DEI VID

Humanidades Por
Pasó a la historia como la epopeya del débil venciendo al más fuerte con el arma más poderosa: la inteligencia.
david_goliath
david_goliath

Se cuenta que David era solo un pastor inofensivo que cansado de la prepotencia de Goliat, cierto día, y a la vista de todos, según se narra, decidió enfrentarlo para terminar de una buena vez y para siempre, con la ignominia de sentirse vejado y abusado por el gigante. La reseña es escueta, pero ha plagado páginas y páginas de alabanzas para ese pequeñín que termina matando de un hondazo certero, en el medio de la frente, al temible monstruo.

Es probable que no sea más que una fantasía épica, de las tantas que contienen los libros sagrados de todas las culturas, modificadas apenas por el lugar y los nombres, pero que acaba convirtiéndose en un faro que guía a los desvalidos del mundo que arrastran sus pies cansados por una tierra árida y existencialista. Una fantasía que la religión decodifica a su manera, que la filosofía argumenta con ahínco, que el psicoanálisis descifra y resignifica como un sueño, y que los textos de superación personal o autoayuda le hincan el diente para que abandones tu miserable miedo y te enfrentes a los actos cotidianos con tesón y valentía, como si una gomera fuera a salvarte de morir acribillado en cualquier esquina.

Lo increíble de este suceso es que se ha colado como ejemplo para hacer frente a cualquier situación de la vida cotidiana, como el caso de Don Quijote con sus molinos de viento, haciéndote sentir más miserable que el mismísimo David. Ahí están las multinacionales que se te ocurran en esta modernidad liquida, como dice el sociólogo. Multinacionales de prensa, de teléfonos móviles, de teléfonos fijos, de empresarios, del narcotráfico, de los medicamentos, de la industria armamentista, incluso de los gobiernos, el poder legislativo, el judicial, y de un tiempo a esta parte multinacionales del sindicalismo, y de los violentos que controlan el fútbol y otros deportes, donde la mandanga y el dinero desvirtúan el juego, y te hacen sentir nimio respecto a su gigantismo.

Goliat ha tenido mala prensa y la anécdota seguro la contó David de boca en boca, agrandándola cada vez que la relataba. Goliat podría bien ser uno de los tantos con “capacidades diferentes” al que, una vez boleteado, le armaron una historia deleznable, y un prontuario, acorde a las circunstancias. Los gigantes multinacionales nunca tuvieron en cuenta la veracidad de su currículum, ni nunca les ha importado la calaña de su prontuario. Y en esto me suena que la historia trastocó los nombres, y falsificó el relato. Fue Goliat el que le quitó la gomera a David, lo azotó hasta domesticarlo, lo dejó hecho una piltrafa, y le indicó que vaya por ahí contando como él, un noble pastor había matado a Goliat de esta y esta otra manera, mientras Goliat se retiraba a su cueva, pasaba al anonimato, y desde su cuartel central, planificó la manera más sutil de derrumbar las ínfulas de los David, y domesticarlos suavemente, dejándoles sólo una fabula con la cual alimentar el peor de los deseos humanos, la esperanza, el sueño infantil que con una honda y un enorme coraje podría vencer cuando se lo propusiese.

Miguel Ángel esculpió en una piedra ese sueño colectivo, y lo hizo con la perfección del deseo humano. Un pastor desnudo, bello, concentrado, con los músculos tensos y el seño fruncido, desnudo y con su honda al hombro y la piedra en su mano. La imagen épica del superhombre nietzscheano, capaz de superarse a sí mismo y superar todas las dificultades. Si tuviese la sonrisa irónica y desafiante de “La Gioconda”, nuestro ego hubiese provocado el Big Crunch, porque nada valdría la pena ser vivido, ni nada hubiese superado esa imagen memorable, nadie, ni siquiera cualquiera de los dioses inventados.
Pero nada de eso sucedió. Y acá estamos hoy. Desnudos, saqueados (las multinacionales nos afanaron hasta la honda y el taparrabos), buscando por doquier, no ya la esperanza, sino, al menos un poco de dignidad, murmurando entre dientes que “ya va a ver quién soy ese Goliat cuando encuentre mi honda”, mientras este está en su reducto, observando a través del vidrio, y preguntándose desalentado, como ese tonto de David no se da cuenta que, en vez de andar buscando su honda, como no se fabrica otra.

No tiene tiempo para pensar. Está frente al espejo oropelándose para cuando llegue el momento y tener la prestancia del David de Miguel Ángel. Mientras tanto Goliat tararea “si el perro es manso come la bazofia y no dice nada; le cuentan las costillas con un palo, a carcajadas”.

Te puede interesar

google-site-verification: google5fe333d7a5080da2.html