Mejor no hablar de ciertas cosas...

Hay ocasiones en que la ciudadanía se cansa de hablar de lo mismo y nunca ver torcer el rumbo...
tres monitos
No veo, no escucho, no hablo

Los cambios de opinión a lo largo de la vida son vistos como signos de evolución, porque nadie puede sostener la misma reflexión sobre algún tema por el resto de su vida, ya que el entorno, las circunstancias eventuales del momento, y la época de la vida en que se piensan son diferentes y por lo tanto dotan a la opinión de un elemento exógeno que produce modificaciones en nuestra forma de pensar sobre el mismo tema.

En momentos históricos como los que vivimos, en donde el concepto teórico parece ser algo que fundamenta cualquier tipo de hecho, sea lícito o no, el revisionismo de una década en particular es un mero ejemplo.

La dirigencia se atiene ideológicamente a una postura que ocurrió décadas atrás sin contemplar los cambios de situación mundial, regional y personales que cambiaron el concepto a los que se aferran, pero al mismo tiempo se atienen ferreamente a un concepto ideológico y cambian de partido como si esa convicción dura y estricta que tenían haya desaparecido en el aire.

Si bien los partidos políticos, tal como los conocíamos hace algunas décadas, dejaron de existir, los fundamentos teóricos de sus doctrinas no, y por consiguiente la gente suele identificarse con alguna de ellas. entonces ¿qué ocurre cuando se ve en la política actual a funcionarios que respondían ciegamente a una de esas doctrinas, dos años más tarde y en épocas eleccionarias, bregan porque triunfe la contraria?

Si se hace memoria en la historia argentina, existieron muchos políticos de raza noble y con una alta vocación de servicio que supieron aprovechar su momento y llevar adelante sus proyectos sociales desde los distintos cargos gubernamentales que ocuparon. No hablo de políticos de algún partido en particular, ni tampoco quiero mencionar a alguno de ellos para que no se confunda el tenor de esta nota y se torne política, más allá de hablar de política.

Quizás usted piense, que en la actualidad también existen funcionarios que llevan adelante sus proyectos desde el lugar que ocupan. Y es cierto, pero creo que la diferencia radica en la convicción del porqué lo llevaban a cabo y cómo respondían con acciones al voto de los electores antes y del porqué y cómo lo realizan ahora.

Vemos permanentemente que hoy en día los políticos mudan sus pertenencias filosóficas y partidarias de un grupo a otro como si se tratasen de meros jugadores de fútbol que por un contrato millonario cambian de camiseta a la de su rival deportivo sin hacerse problema de la cuestión ética, que fue superada por la económica.

Los valores de dignidad, lealtad y ética política, han quedado atrás por muchos de los políticos argentinos que ven en las listas que participan sólo una proyección personal y un disparador para el desarrollo de su patrimonio económico, sin importar ni por un instante, el pensamiento y la situación de la gente que con su voto los llevarán a ocupar ese cargo.

El armado político de las listas en un partido se hace de acuerdo a la participación que hayan tenido los futuros candidatos en el trabajo del día a día de la construcción de ese espacio político. No importará el nivel de instrucción, ni el nivel de valores sociales o de vocación de aportar algo a la sociedad que quieren dominar con su cargo, simplemente serán elegidos por sus pares en proporción a la cantidad de votos que puedan aportar a la lista.

Y así se dan las cosas, quizás a consecuencia del sistema que propone el Estado que permite que, por un lado, tengan sueldos que la población del llano ni imagina, segundo que, tengan impunidad e inmunidad de diferentes sectores en relación a actos espurios que puedan realizar, y en tercero la propia corrupción radicalizada en el propio sistema que permite que el deseo de pertenecer al ámbito del Estado sea por parte de los integrantes de las listas una convicción misma, mayor a la vocación de servicio que deberían tener.

En los países nórdicos, los funcionarios que son elegidos por voto para ocupar algún puesto, son “contratados” por el Estado y tienen un sueldo ya previamente pactado que está dentro del escalafón de funcionarios públicos. Desde el ascensorista de la legislatura hasta el alcalde de cualquier ciudad, reciben sus sueldos mediante las cuentas del banco público el mismo día por igual, porque todos son considerados “empleados públicos” y todos tienen el mismo tratamiento. A su vez, una vez que dejan sus cargos, son obligados a rendir cuentas con auditorías del manejo de dinero que hicieron en sus años de gestión controlada por el fisco.

Muy lejos estamos de esos manejos políticos cuando acá vemos que un mero concejal de algún pequeño municipio al poco tiempo ya tiene acumuladas riquezas que le servirían por varios años de falta de trabajo.

El sistema perverso de corrupción enraizada, más los altísimos salarios del Estado, sumados a los pocos ejemplos de castigo judicial a quienes hayan incurrido en actos desleales y corrompidos por las circunstancias, hacen que pertenecer a las filas del Estado generen que las ideologías y las filosofías filantrópicas hayan quedado escondidas detrás del férreo deseo de los candidatos de hacerse ricos a costa del voto de los inocentes pobladores que, resignados, piensan que la corrupción y el enriquecimiento es un mal ya incorporado en el ADN argentino (y últimamente regional) y por eso no quieren escuchar, ni mirar y que como decía Luca prodan... mucho menos ”... ni hablar de ciertas cosas.”

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