Homenaje a un grande: Alfredo Alcón

Teatro Bs. As. Por
Un grande de la escena teatral argentina que dejó un vacío irrecuperable.
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Con la humildad que caracteriza a los grandes, Alfredo Alcón siempre que tuvo la oportunidad repitió: “Yo no oigo cuando me dicen maestro”. Es que él tuvo y tendrá la dosis justa de talento, sencillez, grandiosidad y extroversión necesaria para haber triunfado en el mundo de la actuación.

Alfredo Félix Alcón Riesco nació en la localidad de Ciudadela del Partido de Tres de Febrero, Buenos Aires, el 3 de marzo de 1930 y falleció el 11 de abril de 2014.

Su versatilidad lo ha llevado a lo largo de su trayectoria por los más disímiles caminos, interpretando magistralmente roles diferentes desde San Martín, hasta un travesti televisivo pasando por Hamlet, Otelo, Ricardo III y tantos otros demostrando en la diversidad actoral su gran talento.

Basta recordar sólo algunos filmes de su vasta filmografía para entender que la actuación era su esencia. Películas, como “Martín Fierro”, “El Santo de la Espada”, “Los siete locos”, “Nazareno Cruz y el lobo”, “Pubis angelical”, “De eso no se habla” y “El hijo de la novia”, indican la capacidad reinante en su espíritu no se limitaba con ningún personaje que le tocara realizar.

Su carrera no se puede sintetizar en tan pocas líneas, además del teatro también ha tenido un destacado desenvolvimiento en televisión, en series como “Por el nombre de Dios”, “Vulnerables” y “Locas de amor”, entre otras.

Pero sin lugar a dudas su hogar siempre fue el teatro. Allí es precisamente donde se aprecia toda la dimensión de este grande, sobre todo en piezas clásicas, como lo fue en 2009 la puesta en escena de “Rey Lear” de William Shakespeare, bajo la dirección de Rubén Szuchmacher. Esto le ha permitido convertirse en uno de los actores argentinos más premiados, habiendo logrado obtener prestigiosos galardones como el Konex, el García Lorca, el ACE de oro y el Martín Fierro, entre otros.

A pesar de que muchos creen que desde su infancia el pequeño Alfredo se sentía atraído por la actuación, lo cierto es que en varias oportunidades ha confesado que en realidad era un chico tímido, y que las escasas ocasiones en que intentó tomar clases de teatro se dio cuenta que era un pésimo alumno. Hijo de Félix Alcón y Elisa Riesco, recibió el primer golpe de su vida a la edad de 3 años, cuando la muerte de su padre interrumpió su infancia e inocencia.

A partir de aquel momento, Alfredo creció con su madre y sus abuelos, quienes no hacían más que malcriar al pequeño nieto. No obstante, con el correr de los años el pequeño convertido en adolescente comenzó a mostrar su rebeldía, la que a los 14 años lo llevó a abandonar el colegio industrial al que asistía. El motivo fue contundente: quería ingresar en la Escuela de Arte Dramático.

Pero su desilusión llegó pronto, ya que su timidez de adolescente y su introversión hicieron que los profesores del conservatorio lo señalaran como un pésimo actor sin futuro. En realidad estaban equivocados, ya que el destino del Alfredo era ese y no otro. No obstante, pudo finalizar sus estudios en el conservatorio, y poco después consiguió un trabajo en Radio Nacional. Luego de aquello, consiguió su primer papel en una película junto a Mirtha Legrand, titulada “El amor nunca muere”, del año 1955 y bajo la dirección de Luis César Amadori.

Si bien su debut recibió todas las críticas de la prensa, lo cierto es que con los años, aquel actor que los medios señalaban como “un fracaso que imita a la perfección a los muñecos de vitrina”, logró demostrar su talento, y ocupar el privilegiado lugar de ser uno de los más grandes actores argentinos, reconocido incluso a nivel internacional.

A pesar de su gran experiencia y su innegable excelente trayectoria, a pocos días de su muerte Alfredo Alcón confesaba que aún lo embargaba el terror escénico del debut, asegurando que, “Cuando empiezo a trabajar, estoy tan inseguro, que me sobran los brazos”.

Esta grandeza sólo pueden demostrarla aquellos que en sus venas tiene sangre azul y él la tenía porque fue el rey de la actuación.

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