Oasis - cuento

Un cuento para conocer a Ofelia Pérez, de su libro "Los cuentos tienen patas largas"
Los cuentos tienen patas largas
Los cuentos tienen patas largas

—¿Por qué me miras así? ¿Acaso no me crees? El muro siempre estuvo ahí: alto, macizo, impenetrable, grandioso. Siempre acechándonos, siempre marcándonos el límite, diciéndonos sin decir: ¡hasta aquí! Así crecimos. Mis padres y abuelos, y sus abuelos crecieron viéndolo y respetándolo. Así nos enseñaron: sin desafíos, sin tratar de trasponerlo. Si alguna vez alguien se aventuró nadie lo comentó. El temor es cosa contagiosa. ¿Si hay una puerta? Sólo sé de una pequeña rajadura que el tiempo, el viento y la lluvia fueron horadando con tesón, pero sin mucho éxito. Tal vez te has filtrado por allí y terminamos frente a frente, mirándonos a los ojos. Nadie podría haber imaginado que vos y yo terminaríamos comenzando. Sé que hubo una gran borrasca y mar de fondo. Sé que las voces son compañeras de la locura. Pero, ¿vos lo sabés? Ignoré por mucho tiempo el significado verdadero de las palabras pájaro, árbol, ojos, desierto, agua, y algunas más que me enseñaste. ¿Qué hago con esto? ¿Es sólo cuestión de palabras o algo más? Algo que aún ignoro. ¿Qué dices? ¿Qué rompa el muro? ¿Con qué, con mis manos? ¿Y si descubro algo que no quiero?… —¿Qué es lo que me está esperando? ¿Un viaje? ¿Voy a traspasar el muro viajando? ¿Con un pájaro, un árbol, ojos, papel…? ¡Qué incongruencia! ¿Qué tengo muchos problemas? ¿Quién no los tiene? ¿Te imagino o eres un sueño que he atrapado tratando de escapar? Me intrigás: decís que eres real, pero estás esperando que me destroce, que rompa el pasado, el presente, lo que me rodea, lo que me sustenta, lo que soy. ¿Para qué? ¿A quién le molesta el muro? Me oprimes y angustias, me asfixias poco a poco. ¿Para qué? ¿Quién eres? ¿Por qué yo? Si la noche cobija y cubre todas las miserias que el día expone ¿Qué intentas? ¿Apoderarte de mis máscaras, de mis temores? ¿Quién va a atesorar mi historia?

Un escape. Sólo busco un escape para que la locura no me atrape, porque siento que estoy enterrada viva y el aire poco a poco se extingue. Sé que para vos es un juego, que eres un asesino de certezas, pero ¿sabes qué? Tengo que confesarte que siento el placer de mi propio dolor, sé cuán imperfecta me he construido, sé que la imagen que me refleja no es la que yo quisiera, pero he decidido, ahora, en este momento, vivir la vida que quiero, libre de juicios ajenos y ataduras atávicas. He decidido comenzar a jugar un juego nuevo con reglas nuevas, aunque las viejas marcas sigan acompañándome…

Por supuesto, me comentaron de los espejismos…


                                      

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