Rosita Quiroga... Una mujer de tango

Música 02/06/2017 Por
Una mujer que cautivaba con su voz y su acento de arrabal.
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Rosita cantando

Heredera directa de los payadores, cantaba a media voz mezclando palabras del lunfardo con el que se había criado en el barrio de La Boca. Rosita Quiroga fue pionera en el decir arrabalero del tango. Es recordada también por realizar la primera grabación eléctrica en Argentina y por tratarse de una figura señera, casi única, que marcó el camino a las divas de la canción popular que brillaron hasta los albores de la Década de Oro.

Rosa Rodríguez Quiroga de Capiello, su nombre completo de casada, había nacido en Buenos Aires con fecha registrada el 16 de enero de 1986. Según José Gobello “no fue la primera cancionista de tangos; entró placé en un final de bandera verde: grabó el primer disco de su repertorio –La tipa- poco después que la Maizani cantara Padre Nuestro, el 27 de julio de 1923. Ambas procedían del canto criollo, pero Rosita ya era famosa y Azucena –seis años más joven- una desconocida”
.
La madre de Rosita era una china cordobesa, Serapia Quiroga, y el padre un carrero asturiano que cargaba carbón en el Riachuelo. Cursó estudios primarios hasta 4º grado en una escuela de La Boca y “justo a los 14 abriles” dejó el aula para estudiar canto y aprendió a tocar la guitarra con un músico famoso del barrio: Juan de Dios Filiberto. Comenzó entonando en comparsas y festivales, pero un día el padre plantó a su mujer y a sus hijos. Como había que parar la olla, Rosita fue a probar suerte en un teatrito de Bahía Blanca, cuyo propietario tenía referencias de la precoz cantante. Le fue bastante bien y, además consiguió una carta de recomendación de Francisco Martino para Gardel, que triunfaba en esa ciudad. Era septiembre de 1918 y, al leer la carta, el Mito semblanteó a la gordita de 22 años que tenía enfrente y le dijo: “Así que usté es Rosita la chacarera”. De aquella broma de típico cuño gardeliano nacería una persistente enemistad entre ambos artistas. A partir de allí se abrió camino sola y tuvo la suerte de que la familia Sáenz Peña, de la alta sociedad, gustara del tango y le abrió las puertas de la RCA Víctor. Grabó, siempre para ese sello, más de 200 composiciones, que se difundieron por el mundo. Además pasó a ser una especie de jefa de relaciones públicas de la Víctor. Su influencia convirtió en estrellas a dos emblemas del tango: Mercedes Simone y Agustín Magaldi. Fue atracción en el teatro Empire hasta el 10 de febrero de 1931, lo que no repitió después por cuanto no le gustaba hacer actuaciones en público. La radio y la discografía era su mundo.

En 1938 viajó a Japón siendo entonces la primera intérprete que se escuchó en ese país. Más adelante, Rosita cantó para los japoneses en plena Segunda Guerra Mundial. Por entonces ganaba mucho dinero que se encargaba de derrocharlo en lujos, diversiones y hasta en el hipódromo. Cuando sentó cabeza, administró su fortuna e invirtió en un palacete y dos departamentos en céntricos lugares porteños. En tiempos de paz, hizo una nueva y triunfal gira por Japón; de regreso siguió cantando y grabando sin pausas. En 1970 viajó a Osaka por una invitación de una peña tanguera japonesa que lleva su nombre. La “divina Rosita” como llegó a ser bautizada en el argot popular, recibió varias distinciones, entre ellas el Farolito de Oro por parte de la Academia Porteña del Lunfardo, en cuya sede un retrato de ella adolescente decora sus muros.

Rosita Quiroga grabó su primer disco en 1923, titulado Siempre criolla, que incluye su primer tango: La tipa, del guitarrista Enrique Maciel y letra de Enrique P. Maroni. Fue ella y la compañía Víctor quienes inauguraron en la Argentina las grabaciones eléctricas en 1926. Como muestra de su estilo se destacan los tangos Julián (letra J. Panizza-música E. Donato), Maula (A. Mondino-V. Soliño), Carro Viejo (M. Orsi-F.Montoni), Mandria (F. Brancatti-J. Velich-J. Rodríguez), Mocosita (V. Soliño-Matos Rodríguez), Pato (Ramón Collazo) y su mayor creación: De mi Barrio (R. E. Goyeneche-1925). Predominan autores y compositores uruguayos. Asimismo, el célebre poeta lunfardesco Celedonio Flores parecía que escribió sólo para Rosita, quien le grabó 24 temas, entre ellos: La Musa Mistonga (música de A. Polito); Muchacho, Beba (ambos con E. Donato); Audacia (H. La Rocca) y Carta Brava (uno de los pocos que compuso Rosita). Casi siempre fue acompañada por guitarristas, pero en sus comienzos también cantó con orquestas, las de Vicente Geroni Flores, Antonio Scatasso, Eduardo Pereyra, Manuel Buzón y otras, todas pertenecientes a la compañía Víctor.

En el rubro cinematográfico su carrera fue escasa, solo llegó a protagonizar un film en 1976: El canto cuenta su historia, de Fernando Ayala y Héctor Olivera. En sus últimos años se la solía ver en el programa televisivo La Botica de Tango, conducido por Eduardo Bergara Laumann. Rosita Quiroga falleció a los 88 años de edad el 16 de octubre de 1984 en su departamento de Av. Callao.

Rosita Quiroga se había impuesto una pausa en el sello grabador ya que priorizaba sus presentaciones en la radio, retornando al disco en marzo de 1952. Su despedida ocurrió el 14 de septiembre de 1984 (32 días antes de su fallecimiento) instada por su amigo, médico y letrista: Luis Alposta. Acompañada por el conjunto de guitarras de Aníbal Arias grabó Campaneando mi pasado, letra del Dr. Alposta y música de Rosita. Así se despidió definitivamente quien para muchos fue la más genuina representante del tango arrabalero, hoy una leyenda de la más rancia estirpe porteña, venerada por quienes son consecuentes con ese paradigma genial llamado tango.

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