Nobel de poesía...

De la totalidad de Premios Nobeles otorgados existe casi un 30% a poetas. Le mostramos a quienes y algunas de sus poesías.
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¿Cómo se elige el Nobel? 18 académicos suecos proponen y recogen propuestas de otros ganadores y otras academias. Tras un primer corte, profesores ilustres y otros escritores reducen a 20 a la lista y, a finales de mayo, solo a 5. Durante el verano, los académicos estudian y elaboran un informe de los candidatos para debatirlo posteriormente. Aunque sea parcial, imperfecto y escorado hacia lo escandinavo, es completamente hermético. De hecho, la lista de nominados de cada año no se publica hasta 50 años después.

Así es como desde 1895 y con algunas interrupciones se elije el premio más prestigioso de la literatura universal y que ha dado como resultado que un poco más del 30 por ciento de todos ganadores hasta la fecha sean poetas. Es decir según la mimsa academia sueca: 77 de los premiados fueron reconocidos por su prosa, 33 por su poesía, 14 por su dramaturgia, 3 por su filosofía o ensayos y 2 como historiadores, más la poesía o letras del músico Bob Dylan.

La lista de poetas es grande considerando que ya han pasado más de un siglo entregando el premio, pero algunos de los más destacados o reconocidos poetas son, Sully-Prudhomme, francés en 1901; Björnstjerne Björnson Noruego en 1903; Rabindranath Tagore, bengalí en 1913; Karl Adolph Gjellerup, danés en 1917; George Bernard Shaw, inglés en 1925; Gabriela Mistral, chilena en 1945, T. S. Eliot, inglés en 1948; Juan Ramón Jiménez, español en 1956; Slvatore Quasimodo, italiano en 1959; Pablo Neruda, chileno en 1971; Eugenio Montale, italiano en 1975, Derek Walcott, inglés en 1992; Wisława Szymborska, polaca en 1996; y Tomas Tranströmer, sueco en 2011; Si se considera a Bob Dylan como poeta  y no como letrista, entonces habrá sido el último de la lista.

Poesía Nobel:

Reciprocidad

Wislawa Szymborska

Hay catálogos de catálogos.
Hay poemas sobre poemas.
Hay obras sobre actores representadas por actores.
Cartas motivadas por cartas.
Palabras que sirven para explicar palabras.
Cerebros ocupados en estudiar el cerebro.
Hay tristezas contagiosas al igual que la risa.
Hay papeles que provienen de legajos de papeles.
Miradas vistas.
Casos declinados por caso.
Grandes ríos con gran participación de otros pequeños.
Bosques hasta sus bordes desbordados de bosque.
Máquinas destinadas a construir máquinas.
Sueños que de repente nos arrancan el sueño.
Salud necesaria para recuperar la salud.
Escaleras tan hacia abajo como hacia arriba.
Gafas para buscar gafas.
Inspiración y espiración de la respiración.
Y ojalá de vez en cuando
odio al odio.
Porque a fin de cuentas
lo que hay es ignorancia de la ignorancia
y manos ocupadas en lavarse las manos

Apogeo del apio

Pablo Neruda

Del centro puro que los ruidos nunca
atravesaron, de la intacta cera,
salen claros relámpagos lineales,
palomas con destino de volutas,
hacia tardías calles con olor
a sombra y a pescado.

Son las venas del apio! Son la espuma, la risa,
los sombreros del apio!
Son los signos del apio, su sabor
de luciérnaga, sus mapas
de color inundado,
y cae su cabeza de ángel verde,
y sus delgados rizos se congojan,
y entran los pies del apio en los mercados
de la mañana herida, entre sollozos,
y se cierran las puertas a su paso,
y los dulces caballos se arrodillan.

Sus pies cortados van, sus ojos verdes
van derramados, para siempre hundidos
en ellos los secretos y las gotas:
los túneles del mar de donde emergen,
las escaleras que el apio aconseja,
las desdichadas sombras sumergidas,
las determinaciones en el centro del aire,
los besos en el fondo de las piedras.

A medianoche, con manos mojadas,
alguien golpea mi puerta en la niebla,
y oigo la voz del apio, voz profunda,
áspera voz de viento encarcelado,
se queja herido de aguas y raíces,
hunde en mi cama sus amargos rayos,
y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho
buscándome la boca del corazón ahogado.

Qué quieres, huésped de corsé quebradizo,
en mis habitaciones funerales?
Qué ámbito destrozado te rodea?
Fibras de oscuridad y luz llorando,
ribetes ciegos, energías crespas,
río de vida y hebras esenciales,
verdes ramas de sol acariciado,
aquí estoy, en la noche, escuchando secretos,
desvelos, soledades,
y entráis, en medio de la niebla hundida,
hasta crecer en mí, hasta comunicarme
la luz oscura y la rosa de la tierra.

Elegía

Tomas Transtomer

Abro la primera puerta.
Es una gran habitación soleada.
Un camión pasa por la calle
y hace vibrar la porcelana.

Abro la puerta número dos.
¡Amigos! Vosotros bebisteis la oscuridad
y os hicisteis visibles.

Puerta número tres. Una estrecha habitación de hotel.
Vistas a un callejón.
Un farol que reluce en el asfalto.
El hermoso residuo de las experiencias.

A mí, peregrino

Salvatores Quasimodo

He aquí que vuelvo a la tranquila plaza:
en tu balcón oscila solitaria
la bandera de fiesta ya pasada.
-Regresa -digo. Mas sólo a la edad
que anhela sortilegios burló el eco
de las cuevas de piedra abandonadas.
¡Cuánto ha que no responde lo invisible
si llamo como antaño en el silencio!
Tú ya no estás aquí ni tu saludo
llega a mí, peregrino. Nunca dos
veces el gozo se revela. Extrema
luz sobre el pino que recuerda el mar.
Vana también la imagen de las aguas.

Nuestra tierra está lejos, en el sur,
de luto y lágrimas caliente. allí,
hablan, con negros chales
mujeres de la muerte a media voz,
en la puerta de la casa.

Regalo de amante

Rabindranath Tagore

Anoche, en el jardín, te ofrecí el vino espumeante
de mi juventud. Tu te llevaste la copa a los labios,
cerraste los ojos y sonreíste;
y mientras, yo alcé tu velo, solté tus trenzas y traje sobre mi pecho tu cara dulcemente silenciosa; anoche,
cuando el sueño de la luna rebosó el mundo del dormir.

Hoy, en la calma, refrescada de rocío, del alba, tú vas camino del templo de Dios, bañada y vestida de blanco,
con un cesto de flores en la mano. Yo, a la sombra del árbol, me aparto inclinando la cabeza; en la calma del alba,
junto al camino solitario del templo.

Estudiantes noruegos felicitan con una procesión al profesor Welhaven

Bjørnstjerne Bjørnson

¡Escúchanos, oh viejo cantante!
¡Las corrientes de tus tonos regresan
tocando tu corazón!
El espíritu de la juventud es su portador,
debajo de tu ventana está su portador
llamado por tu arte.

Ahora los ecos de nuestra alma abundan
en lo alto del azul,
en el azul brillante del sol,
alto, donde tus plateadas notas musicales suenan.

¡Sonríe en tu trabajo ahora aligerado,
tú, que perfeccionaste en el invierno
las semillas para sembrar!
Todo lo que tu valor ha iluminado,
todo lo que tu compasión protegió,
es cultivado ahora;
sobre tus hombros balanceándose,
doblándose alrededor de tus márgenes,
portando tu nombre entre rosas,
alegre el espíritu de tu poesía que porta.

Desde este punto, nuestra vida se está marchando,
las grandes ideas vuelan como banderas
desplegadas para ser vistas.
Uno de los reinos más prósperos
conduce hacia donde el sendero yace:

¡Venía desde ti!
Las runas de nuestro pasado con su advertencia
tallada sobre su eje
nos muestran la primavera que hemos bebido,
guiando nuestras tierras hacia la luz matutina.

Yo no soy

Juan Ramón Jimenez


Soy este
que va a mi lado sin yo verlo; 
que, a veces, voy a ver, 
y que, a veces, olvido. 
El que calla, sereno, cuando hablo, 
el que perdona, dulce, cuando odio, 
el que pasea por donde no estoy, 
el que quedará en pié cuando yo muera. 

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