Perez-Reverte: "La vida es demasiado corta para perder tiempo en libros inciertos"

ENTREVISTA SEMANAL. El escritor español se prestó a una charla colectiva online y tuvimos oportunidad de participar haciéndole algunas preguntas.
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La tecnología tiene la ventaja de hacer más fácil el trabajo de quienes practicamos el periodismo, y es porque ya no se requiere cruzar el Atlántico para poder hacer una entrevista a algún reconocido personaje, sea de la cultura o de otro ámbito. Es el caso de el escritor, periodista y miembro de la Real Academia Española, el español Arturo Pérez-Reverte, que brindó una entrevista colectiva online a través de su web y EL ÁPICE CULTURAL participó con algunas preguntas que el gran literato respondió amablemente. Las preguntas han sido mezcladas con las de otros participantes y las transcribimos a continuación.

APR: Buenos días y gracias por acompañarme hoy. Han entrado hasta ahora varios centenares de preguntas y siguen entrando. Por supuesto, en una hora no hay tiempo para responder a todos. El equipo de Zenda las está seleccionando y me las envía. Espero que comprendan las limitaciones del formato.

—Usted además de escritor, también fue reportero de prensa de televisión, radio y prensa. ¿Entre escritor y corresponsal de prensa cuál prefiere? 

APR: El escritor actual no lo sería sin el reportero que fui. De ahí la mirada con la que hoy escribo novelas.

—Después de leer su relato “Ojos Azules”, me nació una duda simple pero ruidosa: ¿cuál es su opinión sobre el proceso de la conquista española en América (en territorio mexicano específicamente)? 

APR: Mi opinión es que unos conquistadores que eran unos animales crueles, ambiciosos y desesperados hicieron, sin proponérselo, una gesta épica que cambió la historia del mundo.

—¿De qué libro le hubiera gustado ser el autor? 

APR: De Historia de la Revolución Francesa, de Michellet.

—Más que una pregunta es una sugerencia… ¿No le apetece escribir otra novela ambientada en México? Específicamente en la Ciudad de México. Creo que dada su capacidad para crear historias y la cantidad de historias que a diario crea mi ciudad, sería fabuloso leer el resultado de una noche de bodas Reverte-CDMX. Saludos afectuosos. 

APR: Si yo fuera mexicano, el DF me daría para escribir novelas el resto de mi vida.

—¿Que le llevó a utilizar un lenguaje anacrónico en su obra “Cabo Trafalgar”, obra que por otro lado, contrasta con el gran rigor histórico del que hace gala. Gracias por su atención. 

APR: Los anacronismos reforzaban el esperpento. Trafalgar fue un esperpento. España es un esperpento.

—Me gustó “El Gatopardo”. Me gustaría leer su novela con protagonista cansado con un perro fiel al lado hasta el desenlace o casí. Pero “La carta esférica” y “Perros e hijos de perra” aparte. ¿El perro de caza o el pastor? ¿Cuál compañía le sería más interesante? 

APR: Caza, pastor o compañía, cualquier perro es interesante. Más leales, sin duda, que los seres humanos.

—¿Son Falcó y El Puñal, de Jorge Fernández Díaz, novelas hermanas? o al menos con personajes hermanos? 

APR: Lo que son hermanos son los autores. Tengo previsto un relato corto en el que Remil y Falcó se encuentren en Buenos Aires.

—Usted afirmó hace unos meses en una entrevista en El Mundo, que reconoce tener una deuda con la suerte. Si la suerte estuviese generosa y le concediera otra oportunidad, ¿qué le pediría?

APR: Cuando llegue el momento, un final breve y coherente. Las agonías largas, como dice alguno de mis personajes, hacen perder la compostura.

—¿Hay algo que aún le sorprenda, a pesar de las canas y las lecturas? 

APR: Me siguen sorprendiendo la sagacidad de las mujeres y la lealtad de los perros. Pero lo que más me sigue sorprendiendo es la infinita capacidad de estupidez que posee el ser humano.

—¿Cree que es necesario idear un esquema de la estructura de la novela antes de comenzar a escribir las primeras páginas? En ese caso, ¿cómo idea el suyo? 

APR: Para otros autores no es necesario, aunque para mí sí lo es. Paso mucho tiempo estructurando la trama y los personajes antes de empezar a escribir de verdad.

—Si pudiera elegir una época para nacer y vivir, ¿cuál hubiera sido y por qué? 

APR: La mía fue, y es, buena. Quizá habría preferido nacer diez años antes.

—Me gustaría saber que 10 libros le gustaría tener en una isla desierta en caso de naufragio, cosa que evidentemente no deseo que se produzca. 

APR: Los ensayos de Montaigne, la Biblia, el Quijote, Historia de la revolución francesa, la Ilíada, la Odisea y Los tres mosqueteros. El resto rellénelo con Shakespeare.

—Es bien sabido que durante muchos años desempeño su trabajo en el campo del periodismo, pero creo que debió haber un punto de inflexión en que decidió pasar de periodista a novelista. ¿Cómo decidió empezar a escribir novelas? 

APR: Cuando empecé a tener la mochila demasiado llena de cosas que el periodismo no resolvía.

—¿Por qué cree que siendo en la actualidad tan fácil el acceso al los clásicos de la literatura y el pensamiento universal la gente no se acerca a ellos? 

APR: Porque en nuestra infinita capacidad de suicidio cultural, cada vez tendemos más a lo inmediato y lo fácil. Una comodidad que ya estamos pagando muy cara.

—Siempre me he preguntado quiénes son, en su historia vital, Olvido Ferrara y Mecha Inzunza; hoy se lo pregunto a usted. Mujeres así no se inventan, señor mío.

APR: Le aseguro que no se inventan. Además de con su imaginación, un novelista también escribe con su propia vida.

—Hola, don Arturo. Miro el mundo hoy, y lo veo huérfano de ideales, de causas justas, de líderes que enarbolen ilusiones, de intelectuales con redaños para ir contracorriente. Vivimos el fin de una era, y me apena que mi hija de dos años no va a poder vivir ni las migajas del estado de bienestar. ¿Cómo le voy preparando para lo que se nos viene encima? 

APR: Con sentido común y con libros. Enseñándole a saber que siempre hay un iceberg para todo Titanic. Adiestrándolo para que, como escribí una vez, sea capaz de pensar como un griego, luchar como un troyano y morir con la serenidad de un romano.

—En “El pintor de batallas”, el protagonista (el cual estuvo durante décadas describiendo las guerras contemporáneas del mundo, al igual que usted) es partidario de una postura muy cercana al pensamiento de Hobbes, resaltando la crueldad del hombre como una de las características mas importantes de la naturaleza. ¿Esta es solo la visión de su personaje, o por el contrario es también la de su creador?

APR: Es la de su creador. La mirada que me dejaron 21 años como reportero. En ninguna de mis novelas soy tanto yo mismo como en El pintor de batallas.

Arturo-Pérez-Reverte

—Una curiosidad. ¿Lo de la cafiaspirina es autobiográfico? 

APR: Absolutamente autobiográfico.

—Buenos días. Se da el caso de que tengo muchas historias que contar, pero pocas palabras para hacerlo. Siempre he tenido la duda de si el escritor nace o se hace. ¿Usted qué opina al respecto? ¿Puedo albergar esperanzas de que algún día mi humilde persona pueda ser autora de un libro sin tener los dones para hacerlo?

APR: Escribir novelas no es obligatorio, como tampoco lo es tocar el violín. Yo sería un pésimo violinista. En cualquier caso, no hay escritor posible sin lecturas que lo formen y sin vida que le forje la mirada. Supongo que, además, hace falta cierto talento para el oficio.

—¿Qué le parece la supresión, por parte de la RAE, de tildes en palabras como sólo, guión o truhán? (Aclaro que yo sigo y seguiré acentuándolas, tal como me enseñaron a hacerlo correctamente en mi infancia). 

APR: Como académico, me declaré insumiso ante esa norma de la Academia cuya oportunidad no comparto. Como novelista, necesito esas tildes y las utilizo en mis libros. Y recomiendo a todos que lo sigan haciendo cuando les parezca oportuno o necesario.

—¿Qué le diría Don Pedro Zárate y Queralt a Oriol Junqueras? 

APR: Como hombre de las Luces, ilustrado, culto e hidalgo del siglo XVIII, dudo que le dirigiera la palabra. De todas formas, imagino que en un diálogo intelectual entre ambos, el almirante masacraría a Junqueras sin ninguna duda. Y sin piedad.

—“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”, escribía Borges al inicio de su poema Un lector. ¿Cree usted que todavía le quedan muchos libros buenos por descubrir, o prefiere releer las obras maestras que ya ha descubierto? 

APR: Releer, a mi edad, permite ver cosas en los libros leídos antes que uno no había advertido. Releo más que leo. Eso no excluye sorpresas agradables, naturalmente.

—¿Cómo lleva la imagen de ser un hombre que se come los erizos de mar sin pelar? ¿Cree que mucha gente confunde el Arturo Pérez-Reverte persona con el Arturo Pérez-Reverte personaje de las patentes de corso?

APR: Por supuesto que lo confunden. Las patentes de corso son una válvula de escape de un personaje creado expresamente para ellas. Un artificio narrativo destinado a patear ingles indiferentes o estúpidas. En la vida real respeto los semáforos, ayudo a las ancianitas a cruzar la calle y soy tierno como un oso mimosín, o casi.

—¿Qué libro recomendaría a un chaval de 15 años para ayudarle a comprender mejor el mundo?

APR: La isla del tesoro, El guardián entre el centeno y El señor de las moscas.

—¿Cómo era el Arturo que en 1971 marchó a cubrir su primera guerra? ¿Y cómo era el Arturo que en 1994 dejó las guerras? (De haber compartido época, usted hubiera sido amigo de Joseph Roth y Stefan Zweig).

APR: En 1971, lector, soñador e ingenuo. En 1994, lector, lúcido y fatigado.

—Cuando uno escribe una novela como ésta (o cualquiera), además de la noble actividad de ganarse la vida, ¿qué pretende?: ¿divertir? ¿enseñar? ¿compartir? ¿o realmente no pretende nada en especial?

APR: Yo soy un novelista. No un apóstol ni un redentor de la humanidad. Escribo para construirme mundos en los que soy feliz. Lo que haga el lector con esos mundos o con otros no es asunto mío.

—¿Escribe usted alguna vez a mano? Y si es así, ¿lo hace con estilográfica, lapicero, bolígrafo…? 

APR: Escribo en ordenador, corrijo con lápiz y estilográfica, según el momento, vuelvo a pasarlo todo a ordenador, vuelvo a corregir, vuelvo a pasarlo a ordenador…

—Don Arturo, echémosle imaginación. Ha día de hoy, año 2017, usted con 20 años; ¿ Volvería a enrolarse en esos barcos que zarpaban de Cartagena, con el petate lleno de novelas y, estudiaría periodismo en busca de aventuras, o ese ya no es el camino? Fuera de la lectura, el mejor refugio sin duda, los que aún no tenemos la luz pagada hasta el día que nos salten los plomos definitivamente, ¿Qué nos queda?

APR: Enrolarse en un barco, real o simbólico, con una mochila de libros e irse a la isla de los piratas siempre es el camino para quienes tienen en la cabeza lo que yo tenía entonces. Siempre y cuando se esté dispuesto a pagar el precio, naturalmente.

—No sé si acostumbras a leer de vez en cuando algún libro sin que te lo hayan recomendado previamente o sin referencias sobre su autor, pero en esos casos:¿cuánto sueles tardar en decidir si el libro es bueno o no? 

APR: Entre cinco y diez páginas. La vida es demasiado corta para perder tiempo en libros inciertos.

—¿Qué piensa cuando tiene este tipo de eventos, cuando está junto a sus lectores? ¿Significamos algo o sólo somos un trámite? Larga vida Don Arturo y mil gracias por todo. 

APR: Nadie que me haya visto atender uno por uno a mis lectores, de pie y durante horas, puede pensar que son un trámite. A ellos les debo mi libertad, mi independencia y las ganas de escribir novelas.

—¿Cuál es el personaje al que le tiene más cariño, tanto de los que ha creado usted como de los que ha conocido (de ficción, se sobreentiende)? 

APR: –Jaime Astarloa, maestro de esgrima.

—Si pudiera hacerlo ahora, ¿qué consejo le daría a aquél Arturo Pérez-Reverte de 25 años de edad? 

APR: Que mirase más a los ojos de las mujeres y menos a las tetas de las mujeres. Hoy sería sabio.

—Usted ha visto la peor cara del ser humano, así también ha podido comprobar la mejor cara del mismo en las situaciones más adversas. ¿Cómo se percibe el mundo después de haber estado en el infierno? 

APR: Como un lugar peligroso, lleno de hijos de puta.

—Las mujeres de sus novelas son fuertes, con personalidad y carácter. ¿Son fruto de su imaginación o de la literatura o busca ejemplos en la vida real de amistades, conocidas o familiares? 

APR: Tienen poco de imaginación. Son las mujeres que me interesan, tanto en la literatura como en la vida.

—Me gustaría saber qué personaje histórico sería para usted un referente tanto intelectual como moral. A día de hoy, con todas las noticias que nos inundan cada mañana, parece que falta alguien que dé un poco de luz entre tanta oscuridad. ¿Quién quisiera usted que estuviera presente en nuestra sociedad para “iluminarnos”? 

APR: Sócrates.

—Usted frecuentemente critica a los sectores más radicales del movimiento feminista, lo que ha llevado a muchos a considerarle machista o misógino, pero las mujeres que aparecen en sus libros están distan bastante del prototipo de mujer dependiente del hombre ¿Qué significa para usted la lucha de la mujer por su liberación y para erradicar las costumbres discriminatorias de la sociedad?

APR: Una lucha necesaria y urgente que no podemos permitir sea ridiculizada o envilecida por algunas analfabetas, folclóricas que perjudican, más que favorecen. El feminismo es necesario, pero la inteligencia también.

—¿Cómo enseñaría a debatir en calma sobre la Guerra Civil a la juventud que está aprendiendo en Twitter? 

APR: Explicándoles que ecuanimidad no significa equidistancia. Acudiendo a los testimonios de quienes lo vivieron, no a la manipulación partidista de quienes lo utilizan como herramienta política.

—¿Qué caprichos le gusta darse? ¿Cuál ha sido el último si se puede saber?

APR: Sables de caballería. Del siglo XIX. Y cenar con amigos fieles como Antonio Lucas, Manuel Jabois, Edu Galán, David Gistau, Raúl del Pozo y otros.

—Los toreros siempre dicen que se dejan la mejor faena por hacer. Supongo que a los escritores les ocurrirá lo mismo, que el mejor libro es el que está por escribir. ¿es cierta esa sensación en su caso?

APR: Cada novela que empiezo me produce esa sensación. Luego la acabo y pienso que será la siguiente.

—¿Qué le diría hoy mismo a Donald Trump si pudiese tomar un café con él? 

APR: Le diría payaso. Dicho sea con todo el respeto para los payasos que son respetables.

—Vivir en España cada vez duele más. ¿Qué hace que una persona con sus recursos continúe aquí y no marche hacia un país más amable? 

APR: Por una parte, aunque a veces me indigne, sigo pensando que España es un buen lugar. Por otra parte, confieso que mi lado malvado siente auténtica curiosidad por ver cómo termina este disparate.

Y así fue que la entrevista online y para algunos de los beneficiados por la Internet para participar terminó con un "Chau y gracias a todos"   

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