Un cuarto de siglo sin Ástor

Los amantes de la "música ciudadana" como le gustaba etiquetar a Piazzolla a su música sufren por estos días la conmemoración de los 25 años de su muerte.
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A 25 años de la muerte del bandoneonista y compositor Astor Piazzolla se impone una realidad: hoy en día no existe compositor de tango, rock o jazz que no esté influenciado por su música. Las opiniones son muy diversas pero lo cierto es que no se puede evitar acudir a su referencia.

Su música cruzó el universo de lo erudito y lo popular para darle forma al sonido futurista del tango. Ástor Pantaleón Piazzolla , nacido el 11 de marzo de 1921, en Mar del Plata, dejó un legado cercano a las mil obras, que resultan un testamento al que músicos de distintas generaciones y géneros acuden con frecuencia para captar el sonido contemporáneo de Buenos Aires. 

Su legado trasciende un género, ya no es el tanguero de sus comienzos, tampoco es jazzero nato y el ambiente del rock lo idolatró como un creativo e innovador sin precedentes. Su pericia compositiva y la amplitud de su enfoque prevalecieron por afirmarse en ese lenguaje popular y local que tan bien conocía a pesar de su crianza neoyorquina. Esa mezcla rara que tan bien sonaba él mismo la etiquetaba como "Música ciudadana" porque no se encontraba etiquetas para la genialidad que componía.  Piazzolla impregnó al tango de una estética más rica y compleja, con un estilo muy particular y poderoso que combinó elementos nuevos de sus formación jazzera con el pulso natural del género que dominaba.

Esa nueva configuración de música lo llevó a polemizar con los tangueros tradicionales, que lo tildaban como "un loco que no hace tango", a su paso fueron quedando grandes himnos cantados como "Balada para un loco" con letra de Horacio Ferrer, como "Adiós Nonino", "Libertango" y la primera Opera-tango del mundo "María de Buenos Aires".

Su inserción en el medio tanguero de Buenos Aires comenzó en 1938, precisamente la época en que el tango despertaba aceleradamente de su relativo letargo, iniciado alrededor de 1930. La relación de Astor Piazzolla con ese medio fue complicada, mezcla de amor y desprecio, de admiración y resquemor. Pero su lucha, que era la de un artista tan dotado como innovador, contra la mediocridad y el conservadurismo, la libró desde el interior del tango, con profundas raíces en él, tocando con orquestas ajenas o propias en palcos de café o en oscuros clubes suburbanos. Este barro ya no lo tienen en sus botas los postpiazzollanos.

El ímpetu renovador de Astor comenzó a desplegarse en 1944, cuando abandonó a Troilo para dirigir la orquesta que debía acompañar al cantor Francisco Fiorentino. Aquella fue la extraordinaria conjunción de un vocalista enormemente popular y un músico de talento único. Quedaron de ese binomio 24 temas grabados, con versiones descollantes (los tangos “Nos encontramos al pasar”, “Viejo ciego” y “Volvió una noche”, entre otros). La serie incluye los dos primeros instrumentales registrados por Piazzolla: los tangos “La chiflada” y “Color de rosa”.

Se trasladó en 1954 a Francia, becado por el Conservatorio de París, pero la musicóloga Nadia Boulanger lo persuadió de desarrollar su arte a partir de lo que le era más propio: el tango y el bandoneón.

De regreso en la Argentina, Piazzolla se desplegaría en dos direcciones. Por un lado, la orquesta de bandoneón y cuerdas, con la que dio a conocer una nueva generación de tangos propios, de actitud ya rupturista, como “Tres minutos con la realidad”, “Tango del ángel” y “Melancólico Buenos Aires”. Y por otro su repertorio incluía por entonces también tangos tradicionales de diferentes músicos, como “Negracha” (Pugliese), “Del bajo fondo”

Luego de un breve paso por New York, al retornar a Buenos Aires en 1960 creó otro de los conjuntos fundamentales de su trayectoria: el Quinteto Nuevo Tango (bandoneón, piano, violín, guitarra eléctrica y contrabajo), que causó furor en ciertas franjas de público, entre ellas el universitario.

En 1979, de nuevo con su quinteto, presentó “Escualo”, entre otros temas. A lo largo de aquellos años y los siguientes, Astor unió su talento al de artistas de diversos orígenes, como George Moustaki (para quien compuso los bellísimos temas “Hacer esta canción” y “La memoria”), Gerry Mulligan y Gary Burton. Entre otras variadas performances, el disco recogió una apoteótica actuación del quinteto en 1987 en el Central Park de Nueva York.

Astor Piazzolla tenía 71 años cuando falleció, tras las secuelas producidas por una severa trombosis cerebral que lo tuvo en coma a lo largo de dos años, pero su música seguirá por siempre sonando y ya no generando polémicas porque éstas se acabaron cuando la genialidad fue reconocida en el mundo entero. Un cuarto de siglo sin nuevas composiciones de las suyas podrían equivaler a una eternidad en silencio, pero por suerte nos dejó grabado todo lo que compuso.

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