Mil veces Buenas Noches, los mil riesgos de cerrar los ojos

Humanidades 10/06/2017 Por
Reflexiones en torno a la película “Mil Veces Buenas Noches” del Director y guionista Erik Poppe, quien dijo: “Lo más difícil que muestra este film es la vuelta a casa, porque el trabajo más duro del mundo es el que te encuentras en casa”
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“¿Usted hace periodismo para salvar el mundo?”, y yo dije, como siempre digo, que no, que no lo hago para salvar a nadie sino para tratar de entender la época en que vivimos”
Leila Guerreiro, El Monstruo, El País, 22/6/2015

Rebecca, una famosa fotógrafa de conflictos sociales violentos, luego de ser herida en un atentado, retorna a su hogar para encontrarse con los conflictos que su vocación provoca en su familia (Marcus, su esposo y dos pequeñas hijas).
El título de la Película: Mil Veces Buenas Noches.

“Mis noches son mil veces malas cuando me falta tu luz”
(Romeo y Julieta, Shakespeare)

La expresión Mil veces buenas noches, proviene de un diálogo de Romeo y Julieta (Shakespeare). Mientras Julieta dice “La separación es tan dulce pena, que diré “buenas noches” hasta que amanezca. Mil veces buenas noches…”, Romeo le contesta “Mis noches son mil veces malas cuando me falta tu luz”. En el filme, tal como dice su Erik Poppe, su protagonista Rebecca “a menudo debe desear buenas noches a sus hijas por teléfono o por Skype porque su profesión la lleva lejos a zonas peligrosas. Son buenas noches, despedidas que pueden convertirse en definitivas”.

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Esa Simplicidad con que solemos ver el mundo…

Hacer una fotografía, vincularse emocionalmente con el horror de la guerra a través del objetivo de la cámara, publicarla, esperar y ver cómo occidente está más interesado en los nuevos zapatos de Paris Hilton. Al mismo tiempo, ser incapaz de negar a tu familia una cotidianidad basada en la seguridad, llena de actividades insustanciales y en parte estúpidas comparadas con lo que está pasando en la otra cara del mundo”.
MMarGallardo,

Toda película así sea una comedia, presenta un caso dado por situaciones de conflicto, que permite abrir preguntas para dialogar sobre las propuestas que presenta. “Mil veces buenas noches”, trata de situaciones donde nos replanteamos lo que con santa simplicidad, damos por cierto sobre cómo funcionamos y decidimos en el mundo. En este sentido, hay una santa simplicidad con que abordamos muchas cosas importantes. Esta expresión la acuñó Huss, Rector de la Universidad de Praga, cuando vio que una anciana indigente aportaba su atado de leña a la hoguera con que la Inquisición lo iba a quemar. La película nos invita a considerar que si bien simplificar es un talento (la famosa navaja de Occkam que propone no multiplicar explicaciones donde lo sencillo explica), el simplismo, la simplicidad ingenua mas si lo es ante las propuestas del poder, forma una incapacidad. Y como toda incapacidad, la santa simplicidad puede afectar muchos universos. Mil veces buenas noches, pone su mirada sobre algunas de los mil mundos donde aquella anida (el hogar, el amor y sus elecciones, el dialogo, lo patriarcal, nuestra sociedad, las corazas y pinzas con que nos defendemos y agredimos). Veámoslas:

El hogar

Lo mas difícil que muestra este film es la vuelta a casa, porque el trabajo más duro del mundo es el que te encuentras en casa.”
Erik Poppe

La película desde su inicio rompe con la idealización del retorno al hogar como llegada a un lugar de paz. Muestra que las idealizaciones suelen ocultar que en última instancia hacemos lo que podemos como podemos con lo que tenemos. Y que muchas veces, eso que llamamos “lo que hay”, no siempre puede ni sabe recibir con brazos abiertos lo que somos y lo que traemos. En este sentido la película nos invita a salir de las miradas simplistas sobre el hogar. Su mensaje puede resumirse en que si construir un hogar no es fácil y mucho más complejo es hacer del mundo un hogar para todos. Y sin embargo los líderes políticos y religiosos parecen tan hacerlo tan sencillo y simplista con sus discursos…

Las elecciones del amor

Adivina si puedes, elige si te atreves”.
Pierre Corneille

El amor puede parecer que hace fáciles las decisiones, mas el director de la película, nos dice que busca mostrar en una película de amor (de amor a la familia, al trabajo, a lo que cada uno considera su misión en la vida); que es difícil conciliar todas las cosas, que el amor suele acabar siendo un dilema doloroso, que cansa tener que escoger, que la vida que es compleja y al fin y al cabo, solo deseamos seguir vivos.

El diálogo

Ante el desmantelamiento de lo instituido se instituye un orden brutal de supervivencia”.
Daniel Korinfeld Nosotros los zombies, Página12, 5/12/13

En el filme Rebecca, luego de resultar herida mientras trabajaba como fotoperiodista de guerra, espera hallar de paz regresando a su hogar. Pero se encuentra con un conflicto familiar con situaciones de extenuación, cansancio y dolor, donde emerge la agresividad por encima del diálogo, al igual que ocurre en las zonas violentas de donde viene. Y esto lleva a otro tema: hablar del diálogo es fácil, mas el diálogo está entre lo primero que cae cuando estamos extenuados. ¿Hasta qué punto podemos sostener el diálogo en situaciones extenuantes? En la película, Rebecca vuelve de zonas extenuadas por la violencia y los fracasos sociales; para encontrarse con Marcus, un esposo extenuado por las ausencias de ella, los peligros y el dolor que todo eso causa en sus hijas. ¿Cómo se maneja Marcus ante esa situación? Presiona y manipula a su esposa para que deje su profesión. No abre espacios al diálogo, es mas reactivo que proactivo (tal como sucede en las sociedades violentas que retrata Rebecca) Extenuación y gestión de los conflictos, no se llevan bien parece decirnos la película. Y es todo un tema, en tanto las cosas sean como las muestra el filme, dadas por un mundo donde se esfuman los espacios de refugio, encuentro y recuperación; donde con suerte, hay espacios de evasión.

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Lo patriarcal

“No puedo seguir con esta vida” (Marcus, esposo de Rebecca)

El esposo de Rebecca una vez que logra que ella sumisamente deje su profesión, pasa a contentarse con ser el centro de conversaciones tontas en las reuniones con amistades de la pareja, mientras la deja a un costado. Mas unos niños harán ver a Marcus lo aburrido que resulta mientras explica los temas de su especialidad: biología marina. Marcus desea ocupar el centro masculino, mas como en el cuento de Hans Christian Andersen, serán unos niños los que muestran que el Rey está desnudo. Otra escena lo muestra jugando a la orilla del mar, mientras le preocupa más mojarse la ropa que entregarse al momento junto a su esposa. Todo un biólogo marino que le molesta mojarse en el mar. Es un hombre que optando por una vida reposada, se duele que su mundo despierte poco entusiasmo.

Esas escenas son parte de los eslabones que la película enlaza uno tras otro, para formar una situación límite que permite desestructurar la santa simplicidad con que percibimos al sistema patriarcal desde las “3 P” del rol masculino como “productor, protector y proveedor”. Así, la película muestra a hombres que no vacilan en ingresar a un campamento para matar mujeres y niños con armas sofisticadas, mientras otros hombres ven indiferentes cómo las mujeres ejercen su ancestrales menesteres de llorar, rezar y atender a lo que les agregan someterlas a condición zombi/bomba. Son hombres que en el momento final, se limitarán a llevar la mujer elegida, en una camioneta hacia su destino final donde se detonará en mercados llenos de otras mujeres, niñas y niños. Mientras, Marcus aparece como un padre cuya potestad se limita echar violentamente de la casa a la madre acusándola de descuidar a su hija por sacar fotos de un ataque violento (pese a que la dejó bajo el resguardo de un adulto).
Estallan las mujeres y niñas terroristas impulsadas por sus hombres, estallan sus víctimas, estalla el padre de familia, ¿estalla el patriarcado desde su fuerza o desde su debilidad? Preguntas que hace la película a nuestra santa simplicidad.

La sociedad

“…Pero a la gente le interesaba más la noticia de que París Hilton se había bajado sin bragas de un coche que lo que estaba pasando en el mundo” (Rebecca)


Rebecca sale de las violentas calles de Kabul y Kenia, para regresar a su cultura. Lleva un mensaje, “vean lo que pasa allá…”, y como “nada humano nos es ajeno”, es una forma de decir que “lo que pasa allá, podría pasar acá…” Mas esos planteos parecen no interesar a sus destinatarios. Se encuentra con las dificultades naturales que tenemos para captar la complejidad que alcanzó nuestro mundo, inmerso como está en luchas por el poder que lo interrelacionan y complejizan en forma creciente, mientras los líderes hacen todo lo posible para fomentar miradas simplistas (la escena donde censuran las fotos que toma Rebecca, es paradigmática). Rebecca poco a poco se irá encontrando con lo que Martha Gellhorn (periodista, corresponsal de guerra, escritora, tercera esposa de Hemingway) descubrió: “poco a poco me di cuenta de que la gente se traga más fácilmente mentiras que verdad, como si el sabor de la mentira fuera acogedor, apetitoso: un hábito”.

En este sentido, tal dice la corresponsal de guerra italiana Francesca Borri, "“somos un fracaso, el mundo instintivamente, describe lo que ocurre por tomar el caso en Siria como “ese manicomio” “ese caos” “ese despelote"”, porque nadie entiende nada, sólo sangre, sangre, sangre…” (1). Y sin embargo, opinamos, actuamos y votamos a líderes que tendrán de un modo u otro incidencia en esas cuestiones de un mundo interrelacionado, con la santa simplicidad de quienes reducen su mirada a los conflictos que se presentan entre quienes participan en un Gran Hermano guionado para la tele.

Las corazas y las pinzas con que nos defendemos.

“El progreso, en resumen, ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal.”

Zygmunt Bauman

El inicio de la película nos pone ante una tumba en Kabul donde yace una mujer preparándose para emerger con destino de bomba humana. Cuando surge de allí, evoca las palabras de George Bataille: “Un cadáver no es nada, pero está marcado de entrada por el signo de la Nada”. No está muerta aún, pero ya está marcada por el signo de la Nada, su mirada vacía lo dice, es una especie de zombi, de muerta viva.

No es casual que los zombis se han transformado en metáfora utilizada por numerosos artículos académicos para explicar aspectos importantes del mundo actual (así “Antropofagia zombie” de Suely Rolnik; “Órganos sin cuerpo” de Zizek; “Filosofía zombi” de Jorge Fernández Gonzalo). En un

contexto así, que bien puede considerase atenazado, las pinzas de los cangrejos se transforman en una metáfora de lo que sucede. Cuando el marido de Rebecca explica a unos niños la diferencia de los cangrejos por sus pinzas, causada por sus adaptaciones al medio ambiente, plantea un tema de santa simplicidad evolutiva: “caparazón y pinzas para sobrevivir”. Pero allí por donde se quedaron los cangrejos, necesitamos comenzar a preguntarnos ¿estamos generando contextos en los que la adaptación para sobrevivir proviene de contar con caparazones y pinzas cada vez más poderosas? ¿No consiste en eso el plano salvaje del mundo que creemos haber superado con nuestras civilizaciones? ¿A esos estadios de vida queremos regresar?

Evolucionamos desarrollando razón, creatividad y emociones positivas, saliendo de la santa simplicidad primitiva del buen salvaje de Rousseau que no se planteaba ni el bien ni el mal. “Mil Veces Buenas Noches” nos deja ante muchas preguntas, que evaporan esa y toda otra santa simplicidad: ¿Cómo volver a casa con visiones de aspectos horribles del mundo? ¿Cómo vivir y convivir tras percibir los rostros del mal en la humanidad? ¿Cómo volver luego a casa y vivir como si nada? ¿Cómo viven eso sus vínculos? ¿Hay una normalidad a la que volver luego de ello? ¿Cómo posicionarnos cuando quienes nos rodean se evaden mientras los poderosos censuran? ¿Qué hacer ante esas dimensiones donde la humanidad se torna inhumana y nos deja sin palabras? ¿Cómo seguir cuando caen las palabras cuando más se necesita de ellas para volver a ser humanos?

Epílogo: ¿Por quién doblan las campanas?:

Al salir del cine nos puede llegar el eco de las palabras de John Donne, tal como las escucharon nuestros abuelos y padres en 1943 (plena guerra mundial) al ver “Por quién doblan las campanas”: “Nadie es una isla, completo en sí mismo;…La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti” Es que con registrar la muerte no basta, hay que activar la vida, algo que como Rebecca, todos necesitamos llegar a comprender.
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(1)…Francesca Borri agrega: ”e la gente si è messa le mani nei capelli: “Questi siriani, questi arabi, che barbari che sono!”. http://www.asiablog.it/2013/07/12/rischiare-la-vita-per-70-dollari-al-pezzo-francesca-borri-e-la-siria-tra-passione-guerra-e-giornalismo/....”)

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