Sergia Ribeiro, la Bony & Clyde brasileña

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La primera mujer en Brasil en formar parte de una banda de delincuentes crueles que lideraba un tal "Lampiao"
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Sérgia Ribeiro da Silva fue más conocida como Dadá nacida en Belém de São Francisco el 25 de abril de 1915 fue una "cangaceira" una bandolera y la única mujer en tomar las armas en el bando de Virgulino Ferreira da Silva, más conocido como «Lampião».

Cuando era preadolescente fue secuestrada por su primo hermano Cristino Gomes da Silva Cleto más conocido como "Corisco" o "el diablo rubio", quien era el segundo en jerarquía en la banda de Lampiao.

Esa relación de pareja, que comenzara de modo violento, se transformó con el tiempo en una relación de amor y respeto entre ellos. Con una vida nómade, siguiendo a su compañero, y con la llegada de los hijos se transformó en la compañera de Corisco, con quien, llegó a casarse. Tuvieron siete hijos, que eran ocultados dejándolos en casas de parientes, para ser cuidados, de los cuales apenas tres sobrevivieron.

La banda de Lampíão se dividía como forma de defensa en bandos menores. El más importante, justamente era el que lideraba Corisco quien había provisto a su esposa de un arma, que usaba para su defensa personal, y también le enseñó a leer, escribir y a contar.

En uno de los ataques hechos por la banda (en octubre de 1939, en la «Hacienda Lagoa da Serra» en Sergipe), el Diablo rubio fue malherido en ambas manos, perdiendo absolutamente la capacidad de tirar. Entonces Dadá, se convirtió en la primera y única mujer en tomar parte activa en las luchas de los malvivientes.

La banda de Lampião fue la banda de delincuentes más famosa del nordeste brasileño en el siglo XX, en la que participó “María Bonita”, como se la conocía también a Sergia. Estaban acampando en la hacienda Angicos el 27 de julio de 1938, situada en el desierto de Sergipe, cuando por el dato de
un traidor la madrugada del día 28 de julio, un grupo de policías portando ametralladoras, llegó al local y comenzó a disparar. El ataque no duró más de 20 minutos que alcanzaron para que murieran casi todos.

La policía para demostrar que la banda había sido abatida no tuvo mejor idea que degollar a todos los integrantes y difundir la foto en los medios de la época. En 1938, Liampiao fue ejecutado por la policía y Corisco, que estaba en Alagoas con parte de la banda, emprendió una feroz venganza. Al ver como sus compañeros eran decapitados, y sus cabezas desmembradas expuestas en el Museo Nina Rodrigues de criminología, en la capital baiana, Corisco también les cortaba las extremidades a muchas víctimas.

La organización de Cangaceiros languidecía, sobre todo por la enorme disparidad del armamento: las policía tenían un arma que los cangaceiros nunca consiguieron obtener, como fue la ametralladora. Además, la propia Justicia comenzó a ofrecer ventajas para los bandoleros que se rindiesen.

El 25 de mayo de 1940, Corisco y su banda fue cercado en Brotas de Macaúbas, por un comando al mando del teniente Zé Rufino. La banda abandonó sus vestimentas típicas, procurando pasar por simples vecinos pero, en un enfrentamiento, una ráfaga de ametralladora hirió mortalmente a Corisco. Y Dadá fue herida en la pierna derecha.

Así, el último líder de los Cangaceiros murió diez horas después del ataque y fue enterrado en Jeremoabo. Pero luego de diez días, se exhumó el cadaver y la cabeza decapitada fue enviada al Museo, junto con las demás de la banda.

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