La escritura que sana-salva

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Un texto publicado en la BBC sobre los beneficios de la escritura para trabajar los traumas y las experiencias negativas dispararon esta nota.
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En sus terribles años en Leningrado Ajmátova conoció a una señora que le preguntó si ella sería capaz de contar el dolor y la injusticia de aquella realidad. “Puedo” respondió Anna. De aquel encuentro surgió “Réquiem”, una de las mayores obras que haya dado la poesía universal en torno al dolor y a la necesidad de esperanza que tenemos los humanos.

La psiconeuroinmunología y la escritura

Sobradas pruebas tenemos ya de que la escritura expresiva puede salvar vidas. Muchos de nosotros lo hemos vivido en carne propia al encontrar ese refugio que la vida no nos daba, en las palabras, en la poesía, en la ficción. Sin embargo, supongo que puede resultarles tan sorprendente como a mí me ha parecido, leer acerca de los beneficios tangibles que esta práctica puede aportar a nuestra salud.

En el campo de la psiconeuroinmunología se estudia la estrecha relación que existe entre cuerpo y mente, y se proponen terapias conjuntas para ayudar a los pacientes a sanar el cuerpo apoyándose en técnicas que fortalezcan la mente. La salud de cada individuo es un todo y es imposible buscar el bienestar físico si antes no procuramos un equilibrio emocional; trabajar en conjunto ambas ramas de nuestra identidad puede sernos de gran ayuda para sentirnos más plenos con la vida que tenemos. Y la escritura es, parece, una muy buena forma de establecer este equilibrio.

El gran descubrimiento en torno a este tema lo hizo en 1986 James Pennebaker, psicólogo y profesor universitario. En una de sus clases pidió a sus alumnos que escribieran en una hoja aquellas cosas más dolorosas y traumáticas de su vida, aquellas difíciles de superar. Debían hacerlo dejándose llevar: narrando lo que les venía a la mano sin pensarlo. Al principio para los alumnos fue una situación difícil, porque ya sabemos lo doloroso que puede ser escarbar alma adentro. Sin embargo, el resultado fue impresionante. La mayoría de los alumnos de pronto comenzó a manifestar una sensación de bienestar que derivó en mejoras en sus estados de salud. Desde aquel hallazgo, la psicología ha trabajado intensamente por potenciar en los niños el descubrimiento del arte, para volcar a través de él los aspectos profundos de la vida.

Beneficios de la escritura terapéutica

La escritura expresiva es una de las terapias más utilizada en el terreno de la psiconeuroinmunología para trabajar la salud integral de las personas, partiendo de los resultados decisivos de aquel estudio. Los efectos sanadores de la escritura pueden ayudar a resolver diversas dolencias físicas, desde virus esporádicos hasta migrañas e incluso condiciones más graves como cáncer o epilepsia.

La escritura nos conecta con lo más profundo de nosotros, con esa parte arañada por la vida, y nos permite poner en palabras las sensaciones de determinadas situaciones nos han provocado. Y es, evidentemente, un muy buen analgésico contra el dolor a la vez que un buen recurso de exploración interior.

Es interesante destacar que, aunque al principio se creía que el efecto sanador tenía que ver estrictamente con la catarsis que provoca el exponer los pensamientos y experiencias más viscerales, con el tiempo se descubrió que el verdadero asombro de sus beneficios estaba en el lenguaje escogido para dicha catarsis.

Las tres características más destacables que compartían la mayoría de los textos son:

El uso de frases que incorporaban el pronombre ‘yo’. Permite hacerse cargo de la propia historia y es un primer paso para reconocerse en los hechos traumáticos y aceptarlos.

La utilización del nexo ‘porque’. Al ser, en esa búsqueda desesperada por explicar las diversas vivencias, una buena forma de aceptarlas y Contextualizarlas. 

El etiquetado de los sentimientos. Es decir, ponerles un nombre y explicarlos. Esto al parecer puede potenciar profundamente el sistema inmunológico y ayuda a resolver ciertas dolencias físicas.

De todo este fascinante estudio se desprende una preciosa conclusión: si por el hecho de imaginar un hecho ocurrido en el pasado y explicarlo podemos conseguir la sanación de las heridas; entonces la solución a nuestra vida no reside en resolver problemas del pasado remoto sino en aprender a canalizar correctamente las emociones y a explicarnos al margen de las experiencias.

Posiblemente Ajmátova no haya conseguido sanar el dolor de aquella experiencia pese a haber compuesto el “Réquiem”; sin embargo, sus palabras habrán servido para poner sobre la mesa todo ese dolor, para buscarle un significado y para entender que la escritura tiene una función mucho más valiosa y personal de lo que a veces nos damos cuenta. Una práctica que todos deberíamos asumir, con vocación o sin ella, para interpretar nuestra existencia y tener una buena salud integral. ¿Se animan a probarlo?

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