejada en el silencio de los puntos suspensivos del título.

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