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Si hubo alguien merecedor del mote de "Magno", ese fue Alejandro.
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1 / 3 - Alejandro Magno

Si existe un hombre que mereció el mote de Magno, fue Alejandro, y no porque sea el único que conozcamos, sino porque su grandeza de entrelazar culturas, crear nuevos lazos, generar comercios y fundar ciudades, sumados a su habilidad de conquista, puso hace más de 2000 años a casi un continente a sus pies...

Fue el sucesor de su padre Filipo II, Rey de Macedonia, muy joven, cuando al ser asesinado en el año 336 a.C dejó el trono libre para que este joven de apenas 24 años tomara el poder.

Su padre lo venía instruyendo enel arte de la guerra y lo había preparado para reinar, proporcionándole una experiencia militar y encomendando a Aristóteles su formación intelectual. Alejandro dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de Filipo II para rebelarse.

Para evitar sublevaciones -en el 334- lanzó a su ejército contra el poderoso y extenso Imperio Persa, continuando así la empresa que su padre había iniciado poco antes de morir: una guerra de venganza de los griegos -bajo el liderazgo de Macedonia- contra los persas.

Con un ejército pequeño (unos 30.000 infantes y 5.000 jinetes), El Rey Alejandro se impuso invariablemente sobre sus enemigos, merced a su excelente organización y adiestramiento, así como al valor y al genio estratégico que demostró; las innovaciones militares introducidas por Filipo (como la táctica de la línea oblicua) suministraban ventajas adicionales a la alentía del hijo.

Comenzó a recorrer diferentes zonas y librar batallas y así rrecorrió victorioso el Asia Menor, ganando las batallas de Gránico, 334, de Siria (Issos, 333), en Fenicia (asedio de Tiro, 332), en Egipto y Mesopotamia (Gaugamela, 331), hasta tomar las capitales persas de Susa (331) y Persépolis (330).

Una vez conquistada la capital de los persas, Alejandro licenció a las tropas griegas que le habían acompañado durante la campaña y se hizo proclamar emperador ocupando el puesto de los Aqueménidas. Enseguida lanzó nuevas campañas de conquista hacia el este: derrotó y dio muerte a Bessos y sometió Partia, Aria, Drangiana, Aracosia, Bactriana y Sogdiana. Dueño del Asia central y del actual Afganistán, se lanzó a conquistar la India (327-325), albergando ya un proyecto de dominación mundial.

Aunque incorporó la parte occidental de la India (vasallaje del rey Poros), tuvo que renunciar a su sed deconquista, porque sus tropas, agotadas de los 7 años que llevaban fuera de sus casas luchando, y celosas por la participación en las luchas que Alejandro le otorgaba a los diferentes orientales que iba sumando a sus filas, decidieron amotinarse y regresar a Macedonia.

Con la conquista del Imperio Persa, Alejandro descubrió el grado de civilización de los orientales, a los que antes había tenido por bárbaros. Concibió entonces la idea de unificar a los griegos con los persas en un único imperio en el que convivieran bajo una cultura de síntesis (año 324). Para ello integró un gran contingente de soldados persas en su ejército, organizó en Susa la «boda de Oriente con Occidente» (matrimonio simultáneo de miles de macedonios con mujeres persas) y él mismo se casó con dos princesas orientales: una princesa de Sogdiana y la hija de Darío III.

La reorganización de aquel gran Imperio se inició con la unificación monetaria, que abrió las puertas a la creación de un mercado inmenso; se impulsó el desarrollo comercial con expediciones geográficas como la mandada por Nearcos, cuya flota descendió por el Indo y remontó la costa persa del Índico y del golfo Pérsico hasta la desembocadura del Tigris y el Éufrates. También se construyeron carreteras y canales de riego. La fusión cultural se hizo en torno a la imposición del griego como lengua común (koiné). Y se fundaron unas 70 ciudades nuevas, la mayor parte de ellas con el nombre de Alejandría (la principal en Egipto y otras en Siria, Mesopotamia, Sogdiana, Bactriana, India y Carmania).

La última lucha de las tropas de Alejandro en la India, fue una pérdida muy grande de soldados lo que ayudó a que decidiera regresar a su Babilonia natal.

La temprana muerte de Alejandro a los 32 años, víctima del paludismo, según algunas versiones y de envenenamiento, otras, le impidió consolidar el imperio que había creado y relanzar sus conquistas.

El imperio no sobrevivió a la muerte de su creador. Se de-sencadenaron luchas sucesorias en las que murieron asesinados las esposas e hijos de Alejandro, para que no quedaran sucesores, hasta que el imperio quedó repartido entre sus generales en tres grandes Reinos helenísticos, (Ptolemaica, Seléucida y Antigónida.) que mantuvieron durante los siglos siguientes el ideal de Alejandro de trasladar la cultura griega a Oriente, al tiempo que insensiblemente dejaban penetrar las culturas orientales en el Mediterráneo.

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