Me gusta cubrir aquello de valor testimonial

Entrevistas 23/07/2017 Por
Laura Tenenbaum es, desde hace años, una referente de la fotografía testimonial de músicos y artistas locales e internacionales.
laura tenembaum
Laura Tenenbaum

Una simpleza y una dulzura únicas la caracterizan, que se contraponen con el acto de portar una cámara en momentos tan álgidos como convulsionados en medio de una revuelta social, un accidente, entre muertes y lágrimas desgarradas por la emoción o colmando su alma fotografiando músicos y recitales. Así es ella tan variada como sencilla, tan dulce como intensa, tan Laura Tenenbaum.

¿Estudiaste música desde chica?

LT: Estudié música desde los 13 años  con un profesor particular y la flauta traversa fue el instrumento que acompañó mi aprendizaje. Después cuando terminé la escuela entré en el conservatorio.

Fue el primer despunte con el arte en tu vida pero no el único…

LT: Es cierto. La música y la fotografía como parte importante de mi vida. Mi viejo hacia mucha fotografía y la curiosidad estaba latente en la familia. Desde muy chica tuve contacto con el mundo de las fotos. A los 7 años mi abuelo me regaló mi primera cámara, una Kodak Fiesta que aún conservo. Desde ahí no paré más de sacar fotos y mi viejo me retaba cuando las revelaba porque veía que sacaba cualquier cosa (Risas)

¿Y como siguió tu exploración entre imagen y sonido…?

LT: Yo vivía en Morón y a unas pocas cuadras de mi casa tenía una escuela de fotografía y les llevaba los rollitos para que me revelen. Para ese entonces tenía unos 13 años Después en la escuela, cerca de mis 14 años un profesor de matemática que era fotógrafo me apasionó más aún. A todo el mundo le daba clases de matemática y a mí me sentaba en su escritorio y me daba clases de fotografía y revelado. Es gracioso pero ese tiempo estudié con él más fotografía que matemáticas. Así aprobé matemáticas ¡Lo reconozco! (risas). Luego ya en tercer año de la secundaria me fui a anotar a una escuela de Ramos Mejía en turno noche y mi viejo se volvió medio loco pero finalmente lo aceptó. Era toda gente muy grande pero a mí me encantaba. Le daba mucho mas “bola” a esa experiencia que a la escuela. 

¡Estuviste estudiando música, fotografía y el secundario al unísono! ¡Una genio!

LT: ¡No! En la música era medio desastre. Siempre me apasionó pero nunca pude llegar a sumergirme del todo en ella aunque me recibí. En la escuela estudié flauta traversa y luego de unos años me acerqué al saxo alto que lo toco hasta ahora.

En tu casa brotaba arte por todos lados…

Mi viejo era médico pero tocaba el violín por las noches y nos llevaba a muchos conciertos. Y allí no pude con mi genio y agarré un día una camarita de él y me dedicaba a sacar fotos durante los mismos.

¡No perdías ninguna oportunidad!

LT: ¡Es cierto! Escuchaba música y sacaba fotos. Después ahorré plata y me compré mi ampliadora, puse mi laboratorio y me lo tomé más en serio. Me iba sola a los recitales a hacer fotos y llegaba a la noche tarde y me ponía a revelarlas y era todo un tema con las horas de sueño porque a la mañana siguiente tenía que ir a la escuela.

¿Pudiste con todo?

Un día llamó la psicopedagoga de la escuela a mi viejo para decirle que estaba haciendo muchas cosas  y que me tenía que cortar alguna actividad. Y ahí le prometí de mil maneras que iba a estudiar y que iba a terminar la escuela pero no dejé de hacer lo mío.

Y cuándo terminaste el secundario ¿cómo siguió tu formación?

LT: Egresé en 1983 y para aquel entonces no había estudios universitarios para fotografía. Empecé cine pero seguía fotografiando mucho y me comenzaron a buscar para laburar. Recuerdo que para aquella época me llamó Piero, después Miguel Cantilo… Era la llegada de la democracia y había una movida cultural y musical intensa.
Luego en Atlanta estaba Leo Masliah le saqué una foto y se la llevé al San Martín donde también estaba tocando y a los dos o tres días me llama el representante quien me compró la foto y me empezó a dar trabajo con músicos que él representaba. Laburé con ellos muy bien aunque también empezaba a querer hacer prensa y fotoperiodismo.

Te referís a trabajar en un diario…

LT: Si claro. Me gustaba mucho la idea de meterme en medio de las noticias y de los quilombos que se armaban en la calle. (Risas) Me compraba todos los diarios y miraba todas las fotos y quien las había sacado.

¿Y seguiste con los las fotos a músicos y recitales…?

Si me llamaron a trabajar con Miguel Abuelo y después seguí con diferentes grupos. Mientras continuaba estudiando cine hasta que lo abandoné porque se abrió la carrera de Música Popular en Avellaneda que tenía muy buen nivel y me recibí en 1990. Para ese entonces guardé la flauta en el ropero y me volqué de pleno a la fotografía.

¿Estuviste trabajando en el extranjero…?

LT: Si, viajé a Estados Unidos y viví un año y medio en Boston dedicada a fotografiar músicos a gusto!  Cada vez me llamaban músicos más importantes  hasta que un día extrañaba mucho y la nostalgia fue fuerte. Tenía dos sobrinitos que no conocía y falleció mi abuela a quien yo quería mucho y me pregunté… ¿Qué hago yo acá? Y me volví en 1994. Acá trabajaba en un negocio de día y a la noche iba a hacer fotos  y empecé primero un curso en la Asociación de Reporteros Gráficos para hacer fotografía periodística. Del viaje había vuelto munida de una buena cámara de fotos. Luego seguí con Adriana Lestido quien me cambió la mirada y me abrió  la cabeza ante la forma de ver la fotografía.

¿Cuándo  lograste trabajar solo como fotógrafa?

LT: Para esta época sobre la que estamos hablando porque cerró el negocio donde yo trabajaba y me propuse ir a los diarios a buscar ese trabajo tan anhelado. Con un recorrido trazado de estudio y experiencia y un trabajo que había realizado con Adriana Lestido que se llamó “Vida de perros” dentro del Hospital de la Facultad de Veterinaria. Allí iba a fotografiar a diario para ese proyecto. Me presenté en varios diarios pero en Clarín hablé con el jefe de fotografía y me dijo que le gustaba el trabajo y que me lo podía editar en una sección y me lo pagaron unos $700. Eso fue por abril de 1997. Estaba chocha porque para mí era todo un logro y un montón de plata y más feliz aún cuando luego me dice que si quería trabajar ahora, laburo no tenia, pero para fin de año era viable y en diciembre entré a trabajar en Clarín. Luego seguí en Perfil y cuando cerró Perfil me llamaron de Popular y en un inicio sumaba los sábados y domingos en La Razón.

Djavan 18 DE FEB 2013 Teatro Gran Rex 5 tenembaum_javier malosetti-2017
                                                              Davjan 2013                                                                                Javier Malosetti 2017


¿Nunca dejaste de fotografiar músicos…?

LT: Hasta el día de hoy voy buscando captar la esencia de la música y a los músicos en escena. Trato de captar “ese” momento. No me gusta disparar compulsivamente. Estoy esperando “el” disparo. A pesar de ser digital la fotografía actual y no tener un costo extra sacar más fotos no puedo hacerlo… Mi jefe siempre me dice que todos regresan con cien o doscientas fotos y yo solo con diez.  ¡Y es verdad!.  En periodismo voy buscando la composición y el momento.

¿Te atraviesa mucho la subjetividad al hacer una foto para una nota?

LT: ¡Si totalmente! La fotografía es el momento y voy tras eso. Haciendo periodismo hay notas que me conmueven y hay notas en las que me pregunto que estoy haciendo ahi!! Pongo onda en todo y estoy predispuesta a ir y hacer la foto más allá del tenor y el tema de la misma. Hay instancias que fotografié que no me movieron un pelo y miro la foto de esa situación tiempo después y tampoco me conmueven pero hay otras que me emocionan mientras las saco y al verlas vivo nuevamente esa emoción o vivencia.

Una anécdota…

LT: Hay varias… Una con el Gato Barbieri. Le pedí a mi jefe que por favor me mande a mí a cubrirlo y voy con un chofer que tenía un Ford Falcon impecable, me deja en la puerta y se queda esperándome. Yo entro. El recital no comenzaba y se atrasó como una hora y cuando empieza hago dos temas y saco fotos y me voy al auto. Al subirme el chofer me dice: “¡¡No sabes lo que me paso!!” y me comienza a contar que “Vino un viejo con un sombrero y una bufanda y me comenzó a hablar del auto y me pidió que le muestre el motor porque estaba deslumbrado y yo moría en ese momento porque era el Gato Barbieri que estuvo en el auto que me había llevado fascinado mientras lo esperábamos adentro!! Me hubiera quedado en el auto y hasta lo hubiera tenido cerca y en exclusiva!! (Risas)
Otra, por ejemplo, fue por haber logrado fotografías con gente que me había encaprichado sacarles alguna como fue el caso de Keith Jarrett. El tipo no aceptaba fotógrafos y al entrar te revisaban todo para que no llevaras cámaras. Me arriesgué y me puse una campera bien grandota, me saqué una entrada en súper pullman y del diario me llevé un lente apropiado. Con la cámara y el lente escondidas en la ropa le hice tres o cuatro fotos y ya me sentí feliz (risas) Debo reconocer que tenía miedo que me pescaran!!

¿Cómo reportera gráfica qué es lo que no te gusta cubrir? O lo haces igual pero a la hora de elegir preferirías no hacerlo...

LT: Creo que lo que menos me gusta cubrir son los reportajes a políticos porque me fastidia un poco no creerles mucho (risas) Hubo veces que hasta me puso de mal humor.

¿Y lo que más te gusta?

LT: Cubrir músicos en reportajes y recitales. Después no tengo problemas en notas policiales o de actualidad social. Me gusta cubrir aquello de valor testimonial.

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                                                                                                 Inés Estevez 2017                                                                             Chester Bennington 2012

En un ambiente en donde priman los hombres ¿Cómo se vive la experiencia de ser reportera gráfica?

LT: En general fue aumentando la cantidad de mujeres con los años dentro del mundo de los reporteros gráficos pero el porcentaje de hombres trabajando es aún muy alto en comparación a las mujeres. Fue difícil la aceptación pero ahora ya es más natural el trato. Inclusive vamos a la cancha. Cuando entré a trabajar a Clarín éramos 35 hombres y dos mujeres y cuando entre a Perfil eran 40 fotógrafos y yo la única mujer en un ambiente muy machista aunque hay cosas que las entiendo por lo que te requiere el trabajo como treparte a un subte, a una columna o a un árbol y el hombre tiene una resistencia y una fuerza física mayor pero eso no excluye que una mujer no lo haga. Igual debo reconocer que a  nivel compañerismo en general mi experiencia es muy buena pero igual en broma siempre hay chistes de índole machista o con cierto humor negro circulando en este medio. Si uno lo sabe llevar se pueden descomprimir algunas situaciones sin problema con el humor y la buena onda y a veces es necesario porque venís de la calle después de fotografiar accidentes o un chiquito muerto o cosas por estilo que son desgarradoras y uno está de tras del lente mientras está ocurriendo…. Imaginate que cuando yo entré a laburar en mi vida había visto un muerto y de pronto me encontré fotografiando situaciones donde la muerte estaba presente.
Un segundo tiene el valor de la foto exacta del hecho y en esto las emociones están en juego por más que la experiencia te foguee y al mismo tiempo sabemos que la misma tiene un valor de documento. Una de las primeras notas que hice fue la de un tipo que encontraron acribillado en San Isidro y después no podía dormir. Con el tiempo eso va cambiando. Ahora pocas cosas pueden impresionarme como antes. Cuando fue el accidente de tren en la estación de Once me costó un par de noches de sueño porque el sinfín de muertos en la medida que caminaba en el andén era impresionante.

¿Ahora hay solo fotografía en tu vida…?

LT: Sabes que no…!! (Risas) Ahora al trabajar seis horas diarias y hacer trabajos libres, volví a tomar mi saxo y a tocar con una banda de Morón. 

¿Qué les dirías a las mujeres que quieren ser reporteras gráficas?

LT: Que se puede y que se atrevan. Que las mujeres tenemos una intuición y mirada diferente a la del hombre pero no por eso menos valiosa con estéticas y visiones diferentes que valen la pena rescatar.


Por estos días Laura presenta una muestra en el reconocido teatro Roma de Avellaneda llamada "Un gran día en Buenos Aires" que se re edita luego de haberse presentado en el CCK y en el Congreso de la Nación y consta de 28 imágenes de músicos de jazz de la escena internacional y local tomadas por ella y sus colegas: Silvina Musczynski, Fabián Lio, José Brusco y Pablo Astudillo.

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