Una maestra del humor que enseña a reír

Entrevista SEMANAL. En una entrevista íntima, nos habló de su trayectoria, su familia y su vocación de docente que sigue vigente con el taller de la risa.
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El agobio por el trajinar de la rutina, y el acaloramiento por la temperatura reinante no pudieron con las ganas que teníamos de conversar con Liliana Pécora, quien generosamente nos brindó durante algunas horas una parte de su vida para compartir con los lectores.

¿Cómo surgió tu vocación actoral?

LP: Yo fui payasa toda la vida. Eso de estar haciendo cosas para hacer reír al otro lo tengo de siempre. Hasta para nacer fui payasa. Mi mamá sentía contracciones y el médico le decía: “No Sra, váyase a su casa aún falta” y mi mamá le retrucaba “No Dr. yo sé que va a nacer” y de tanto insistir se quedó. Y de repente, empiezo a pujar, encontraron una camilla en un pasillo y nací allí ¡Me agarró mi tía! (Risas). Nací cuando tenía que nacer ¡Que me van a poner un horario a mí! (risas)
De chica era a la que le decían: A ver imitá…, actuá…. Luego fuí la payasa en la escuela. También como era maestra jardinera vivía haciendo obras para niños y a pesar de tener en mente ser psicóloga abandoné la carrera por la mitad cuando apareció el teatro que progresivamente le ganó terreno.

¿Cuál fue tu primer paso en el teatro?

LP: Fue gracias a la mamá de una alumna que me insistió para que me presentara en una audición porque consideraba que tenía condiciones y a los 23 años con un susto de aquellos me presenté en un casting en el teatro San Martín.

¿Y como te fue?

LP: Me dijeron improvisá. Lo miré y le dije: “Discúlpeme, yo nunca estudié teatro. ¿Qué es improvisar?” (Risas) Y cuando me dijo que iba a hacer de cuenta que soy una nena que está jugando en su habitación… ¡Me solté porque a mi juego me llamaron! Y me eligieron para estrenar en 1975 un infantil en el Teatro San Martín que lo hacía con una mimo por lo tanto la única que hablaba era yo, como siempre (risas)

¿Y allí comenzó tu formación actoral?

LP: Si. A partir de allí no paré más y comencé a estudiar con Roberto Vega con quien trabajé muchos años en sus infantiles y luego expresión corporal con Patricia Stokoe. Empezaron las épocas de las comedias y mis dudas existenciales de ser o no una actriz dramática hasta que un director me dijo que estaba lleno de actrices dramáticas pero que de actrices cómicas muy pocas. La sugerencia fue clara para que desarrolle esta capacidad y le dé para adelante. Y tenían razón.

¿Tuviste apoyo de tu familia en ésta movida de pasar de una carrera universitaria al teatro como elección de vida?

LP: No tuve apoyo de mi familia. Yo soy la Pécora negra de mi familia y le hago honor a la oveja negra. Estudiar psicología era inapropiado, estudiar para maestra jardinera no era bien visto porque no iba a ganar un peso, estudiar teatro una locura… Aunque cuando hacía los infantiles se lo aguantaron. Con las primeras obras para adultos, no les gustó nada a ninguno porque era de casquivana (risas), y a partir de allí no me fueron a ver nunca más al teatro. Y me fui así a vivir sola desde jovencita a hacer mi vida.

¿Dentro del humor a quién tenés como referente?

LP: Carlitos Chaplin fue el primero que me deslumbró de chiquita y luego a Niní Marshall. Tenía un cinegraf a manijita y me dedicaba a ver las películas de Chaplin y moría por ir de atrás hacia adelante para ver minucio
samente como se movía! Luego me compré un reproductor de súper 8 y frente al espejo miraba sus películas y me dedicaba a imitar sus movimientos.

Tenes algunas expresiones de Alfredo Barbieri…¿tenés referentes humoristicos?

LP: ¡Si! Carmen Barbieri siempre me dice: “Mirá Pécora, vos sos muy cómica pero la boca así torcida es de mi papá y mía!” (Risas) Como el ojo así parpadeante (hace el gesto) es de Niní Marshall.
Absorbí como en una galería de personajes material que fui guardando y hay cosas que ya son un sello en mi y salen de allí cuando las necesito.
Niní Marshall en uno de mis espectáculos me vino a saludar y me dijo en un momento que en un giro que hago en el escenario le había hecho acordar a Catita. Me lloré todo y me emocioné con sus palabras. ¡Fue un Oscar para mí lo que me dijo!
En “Mujeres de 60” cuando bailo el charco de los patos, es en honor a ella cuando hace el “Lago de los cisnes” en “Mujeres que trabajan”.

¿Cuándo hiciste la lección de Anatomía cómo viviste la experiencia?

LP: Intensa y feliz. En un momento pregunté cuándo ensayaríamos el desnudo y me dijeron que nunca (risas) Lo vas a hacer en la primera función. Imaginen que el corazón me salía por la boca. Hacerlo fue una vivencia hermosa. Me daba mucho placer. Después del primer desnudo no veía la hora que llegara el próximo. Me encantaba lo nerviosa que se ponía la gente cuan
do lo hacíamos. Hurguetear en lo que le ocurre al otro es fuerte e interesante. El desnudo era precioso, nada chocante, ni pornográfico y con el claro objetivo de no mostrar un cuerpo bello sino más bien mostrar el cuerpo como tal.

¿Lo harías de nuevo?

LP: En ese momento tenía 30 años. Hace unos años lo hubiera hecho nuevamente. Hoy no sé porque el público es muy lapidario y exige demasiado que la mujer sea joven y esté perfecta y las mujeres son las más lapidarias. Creo que no lo haría por eso. Reconozco que tengo muy buenas piernas y con medias se lucen mejor pero me ha sucedido en fiestas que he animado por ejemplo vestida de rumbera y que las mujeres mientras las miro a los ojos al estar haciendo el monologo, ellas tienen por ejemplo la mirada en mi abdomen en vez de mirarme a mí.

¿Entre el drama y la comedia en tu trabajo prima la comedia…?

LP: He hecho clásico pero con los años me di cuenta que la tragedia es como las máscaras del teatro. Están una y otra muy pegadas. Hay textos de Lorca que según como los digas te causan gracia o te clavas puñales y cuando descubrí eso, encontré el placer de desdramatizar la vida y las obras entonces parto de las tragedia y las convierto en comedia. Con mis alumnos hacemos esto y la gente lo disfruta mucho. Manejar los humores del público a mí como actriz me da un gozo infinito porque los llevo y los traigo donde yo quiero.

Estabas viviendo las edades mientras transcurrían “Mujeres de 50” y “Mujeres de 60” ¿Cómo te sentiste con esa instancia que te atravesaba en la vida y en la obra?

LP: Era muy cómodo y me remitía a mi historia y a la referencia de otros. Lo que no había vivido me remitía a la vivencia de mis conocidos. Por ejemplo no fui madre y plasmaba la vivencia a traves de mis amigas que si lo fueron. Uno no tiene que ser sino remitirse y comprometerse para llegar a la emoción y hay que llegar a la emoción para después llegar al humor.
La experiencia de vida la tengo porque he vivido y capitalizado en mí y la edad como digo en la obra está dentro de uno en el corazón y en el alma… En el escenario me siento como si tengo cuarenta como mucho.

Mujeres de 50 estuvo 8 temporadas y mujeres de 60 tuvo varias también… ¿Cómo haces para despedirte de una obra después de tantas temporadas…? ya forma parte de tu vida.

LP: Tuve que trabajarlo mucho. Aprender a soltar no es fácil pero permite un crecimiento posterior. Solté a “Mujeres de 50” y eso le permitió un crecimiento muy importante a “Mujeres de 60”.
El mayor premio para quien se sube a las tablas es el público… Mi mayor premio fue cuando terminé la función y la gente de pié no terminaba de aplaudir. Habitualmente cuando termino la función siempre digo un brochecito y no pude por el aplauso y me dije ¡Me suelto! Y el corazón se me salía por la boca. Y por supuesto me emocioné mucho como me emociono ahora (lagrimea) y me sigue conmoviendo como en ese momento por la valoración que encierra ese aplauso.

Has tocado al público norteamericano de habla hispana… ¿Como fue la vivencia?

LP: ¡Muy buena! Con el público tanto con los latinos como con los que estaban en traducción simultánea fue excelente. En el DC Theatre Ccene, Rosalind Lacy de Washington dijo que era la Sarah Bernhardt de las actrices cómicas!! Otro Oscar para mí! (risas)

Hiciste radio y hasta un programa propio con “La Pécora en su salsa” …!!

LP: ¡¡Si!! Se me salía el corazón por la boca antes de empezar cada programa. Cuan
do salís al escenario te miran muchos pero en la radio vos no sabes cuántos te están escuchando! La responsabilidad era tan grande y me ponía tan nerviosa que hasta se me secaba la boca!! Por muchas actividades al mismo tiempo tuve que dejar de ha
cerlo porque me estaba enfermando de agotamiento… Quedé extenuada pero fui feliz y lo disfrutaba mucho!

Hiciste cine, publicidad, radio, teatro… ¿Que asignatura pendiente tenés?

LP: ¡¡Almodóvar!!Conoce como nadie el alma femenina.

¿Con quién quisieras trabajar en Argentina que te haya quedado en el tintero de la experiencia…

LP: Me gustaría trabajar con Leonor Manso. Quisiera que me dirija. Es una actriz muy seria y responsable.

¿Qué le dirías a la generación nueva de actores?

LP: Que no persigan la fama y realmente se entreguen a jugar el juego del actor. La fama es puro cuento y si te llega la posibilidad bienvenida sea pero más allá de ella que se permitan divertirse y gozar. Y por favor que ¡modulen! Que la musculatura facial está para eso!!

¿Que le dirías a todos aquellos que desean hacer tu Taller de la risa y aun no se han animado a dar ese paso?

LP: Lo primero que les digo es que en realidad uno cree que le tiene miedo a la mirada ajena, al dedo acusador del otro, pero que en realidad el peor dedo acusador es el de uno. No hay peor enano fachista que uno mismo. Que se den la libertad de probar y no se antepongan un “no”. Prueben. No es un voy y veo. Es voy y hago… Así dejaran de criticarse y tener autocompasión.

Vos apostas a la risa…. ¿Como llegan aquellos alumnos que buscan un curso como el tuyo que da un aire fresco en medio de una sociedad vincularmente hostil, a tu primera clase?

LP: Llegan con mucha angustia y mucho miedo… Siempre les digo. Si ustedes aguantan yo los llevo de la mano acompañándolos. Sé que da resultados pero ustedes tienen que encontrarse con la risa y con el niño interior que nos permite jugar y disfrutar aunque muchas veces angustia mucho porque los remite a la infancia que han tenido.
Esta experiencia de vida se la deben a sí mismos y cuando se lo permiten vienen con la actitud de buscar y encontrar un grupo, un espacio, un lugar donde olvidarse del afuera y éste es el lugar. Cuando ello les ocurre deben hacer el trabajo de cortar con el afuera por un momento para poder conectarse consigo y con el niño que los habita. Cuando lo logran se van chochos!

¿Cómo los recepciona la gente en la calle?

LP: En la calle cuando vamos con los carteles de “Regalo abrazos” los voy siguiendo y terminan aflojando! Hay mucha gente que te abraza y se con
mueve o se larga a llorar. Me han llegado a decir: “Sabes cuánto hace que nadie me abraza?” Y les digo: ¡Te agradezco que me lo hayas dicho porque para mí es un regalo! Me voy a dormir feliz porque sé que te di un abrazo que necesitabas hace mucho tiempo! Y se van felices! Muchos otros, nos preguntan asombrados por qué lo hacemos y les cuesta entender que es solo porque queremos dar cosas lindas a la gente y cambiarles la cara y ahí les decimos cómo pueden volver a encontrarnos.

¿Cómo se proyectan los artistas el futuro… y en especial vos el tuyo?

LP: Si no sos un buen planificador te va mal. Si a mí no me llaman para trabajar yo me invento los trabajos. Así cuando terminé con la televisión y me puse a animar fiestas de cumpleaños para adultos y surgió “Juanita Banana, la autentica rumbera trucha cubana” y lo basé en juegos. En el 2001 con el corralito pensé que me podrían robar la plata pero no la alegría y me puse a averiguar. Me inventé mi propio taller de la risa. De esta manera me hice mi kiosco con los talleres de la risa y los cursos de teatro. Si en el teatro me va bien como me ha ido, fantástico…pero cuando no, uno se arregla con lo que ya tiene armado. ¡Eso sí, no es suerte, es esfuerzo de 38 años de profesión!

¿Cómo te sentís con lo vivido y logrado?

LP: Estoy feliz con la vida que tengo, con la vida que me construí y que sigo y seguiré construyendo día a día. Descubrí que mi misión es hacer reír y eso es un don que debo utilizar en todo lo que hago en la vida. Haciendo reír a la gente los ayudo a curarse porque por lo menos en algún momento se sienten mejor…


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