La amoralidad del posmodernismo

El posmodernismo está dejando huellas en las costumbres de las distintas sociedades. El sociólogo Zygmunt Bauman llama a esas costumbres como “Ceguera moral” en su libro.
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En la publicación del último libro del famoso sociólogo polaco, llamado Zygmunt Bauman, se sostiene desde el título “Ceguera moral” la idea de que en el mundo se está acabando la sensibilidad moral y que su deterioro es progresivo, convirtiéndose en característica de nuestro tiempo.

En su libro, el sociólogo, intenta identificar lo que está pasando en el mundo con un neologismo de raíz griega: “adiáfora”, aludiendo al hecho de “situar ciertos actos o categorías de los seres humanos fuera del universo de evaluaciones y obligaciones morales”. Es decir según este concepto la moral no existe para ciertos campos del quehacer, del comportamiento humano.

Lo curioso y notorio es que centra en ese campo a los actores de acción que actúan en la política, que, ignoran y prescinden de todo compromiso moral. Pueden hacer lo que quieran y les convenga a sus intereses egoístas, sin que se les ocurra que otros intervengan, para poner orden y sanción a sus comportamientos corruptos.

Es evidente que la amoralidad reinante en el mundo de la política es general y no se restringe unicamente al territorio argentino, sin embargo parecería que Zygmunt Bauman estuvo visitando nuestro país, observando a muchos de nuestros políticos, funcionarios y delincuentes para inspirarse y escribir sobre la ceguera moral.

Un dato a destacar que se desprende del texto es que la ceguera no está solamente en los ojos morales de los actores, sino que estaría contagiándose a toda la sociedad, que contempla pasiva y permisivamente la corrupción y nada hace para impedirla, (vemos el caso del vicepresidente argentino, procesado en varias causas y defendido por sus colegas, o de Berlusconi en Italia reeligido luego de su condena), incluso es tanta la ceguera que a la hora de las elecciones para ocupar cargos la sociedad no es capaz de ver que vuelve a elegir a los mismos corruptos que la estafaron en su buena fe.

Como escribe en su libro Bauman, la sociedad parece estar embotada, parece haber perdido la sensibilidad moral y le resta importancia a los hechos corruptos, tomándolos de manera natural como un pequeño paso en falso.

La diáfora implica una actitud de indiferencia a lo que acontece en el mundo, un entumecimiento moral de la sociedad que no logra despertar del adormecimiento mental.

sygmunt bauman

Sygmunt Bauman

Esa sensibilidad embotada se realimenta con el comportamiento que está adquiriendo la sociedad en sus hábitos cotidianos que significan una perdida de valores que se filtran de vicios por el acostumbramiento de lo diario.

El pagarle a un agente para evitar una multa, el adelantamiento en una cola de banco o supermercado, la falta de sensibilidad en un transporte público para con los mayores, la falta de escrúpulos para sobornar a personal de una empresa para conseguir un cliente, son síntomas de que las sociedades están en un llano declinante en la constitución de sus valores morales.

La sociedad está bombardeada por constantes estímulos nefastos o malos ejemplos que nuestra sensibilidad termina acostumbrándose a que los valores pequeños no hacen a un valor moral más amplio y es así como va corroyéndose.

La alarma encendida en el libro de Bauman es la continuidad de la idea de Gilles Lipovetsky, cuando escribió el libro: “El crepúsculo del deber”. en el cual se hace notar cómo el “deber” generador de virtud, a partir de la posmodernidad queda relegado por el placer en la búsqueda de la felicidad individual.

La falta de escrúpulos, la mirada de soslayo a actitudes viciadas de transparencia es producto del consumismo que nos lleva a querer adquirir más de lo necesario para alimento del hedonismo y del egoismosin importar cual sea el medio para beneficiarse con el bien adquirido.

La moral, la ética, las buenas costumbres se debilitaron tanto que ya ni las vemos, Por eso la ceguera a la amoralidad se ha extendido desde la política a la sociedad y viceversa prescindiendo de todo tipo de valores.

Parecería ser como que ser moral y tener ética es cosa del pasado. Como plantea el texto transita por el camino que limita entre el miedo y la indiferencia. Miedo, porque la gente sin querer quedar fuera del grupo hace lo que fuere para permanecer en él, e indiferencia porque ese “hacer cualquier cosa” es moneda corriente que ya nadie crítica.

Las normas del deber nos resultan rígidas, la virtud es cosa del pasado, lo que importa es el placer personal vivido en el individualismo.

La crisis ética del posmodernismo no comenzó ahora y tampoco terminará pronto, para lamento de los que buscamos comportarnos socialmente bien tendremos que esperar que cambie el paradigma de esta época que está signada por el hedonismo consumista que masivamente ha sumido al individuo a ser un ser social solitario, hipercomunicado, y ávido de una hipermodernidad que no le pone límites a su ambición de tener y por ende desdibuja los límites de los valores morales para llegar a ello.

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