Conversaciones entre Nooteboom y Safranski

Literatura 20/06/2017 Por
De los libros crecen amistades. El escritor holandés y el filósofo alemán se conocieron a través de sus libros, en un Berlín todavía dividido. Esta es su historia.
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Rüdiger Safranski (Rottweil, Baden-Württemberg, 1945) es famoso por sus trabajos sobre Schiller, E.T.A. Hoffmann, Schopenhauer, Nietzsche, Rousseau y Heidegger. / Fotos: Hay Festival Cees Nooteboom (La Haya, 1933) es poeta, novelista, ensayista, traductor e hispanista.

Un día de 1962, cuando Rüdiger Safranski tenía diecisiete años, encontró una “novela mágica”, dice él. Era El paraíso está aquí al lado (1958), del holandés Cees Nooteboom, y quedó fascinado. La novela es acerca de un hombre joven, amante de la poesía, que se va de viaje en carro por toda Europa y conoce a una muchacha en Francia. Tienen una historia de amor, corta pero profunda, y luego se separan. Es un libro muy romántico y su lector, en plena juventud, lo consideraba el libro más inspirador y más cercano a él y a su vida. De ahí en adelante lo leyó por lo menos una vez al año por varios años.

Pero nunca volvió a saber nada del autor. No sabía si seguía escribiendo o si aún vivía. En 1988, estando en Berlín, su esposa le dijo: “¿Te acuerdas de ese libro viejo que me leíste alguna vez y que antes se lo leíste a todas tus novias? Su autor va a estar leyendo una de sus novelas en una librería cercana”. Esa noche llevó su libro viejo consigo y Nooteboom leyó Rituales (1980).

Nooteboom, por supuesto, no se imaginaba que un filósofo alemán hubiera leído su novela, pues por esa época Alemania y Holanda no eran naciones amigas y por eso sus libros tenían muy poco éxito en ese país. “Allí, sólo este lector, creo yo”, dice Nooteboom, y cuenta que esa misma noche de la que habla Safranski, tras leer Rituales, la librera le ofreció en agradecimiento el libro que quisiera. Él se acercó a una repisa y escogió uno que decía “Schopenhauer” en el lomo. La librera rió, y al preguntarle por qué lo hacía, le respondió: “Es que el autor de ese libro está aquí”.

“El libro obviamente no puede ser de Schopenhauer...”, pensó. La librera señaló a Safranski, Nooteboom se le acercó y le pidió que le firmara el libro. Safranski quedó petrificado. Se lo firmó en silencio y sacó su libro viejo. “¿Cómo es que lo tiene”, preguntó Nooteboom. “Yo pensé que ese libro se había perdido en el tiempo, y en Alemania”, y Safranski respondió: “Por muchos años lo leí y lo releí, se lo leí a mis novias y todavía de vez en cuando vuelvo a él”.

Así empezó su amistad, que todavía sigue. Años más tarde, en 1989, cayó el muro de Berlín. Los dos vivían en la capital alemana en esa época y se veían con frecuencia en un bar de la ciudad. En uno de sus encuentros Nooteboom le dijo a su amigo que quería escribir una novela cuyo personaje principal fuera él: “Lo cambié y lo convertí en personaje. ¡Lo sorprendente es que él me lo haya perdonado!”. Safranski se convirtió en el protagonista de El día de todas las almas (1998).

Cees_Nooteboom  Rüdiger Safranski

De su tiempo en Berlín cuentan que era muy fuerte vivir en una ciudad en la que se sentía todo el tiempo la división ejercida por ese muro “antifascista”, implacable e inamovible, así como permanentemente vigilado. El día de todas las almas habla precisamente de eso. “Cuando llegué a Berlín existían dos Alemanias: una fascista y una moderna. El extremo oriente era comunista y el extremo occidente supuestamente democrático. Era sumamente extraño y complicado, uno siempre se sentía amenazado. Berlín era el centro, pero un centro dividido”, dice Nooteboom, que cuenta también que desde su hotel podía verse, al oriente, el otro lado del muro, a donde no podía entrar, y que por allí cerca también era visible un búnker de Hitler. Pero luego, y mientras ellos seguían juntos en Alemania, los límites fueron demolidos y una parte de la ciudad se abrió ante la otra. De repente podían salir, viajar, ver los desconocidos paisajes y castillos que rodeaban el otro lado de Alemania. “Tú querías hacer algo nuevo, ¡mil cosas! Los demás éramos tímidos. Tú fuiste el que tomó la iniciativa. Querías conocer el mundo porque pensabas que no sabías nada sobre él y que para escribir había que conocerlo”.

Al final, volvieron al libro viejo del principio (porque Safranski parece pensar, escribir y conversar en círculos). Nooteboom no lo escribió pensando que con él iba a convertirse en un escritor, no sabía si quería serlo. Dice que un día, cuando todavía era muy joven, se sentó en una biblioteca con un cuaderno y escribió el primer capítulo. Luego alguien más lo leyó y le dijo que quería mostrárselo a un editor. Le ofrecieron dinero (mucho, para él, en ese entonces) por escribirlo completo. “Entonces lo hice, pero me preguntaba: ¿y ahora qué? ¿Qué sigue? Gente que no conocía quería saber cuándo iba a salir el próximo... ¡Pero yo era un niño, no sabía nada del mundo!”. Entonces Safranski le dice: “Tú viajaste y yo me sumergí en la filosofía, y ahora estamos tú y yo, conversando de nuevo”. En Surinam volvieron las preguntas y la crisis para Nooteboom: “¿Quiero ser escritor? ¿Es esta una vida posible? Como dice Thomas Mann, ‘hubiera podido vivir mejor que escribir’. Pero así resultaron las cosas. Tenía mil vidas y escogí sólo una”.

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