¡Negros, eran los criollos!

Literatura Por
Relato del libro "La mujer de la bolsa" wgt ediciones 2010
negro criollo
negro criollo

En los tiempos de la colonia, en nuestro país existía un alto porcentaje de población negra. Y hasta me animaría a decir, que eran mayor cantidad que los blancos españoles dominantes o mestizos que habitaban estos páramos. Existieron varias causas que provocaron su desaparición. Pero quizás una de las principales sea la de haberlos enviado a la realización de misiones de alto riesgo en nombre de las tropas anti-españolas, (no vaya a ser cosa que liberáramos a estas tierras mandando al frente a gente de color blanco) que daba como resultado el regreso de sólo unos pocos, de los miles, que habían quedado en el camino.

Otra de las razones de la extinción fue la importación. ¡Si… como lo lee…! La importación. Y es que el racismo europeo había sido traído desde el
viejo continente, en lo que se conoce como una de las primeras transacciones culturales realizadas en nuestras tierras. Pero tal vez sean otros los motivos y yo solamente sea un mal pensador de la historia… (es posible). Lo cierto, es que, negros ya no hay… y no es actual el problema. 

Cuando mi niñez estaba en su esplendor (allá por la década del setenta) y en un acto escolar, había que representar a los vendedores de velas, que
generalmente eran de color, (negro, por supuesto… no iban a ser amarillos) al protagonista le embadurnaban la cara con corcho quemado, a modo de crema Ponds económica, para simular un tono oscurito que ningún chico tenía… porque los reales morochos ya se habían extinguido. (De no ser así, obviamente, el papel lo hubiese representado un sucesor directo del vendedor de velas.) 

Ahora bien, si bien es cierto que ya no hay negros en nuestro país, parece ser que ya no hay negros “argentinos”, porque existen otros con acentos raros y con aspectos decididamente extraños. Los nuevos negros aparecen en muchas calles de la ciudad de Bs. As., sobre todo en aquellas de mayor afluencia de gente: salidas de universidades, estaciones de transporte público, plazas, etc. Y ahora verán porqué.

Estos morochos no son descendientes directo de los viejos negros criollos que sostenían a los gritos “¡Vendo Velas!”, y se nota por su acento, porque
parecen ser herederos directos de la familia Marley (la de Bob, no la del conductor de televisión) o parientes cercanos de Kunta Kinte. (para aquellos
que no se acuerdan el personaje negro de una miniserie de esclavos) Sin embargo, estos herederos de las tradiciones autóctonas mestizas, parecen no haberse enterado que existen otras profesiones, ya que siguen con la costumbre ancestral de seguir siendo vendedores ambulantes, pero esta vez de distintos productos. (Porque velas no le venderían a nadie.) Han pasado muchos años desde aquellos vendedores de cebo argentino y
los hombres de color negro han resurgido como el ave fénix de entre las cenizas, con sus maletines que contienen bijouterie barata, manteniendo las tradiciones de su raza.

Todo esto, hace pensar que la historia es cíclica y que el pasado siempre vuelve, salvo, claro está, por el detalle minúsculo que, antes los morochos con una fuerte y hombruna voz gritaban a los cuatro vientos “¡Vendo velas!”, mientras que los actuales con una voz mucho más pausada, y tímida (y a veces inentendible) te dicen al pasar: “shico alguna puucerita para tu shica”. Se desconoce el origen de estos morochos que caminan las calles vestidos con colores vivos, lo que sí se puede descubrir es que los que no hablan con acento centro americano, lo hacen en dialectos africanos y se reúnen en mezquitas musulmanas, por lo que se deduce que, efectivamente no son nacidos en San Telmo.

Es ésta sutil diferencia, la que marca el paso del tiempo y aunque algunos quieran demostrar que estos negros vienen a reemplazar a los que extinguimos, (si, si, los extinguimos, no se haga el distraído) seguiré insistiendo en que negros eran los de antes…, los nuestros…, los criollos… esos que iban a luchar descalzos y después caminaban vendiendo velas como si se hubiesen despertado de la siesta, y no los actuales, que con toda la onda rapera de los Estados Unidos del Harlem caminan un par de cuadras con el maletín de chucherías y ya se los ve transpirando la gota negra.. (¿O era la gota gorda?...).

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