Un jardín vertical

La arquitectura Argentina se mete de lleno en España de la mano de un gran creador chaqueño: Emilio Ambasz
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El madrileño paseo del Prado contará el año que viene, con otro gran museo de características especiales. Será un edificio que contempla la creación de un jardín vertical en sus fachadas.

En la vereda enfrentada al Museo del Prado, a pocos metros de distancia del “Reina Sofía”, el “CaixaForum” y el “Thyssen-Bornemisza”, el arquitecto hispano-argentino Emilio Ambasz (oriundo de Resistencia, Chaco) invertirá 13 millones de euros de su fortuna personal en sustituir un edificio municipal semiabandonado por un cubo de cinco plantas con dos fachadas exteriores recubiertas enteramente por vegetación. Será el Museo de las Artes de la Arquitectura, Diseño y Urbanismo.

El proyecto aprobado en marzo por la alcaldesa, Ana Botella (PP), tiene pendiente recibir en unos días el visto bueno de la Comisión para la Protección del Patrimonio Histórico, controlada por el Gobierno regional (PP) y en la que participa con voz pero sin voto el Colegio Oficial de Arquitectos (muy crítico con esta iniciativa).

La Comisión de Patrimonio fue la que trabó el proyecto de Norman Foster para reconvertir un palacete de 1902 junto al paseo de la Castellana en la sede internacional de su fundación; el prestigioso arquitecto británico decidió entonces llevarse el proyecto a otra ciudad.

Este será probablemente el último obstáculo que tenga que superar Ambasz, pero desde luego no es el primero. El arquitecto argentino buscaba desde hace tiempo sede para su legado, por el que competían Nueva York, París, Florencia, Bolonia, Buenos Aires...

La ciudad estadounidense parecía la mejor colocada por contar con un emplazamiento perfecto justo enfrente del Museo de Arte Moderno (MoMA), del que Ambasz fue conservador entre 1969 y 1976. Pero el tesón y la inclinación sentimental del arquitecto hacia España le llevaron a decidirse hace dos años por Madrid. Y, sobre todo, una razón práctica de peso: el Ayuntamiento madrileño estaba dispuesto a ceder un edificio municipal en apariencia ruinoso pero ubicado en uno de los ejes museísticos más relevantes del mundo, y a permitir además que Ambasz lo tirara abajo para levantar su proyecto pese a que el inmueble estaba protegido.

Una vez constatado el interés de Ambasz en el inmueble, el Ayuntamiento fue preparando el camino: en noviembre de 2012 transfirió el edificio ubicado en el número 30 del paseo del Prado al área municipal de Las Artes “para su destino como contenedor cultural del Eje Prado-Recoletos”, y al mismo tiempo, inició la rebaja de su protección histórico-artística para poder derribarlo.

Un mes después de firmarse el convenio, en abril de 2013, el Ayuntamiento aprobó el cambio de catalogación del inmueble al considerar “excesivo” el blindaje de la fachada y las escaleras con nivel 2 estructural (propio de edificios con “características de gran interés”, y que sólo permite obras en su interior). Se rebajó a nivel 3 ambiental, que “protege los valores de la fachada por su integración en el ambiente de la ciudad pero no precisa necesariamente de su mantenimiento físico”.

Por vicisitudes personales, la concesión del solar a Ambasz no se formalizó hasta el pasado 6 de marzo. El arquitecto se comprometió entonces a asumir los gastos de construcción del museo, así como los derivados de su gestión y mantenimiento, y a reinvertir en el proyecto todos los ingresos de su explotación. Una vez extinguidos los 75 años de concesión, el edificio pasaría a ser propiedad municipal.

El Ayuntamiento estimó los “importantes beneficios para la ciudadanía” del proyecto (por su retorno económico y la mejora de la imagen internacional de Madrid) como “razones de interés público” que justificaban la concesión gratuita del solar. El departamento jurídico municipal refrendó esos “fines de interés público”, indicando además que el Ayuntamiento “no tenía prevista la utilización efectiva” del inmueble.

El informe aprueba además que la concesión sea gratuita “por la ausencia de utilidad económica relevante”, dado que Ambasz no sólo construirá el edificio a su costa (invirtiendo 13 millones de euros), sino que reinvertirá todos los beneficios.

Sólo le queda obtener la licencia y comenzar las obras. Este último trámite también está siendo tortuoso: para lograr el visto bueno de los técnicos municipales y de los bomberos, Qque obligaron a reforzar las medidas de seguridad contra incendios en el exterior, ante el temor de que la cubierta vegetal pudiera arder como una tea. Así, se colocarán aspersores —como los que habitualmente se instalan en el techo de pasillos y habitaciones— distribuidos entre la vegetación. Además, la terraza superior contará con una cortina que bajará automáticamente en caso de que se incendie la fachada, para evitar que el humo pueda afectar a los clientes del restaurante.

Ambasz sueña ya con ver acabado su proyecto, e incluso ha diseñado las primeras actividades culturales que se llevarán a cabo el museo: una exposición de “Héroes ignorados de la arquitectura” (Paul Nelson, Amancio Williams...), un recorrido por el diseño industrial español y un ciclo de conferencias a modo de “tribunal” para juzgar “al MoMA por despistar tres generaciones” o “las teorías de Aldo Rossi y Carlo Aymonino”.

Fuente. Noticias.arq.com.mx

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