El insomnio

Del libro "La mujer de la bolsa" de Walter Gustavo Telesca, wgt ediciones 2010
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Los ojos hinchados, los oídos despiertos a sensaciones musicales y los pensamientos alertas. El insomnio tiene su lado positivo. No todo es pesadumbre y deseos frustrados de no lograr el sueño querido. Es la noche gorda con su pesado sobrepeso que nos aplasta sobre las espaldas y no termina de concluir su misión. La de pasar hasta la mañana siguiente. Parecería ser como que la que duerme es ella para nunca más despertar y sostener mi vigilia a la espera del amanecer. Los parpados bajos obligan a mantener la oscuridad necesaria para poder obtener la conciliación del sueño, pero no hay ceguera que lo logre. Debajo de ellos se desarrolla todo un film completo con imágenes pensadas que no son sueños. Imágenes recordadas, imaginadas. Y es así. Los números del reloj se agrandan cada vez más. A los pocos que había de pasadas la una, se sumaron varias vueltas que llegan a tres con cuarenta, lo que suma un total de casi doscientos minutos de desconcierto. Desconcierto que por otro lado es concierto, ya que suena música sin parar almacenada en la computadora, sucediéndose así temas de jazz, de rock sinfónico, de progresivo nacional como mezclándose para un imaginario debate de gustos y deleitando de los noctámbulos sueños que no son. Pensamientos de las tareas que vendrán, de los momentos vividos y de los futuros serán una mezcla incoherente con los deseos que comparten imaginaciones de lo que debería ocurrir para alcanzar esa tan deseada paz que permita el descanso. Sonidos, imágenes y ahora palabras escritas forman parte del universo del insomnio que se resiste a la mudanza de persona. Está muy cómodo el turro en mi cabeza, que a juzgar por su consistencia debería compararlo con un quiste, de esos que sólo mediante una intervención quirúrgica salen de su alojamiento. Pero quizás esta intrusada sea sólo por hoy… si, es así. Porque el próximo insomnio se ubicará en el día de mañana. Por hoy sólo tengo éste insomnio… mañana será otro. No es siempre el mismo… rotan, son como entes separados que van viendo en que cabeza desocupada introducirse. Bueno creo que es muy tarde y quiero dormir. Los minutos siguen muriendo… El reloj va a estallar de tanto que corre. No hay forma de descanso alternativo, “te llevo bajo mi piel” cantaba Diana Krall o quien sabe quien ¡ya no sé quien era! … creo que
eran voces en mi cabeza que le hablaban al insomnio.

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