Un arrepentido nazi cuenta como llegó a Argentina

En el libro "Los primeros barones del narcotráfico" de José Francisco Canosa Sánchez, un exjerarca nazi llamado Alvaro Boheme, le contó al autor como logró llegar al país y establecerse en Río Negro.
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La temática sobre el destino de los jerarcas nazis en Argentina siempre es motivo para nuevos descubrimientos. En el libro "Los primeros barones el narcotráfico" su autor José Francisco Canosa Sánchez, descubre una trama en la voz de su amigo Alvaro Boheme, quien en los últimos años de su vida le confiesa haber pertenecido a los altos mandos nazis, contándole los métodos de ingreso al país con nombres y documentos, entre los que figuran el tío del autor que se desempeñó como secretario del consulado en Yugoslavia en la época de la posguerra.

El libro cita textualmente las palabras del exmilitar alemán que cuenta lo siguiente: “En la puerta del consulado un cabo y dos soldados argentinos, con fusil máuser eran los responsables por abrir el portón de entrada, que permitían la entrada a quien mostrara algún documento especial. Cuando nos acercamos al portón saqué mi pasaporte mexicano, (el exjararca era nacido en México y radicado en Alemania) para mostrarlo rápidamente, y diciendo que teníamos que hablar de forma urgente con el encargado de negocios del Consulado Argentino eran órdenes expresas del Consulado Mejicano. Que en esa región no existía.” Un día de suerte o del destino, las puertas fueron abiertas". Acababan de engañar por primera vez a las fuerzas armadas de argentina.

"Una vez adentro teníamos que encontrar alguna nueva solución. Decían la viejas allá en México que es difícil que la suerte ocurra dos veces seguidas. Y sin embargo, así aconteció. En el centro del amplio salón, se encontraba un típico argentino hablando seguramente con un subordinado. Me acerqué, mostré mi pasaporte y me presenté, fue el instinto natural que el masón adquiere de apretar las manos haciendo los clásicos tres toques sobre el pulso del receptor, y para mi sorpresa me respondió de la misma manera. Firme en su apretón de manos y mirando fijo a mis ojos. Esa oportunidad nunca debía esperarla, y nunca la olvidé, aproveché y presenté al hermano Coronel, queríamos entablar una conversación con el mayor responsable del Consulado, aquel hombre un poco menor de mi edad, dijo simplemente, está en la presencia de él. Soy Francisco Javier Canosa, (tío del autor del libro) Embajador Argentino ante el estado de Yugoslavia. Que en esos días se encontraba en Trieste, tenía una operación de embarcar a varios ex Nazis. Sólo atiné a decir “mierda” que más podíamos pedir, estaba más la suerte o el destino, junto a dos míseros ex oficiales alemanes que procuraban una salida de Europa. Entregué una tarjeta del Venerable Mestres de Sturgart, donde en el reverso estaba escrita la siguiente nota: “Hermano .: El favor que pueda dar al Sr, Albrech Alvaro Boehme, nos hará muy feliz. Un .: Abrazo, Venerable .: Mestres.” La leyó y me la devolvió". (efectivamente estaba ante un Hermano Masón)

"Solícito, nos pidió unos minutos, llamó a una secretaria consular, para que nos llevara hasta su despacho, donde un café nos fue servido, con el Coronel, no podíamos creer lo que estábamos viviendo, ya soñábamos que embarcábamos rumbo al continente americano. El Embajador argentino hizo su entrada, en el escritorio que utilizaba en sus muchos viajes a Trieste. Le hablé de mi doble nacionalidad, en fin, esclarecí el teatro que habíamos armados, nos escuchó atentamente, el resto de esa tarde fue dedicada a resolver nuestro problema. Infelizmente mi Hermano Coronel, no entendía nada de español, haciendo de traductor. Terminado el relato de nuestra vida militar en la guerra y en la post-guerra, él comenzó con su parte diplomática abriéndose a los hermanos masones alemanes. 

Nos contó que su trabajo de Diplomático, consistía en retirar a ciertos elementos nocivos de Europa, fue claro al hablar, mucho oro circulaba entre el Vaticano y el gobierno argentino de Buenos Aires, y los Nazis, ahí estaba la diferencia. El negocio de la ruta del Vaticano era para nazis, no para ex militares del ejército alemán, no obstante eso, la masonería, había entrado en ese juego, y él era el responsable para ayudar a miembros de las Ordenes Iniciáticas. También nos explicó, algunas de las dificultades, que enfrentaba con el sacerdote Draganovic, a quién tildó de ser peor que Hitler, es el Rasputín Croata, su codicia es impresionante por el oro, si puede rasgar con las uñas para tener un poco más en sus manos. El pretende tirar a los sacerdotes asesinos y sus comparsas. Según comentó su Tío Pancho, tenía serias dificultades con el sacerdote a cargo de supervisar la salida de los ex Nazis, la pelea era por la posesión de los pasaportes en blanco que en estaban en poder del Embajador. Draganovic, pretendía tener esos pasaportes en su poder, las quejas que hacía su Tío era que podía perder su decisión de mando. Por otro lado está el Mariscal Tito, un simple hombre coaccionado por el partido comunista, sea de Moscú como de Belgrado, se había entablado una amistad. 

El servicio de información argentino, nos ayudaría, no era aconsejable que nos quedáramos en Trieste, temía por Draganovic, había alcahuetes a sus órdenes dentro de Consulado. Por otro lado estaba la famosa Circular 11 que impedía de beneficiar a los inmigrantes con origen Judío. Consideró oportuno enviarnos a otra ciudad: Milán. Necesitaré de tiempo, dijo. Llamó a un Capitán del Ejército Argentino, que seguramente sería su agregado militar, explicó lo especiales que son estos hombres para el Gobierno Argentino, y se reportaran ante algún consulado argentino, o chileno una vez por semana, los gastos del hotel y comida, sería por cuenta de la Embajada. Además nos dio algún dinero para nuestros gastos personales. Su secretaria nos entregó salvoconducto por 45 días, a nuestro nuevo destino. Decidimos ocupar nuestro tiempo, como turistas, compré una máquina de fotos usadas, el coronel tenía prohibido hablar, ya que solo sabía hablar en Alemán.

A los pocos días, un argentino nos visitó, una corta carta escrita por el señor Canosa del consulado, que nos avisaba que en 20 días partiríamos. Pedía también que una vez leída destruyera la misma. El atento emisario preguntó muchas cosas, que anotó en código en un cuaderno los datos personales, peso, altura, nos preguntó por enfermedades crónicas, defectos, heridas de la guerra, parientes, en fin una clásica planilla; recibimos más dinero y pedí un número de teléfono para hablar con el Embajador, en esa conversación telefónica, sólo le pedí una cuenta para realizar la transferencia equivalente a 1 kg de Oro. Era justo lo que estaba haciendo, en este mundo nada se mueve si no a través del vil metal. Mi consciencia quedó en Paz, había pagado por mi libertad, sabía que no me defraudaría. 

A finales de 1946, el gobierno argentino abrió en Roma la oficina principal de la DAIE, siglas de la Delegación Argentina para la Inmigración en Europa, poniendo al frente de la misa a un sacerdote, el salesiano José Clemente Silva, capellán militar y hermano de un amigo de Perón, el General Oscar Silva. Desde el comienzo la DAIE trabajó estrechamente con la Iglesia Católica en Italia enviando emigrantes “Bona Fide” y rescatando la mayor cantidad de refugiados posible. Y de parte del cuerpo de “asesores confidenciales” del director de la Dirección General de Migraciones. Su función era “encausar la corriente inmigratoria Centro Europea con el consentimiento del Señor Presidente de la Nación”, quien le envían los Pasaportes en blanco catalogados con las siguientes letras. Letra P – Presidencia, interesados para la construcción del avión Pulqui y la Usina de Energía Atómica. Letra B – Banqueros Letra F – Fraude Letra C –Canosa (la que él utilizaba) Otras LETRAS Estaba prohibido entregar Pasaportes a personas Judías, en la Argentina, todavía existía la Ley antisemita la famosa CIRCULAR 11."

El libro narra también en voz de este alemán "arrepentido" la forma en que un grupo de alemanes radicados en las provincia de Río Negro forman parte de la cámara de horticultura y comienzan a realizar envíos de cargamentos de manzanas con el objeto de desviar la atención del principal objetivo que era el de traficar objetos de valor.

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