Bernardo Bertolucci un cineasta visualmente real

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Un italiano que hizo y hace historia
BERTOLUCCI
Bernardo Bertolucci

Seguramente, antes de reconocer a su “mamma” y a su papá en la casa natal de Parma, cuando Italia aún estaba bajo el régimen de Mussolini, el bambino Bernardo presentía que el Duce tenía los días contados y que era posible hacer una revolución.

Don Attilio Bertolucci se dedicaba a la poesía y escribía críticas de cine y teatro en el diario del pueblo; su madre era licenciada en letras y las amistades que rodeaban a ambos poco tenían que ver con las figuras grises de los campesinos que frecuentaban el cineclub parmesano.

El cine distinto que planteará Bernardo Bertolucci intentará alejarse de los códigos del neorrealismo. En los comienzos del decenio Pasolini, Bellocchio, los hermanos Taviani, Francesco Rosi y otros realizadores debutan con sus óperas primas. Es otra Italia, industrial y exhibicionista, con pretensiones de transformarse en el ombligo del mundo a raíz de sus interminables debates sobre los hechos políticos, sociales y culturales.

“El neorrealismo sigue siendo un problema sin resolver, un peso enorme, casi insoportable, que continúa abrumando a críticos y cineastas. De esta época heroica de la inmediata posguerra se ha pasado al “neorrealismo rosa” y, por último, a la “comedia italiana”, que no es más que una danza macabra en torno a la tumba del neorrealismo.

La escena de Roma, ciudad abierta, en la que Aldo Fabrizi aturde de un sartenazo en la cabeza a un personaje para que a este no lo descubra un soldado alemán, es un ejemplo sublime de comedia a la italiana, a pesar de que Rossellini no la llamara así. “Lo que vino después no logró alcanzar tal estado de perfección.” decía en algún momento el cineasta.

La década el 60, son años de films-ensayo, donde el espectador es el último destinatario de temáticas contaminadas por el teatro experimental y la improvisación.

El año de gracia es 1970. Si en “Antes de la revolución” Bertolucci empezaba a alejarse de sus orígenes, con “La estrategia de la araña” basado en “Tema del traidor y el héroe” de Borges los recuerdos del pasado se manifiestan de otra manera. Ya no son necesarios los films-ensayo ni la declamación de los conocimientos teóricos aprendidos durante la estadía en el Living. En esta obra maestra surge el Bertolucci de raíces operísticas: planos secuencia interminables, extraordinaria utilización de la totalidad del cuadro, influencias del cinéma-vérité.

El director vuelve a su pasado -en realidad, nunca se despedirá de su cine- cometiendo un nuevo parricidio: es imposible volver atrás y solo la memoria será útil como catarsis y expiación, que darán lugar posteriormente a sus grandes obras “El último tango en Paris”, Novecento” “El último emperador”, “El pequeño Buda”, entre otras, grandes obras maestras.

Megalómano e individualista, director de obras maestras y films menores, politizado y despolitizado a la vez, referente clave de los sesenta y setenta, provocador y polémico, con películas de bajo presupuesto y obras monumentales, hay que agradecer que Bertolucci siga trabajando aunque no filme hace mucho tiempo haciendo películas.

Galardonado en 2007 con el León de Oro a toda una carrera del Festival de Venecia, Bertolucci se agazapó detrásde la cámara y desde entonces está abocado al cine 3D.

Ya no será posible, como él creía allá lejos y hace tiempo, una revolución desde el lente de la cámara, pero las equilibradas imágenes de “Cautivos del amor” o las desafiantes imágnes de “Soñadores”, su última película comprueban que Bertolucci aún tiene bastante para hacer y decir.

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