Las alquimias de Stan Brakhage, revisión de “Por un arte de la visión”

Arte 11/07/2017 Por
El libro “Por un arte de la visión”, más que una serie de teorías y reflexiones sobre el arte y su realización con el audiovisual o un manifiesto de reivindicación de una imagen directa socializada por un medio masivo.
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“Esperé que hubiese tiempo para mantener vivas las llamas debajo de la poción mágica. Pero en cambio solo había una serie interminable de hornallas sobre las cuales recalentarse. Los sueños de humo del artista son tan necesarios para su bienestar como el aire que respira”. Stan Brakhage

En el marco de la segunda versión de la Bienal de la Imagen en Movimiento (BIM) en la ciudad de Buenos Aires, realizada el recién pasado noviembre del 2014, y siguiendo la producción de material teórico sobre las artes audiovisuales, el cine y el vídeo experimental, se acaba de publicar en Buenos Aires el cuerpo compilatorio de la obra escrita del cineasta/artista Stan Brakhage, Por un arte de la visión. Escritos Esenciales. Lo que continúa la editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, EDUNTREF, es la construcción de una tradición textual amparada en el marco de la BIM. Es así como en la primera versión del único evento audiovisual enfocado en este tipo de disciplinas en la región, se publicó el libro Cine Expandido de Gene Youngblood, un texto fundamental para todos los que se dedican a lo audiovisual, y que hasta su publicación en 2012, no tenía versión al castellano siendo un libro de 1970. Ahora se continúa con una compilación del prolífico cuerpo textual de Brakhage.

Stan Brakhage (1933- 2003), se le señala como uno de los iniciadores del cine experimental desde mediados del siglo XX, con formación en artes plásticas, tan pronto tuvo la posibilidad de desarrollarse en el área audiovisual, lo hizo, colaborando y completando piezas desde muy temprana edad. Es así como el prolífico Brakhage realizó alrededor de 350 piezas a lo largo de su vida, desde composiciones oníricas con una fuerte relación con la tradición del arte de occidente, hasta la realización de pinturas sobre las mismas cintas, lo que elaboraba un discurso totalmente desprendido de un referente representacional. Sin embargo, su profuso trabajo no sólo se remitió al cine, sino también a generar todo un bagaje textual. Pablo Marín en el ensayo introductorio de la compilación ya señalaba que, “De esta manera, Brakhage escribió y escribió, a lo largo de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, textos personales (cuando no directamente íntimos), en su gran mayoría con destinatarios puntuales, en los cuales daba cuenta de sus propias experiencias y experimentos en el campo del cine (poniendo en palabras la innomibilidad de sus películas) al mismo tiempo que se establecía como uno de los artistas más prolíficos y decidimos a afianzar una tradición cinematográfica alejada del teatro y de la novela y cercana a la música, la pintura y la poesía”.

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Así, Stan Brakhage es uno de los primeros artistas que al cuestionarse una supuesta imposibilidad de ingreso a la disciplina cinematográfica, decide que las herramientas audiovisuales serán su método de trabajo, queriendo sin prejuicios ocupar el rol de cineasta. Para Brakhage los artistas efectivamente no tenían lugar en los estudios cinematográficos, puesto que el uso simplista al que se había reducido el lenguaje audiovisual habían puesto a representar procedimientos provenientes del teatro o la literatura, no generando un campo de acción propio. La pretensiosa misión del artista podía cambiar esto.

Por otro lado, el lenguaje no descriptivo, siguiendo la filmografía de Jean Cocteau, es aquello que para Brakhage abre el camino a una narrativa cinematográfica verdadera, fuera de cualquier convencionalismo, obras donde las palabras y la visualidad puedan cohabitar en una integridad plástica, siguiendo sus declaraciones, propios del collage. Ejemplo de ello podemos verlo en su film Murder Psalm de 1980. Stan Brakhage fue un autor consciente de su genealogía fílmica, siendo para él un progresivo trabajo para alcanzar un grado de experimentalidad que le acomodase. Vemos en sus textos que disfrutó de todas sus etapas de producción, poniendo en valor la orgánica de su obra, que él mismo se encargo de construir. Brakhage intentó durante toda su vida salir de las convenciones formales, técnicas de los procedimientos cinematográficos, puesto cualquier suposición de ellos, era no darle lugar al espacio de experimentación a un arte, que como él señalaba en uno de sus textos, aún está en desarrollo.

La proyección de las subjetividades autorales en un lenguaje de rápido y común acceso, era lograda gracias a una suerte de “disociación perceptiva” que se generaba con el dispositivo de la cámara. Ojo, cuerpo, autor y producto eran estados de producción por sí solos, una composición lograda se alcanzaba gracias a un equilibrio compositivo, donde se tuviera conciencia de las partes involucradas, como se observa en su escritos:

“Sin embargo, durante un momento de perversión, ese instrumento concede la retención de la aventura retiniana del ojo y esta descripción inadecuada de la experiencia, en una de esas el primer acercamiento civilizado a este territorio óptico, el primer movimiento realizado para una potencial colonización. De otra manera, ese caos también debería ser evitado por el hombre. Después de todo, la mente se preocupa. La única forma de conocer estas visiones como un mundo no simplemente pensado es experimentarlas como un mundo a pensar, que eventualmente hará de ellas un mundo entero, lo que es como conocerlas solo como un mundo reducido en pensamiento, disminuido en el proceso de la eterna creación cerebral, o recreación muerta, como prefieran. He aquí un reino que espera más que Colones para ser descubierto, que exige mejores vuelos que los cohetes, que existe por cuenta propia”.

Respecto al sonido tenía una perspectiva crítica a la relación normalizada entre significante e imagen contenido, puesto que para él, era tratar al espectador como un sujeto no reflexivo, que no dimensionaba el lugar representacional de la obra fílmica. La contemporaneidad de Stan Brakhage llegó hasta analizar la discusión entre las soportes de dos dimensiones y los de tres dimensiones. Si lo pensamos bien, su querella respecto al lugar del sonido en la obra cinematográfica y de la inclusión de las otras disciplinas artísticas, tendría relación con librarse de los paradigmas de la representación, como él afirmaba: “Me gustaría ver películas ‘obesas’ que carguen su propio peso de significado y montajes tartamudos que reflejen la importancia de la repetición y los errores como pasos esenciales del acto de hacer cine. Los errores al filmar, tal como los ‘furcios’ freudianos, los juegos de palabras y similares, muy a menudo contienen el significado original que fue desplazado por el error al igual que el motivo del error”. Todo esto, el encontrar el autor develado por sus decisiones técnicas, acertadas o no, pasa a una estricta valoración del procedimiento de lo “artesanal”, donde el empalme, corte, composición, pintar sobre la cinta o ser un diestro maestro al leer el movimiento de los cuadros, los que se convierten en fotogramas en las cintas. Todo ello presente en una cinta tardía de su producción como lo es Water for Maya del 2000.

La obra fílmica y escrita de Brakhage supone una mayoría de edad para el pensamiento audiovisual, tratando de evidenciar el potencial político y reformulador de las disciplinas enquistadas en sus categorías estáticas, las que suponen tradiciones que sí bien conceden posibilidades de análisis, tienen que estar dispuestas a nuevas amalgamas para inaugurar campos dentro de la plástica. El libro Por un arte de la visión. Escritos Esenciales de Stan Brakhage, escapa a la cuestión sobre el cine experimental, hasta abordar problemas como el lugar del artista y la incorporación de la forma ante el, muchas veces denso, contenido. Es un libro de recetas para pensar buen cine, escrito por un eterno aprendiz de sortilegios e ilusiones, como el mismo Brakhage afirma, “Soy joven y creo en la magia. Estoy aprendiendo a hacer hechizos. Mi profesión es transformar”.

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