Isla de Malta.

La esencia del Mediterráneo.
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1 / 9 - La Valeta.

                    Comienzos del otoño en el hemisferio norte. Viernes, 6 de la mañana. Aeropuerto Internacional de Munich en el sur de Alemania, increíble su barra libre de café, té e infusiones varias, en la terminal de Lufthansa, sí, cómo lo están leyendo, uno se podía servir todo lo que deseaba, sin pagar un solo céntimo, mientras esperaba la salida del vuelo, toda cortesía de Lufthansa.  El cartel indicador de la puerta 18 anuncia la salida del vuelo.  Todos guardamos los móviles y los periódicos, dejamos los cómodos asientos y nos acercamos silenciosos, todavía con sueño, a la puerta de embarque, un avión de Air Malta, en código compartido con Lufthansa nos espera. Destino el Aeropuerto Internacional de Luqa, en la isla de Malta. En el corazón mismo del Mar Mediterráneo. El avión no sólo ha salido puntual, el servicio a bordo ha sido excelente y ha llegado a la isla destino antes de tiempo. Dos horas y quince minutos de vuelo.

Comienza un fin de semana a pura aventura. Llegamos a La Valeta, la capital de Malta nos espera.

Recogemos las valijas y salimos de la terminal para tomar el autobús de línea número 8. La parada de autobuses está situada justo delante de la terminal de salidas. Dicho autobús conecta el aeropuerto con la estación principal de autobuses de La Valeta, la capital Maltesa, 8 kilómetros entre un punto y otro y parte cada 20-30 minutos. Vale aclarar que los autobuses parecen sacados de una película de los años 50, algunos de ellos, muy del estilo de las películas americanas, similares a los autobuses escolares estadounidenses, son una auténtica reliquia, pero según hemos podido ver en la guía, llegan a todos los rincones de la isla y tienen una frecuencia muy razonable.

Subimos al bus y echamos a andar… por la izquierda, sí, en Malta conducen por la izquierda. Haciendo memoria y buscando en la guía, leemos que Malta fue colonia inglesa y la historia nos dice que tras la expulsión de los franceses en el 1800 el archipiélago paso a manos de Inglaterra que la convirtió en la principal base naval de ruta hacia sus colonias en Oriente. Durante la Primera Guerra Mundial Malta fue conocida como la “Enfermería del Mediterráneo” y durante la Segunda Guerra Mundial fue intensamente bombardeada entre 1939 y 1945. Al finalizar la contienda Malta quedó física y económicamente devastada. La Independencia de las islas se llevó a cabo mediante referéndum en mayo de 1964 y la proclamación de la República en 1974. En 1979 las fuerzas británicas se retiran de las islas luego de una presencia continuada de 179 años. En el 2004 Malta se convierte en miembro de la Unión Europea y en el 2008 accede a la zona euro y a fines de septiembre de 2017 llegamos nosotros como visitantes.

Ya en el bus, y a medio camino de nuestro destino, comenzamos a observar que el paisaje es árido y seco, piedras y pinos, con pequeñas ondulaciones y con un terreno que se ha aclimatado al sol y al viento, con zonas de poca vegetación. Claro, llueve muy poco en esta isla. Además, los distintos pueblos que se ven al costado de la autovía están muy pegados unos con otros formando una gran área metropolitana, un entramado de casas blancas y calles con mucha densidad de población (casi 1300 habitantes por km2). El microestado se divide en 68 consejos locales y en tres regiones, Gozo y Comino, Malta noroeste y Malta sudeste.

En La Valeta, la capital, se concentra a mayor parte de la población. Recuerdo haber leído en la guía que la República de Malta representa uno de los países más curiosos y excepcionales de mundo, pues se trata de uno de los naciones más pequeñas y jóvenes de Europa formado por tres pequeñas islas, Comino, Gozo y Malta con 450.000 habitantes. Desde los extraños monumentos megalíticos Patrimonio de la Humanidad hasta los diferentes templos, defensas y palacios que dejaron los famosos Caballeros de la Orden Militar y Hospitalaria de san Juan, su historia esta marcada por su estratégica ubicación en el corazón mismo del mar Mediterráneo entre la Europa latina y el Magreb africano.

La Valeta es un museo vivo al aire libre y la estación central de autobuses de la capital maltesa lo certifica, situada en la rotonda de entrada al casco antiguo de la ciudad. Todo parece un poco caótico, pero nada se sale de un guion ya establecido, cuesta acostumbrase a que el sentido del trafico vaya por la izquierda y más en una rotonda de estas características rodeada de monumentales edificios con cientos de años de historia sobre sus espaldas, el conjunto impacta, asombra, mientras el sol y calor se hacen sentir y los miles de turistas van y vienen sin parar.

Nuestro Hotel está a trescientos metros de la rotonda, estratégicamente situado frente a los Upper Barakka Gardens que junto a los Lower Barakka gozan de las mejores vistas del gran puerto de Malta, en su interior existen dos monumentos significativos; un templete en honor al capitán ingles Alexander Ball y el más reciente inaugurado por la reina de Inglaterra en 1992 que conmemora el 50 aniversario de la concesión de la Cruz de san Jorge al pueblo maltés.

Dejamos las maletas y nos disponemos a disfrutar de la ciudad que los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén fundaron en 1566 y que gobernaron la isla desde 1530 a 1798.

La Valeta deslumbra a primera vista. Es una ciudad amurallada y fortificada como pocas, con varios niveles de murallas. Están las murallas marítimas, y después, las que rodean el casco antiguo, también situadas a varios niveles. Siempre muy altas y anchas, lo que las hacía realmente infranqueables. Son éstas, sin duda, las construcciones defensivas que más impactan, al superar el profundo foso que hay delante de la rotonda, entramos en la Ciudad Antigua de La Valeta.

Su casco histórico con más de 320 monumentos, catalogados de especial interés, ha sido declarado por la Unesco en 1980 como Patrimonio de la Humanidad y cuando los turistas nos acercamos a ella, paseando por la estreches de sus callecitas, subiendo y bajando por un sin fin de escaleras, recién ahí nos damos cuenta de su real monumentalidad, una ciudad fortificada y amurallada con imponentes fortalezas, iglesias y edificios señoriales. La calle principal, Republic Street, recorre la ciudad en línea recta desde la City Gate o Puerta de Entrada, frente a la rotonda y hasta el fuerte de Sant´Elmo, un kilómetro y medio rebosante de edificios nobles y plazas emblemáticas.

Entre las monumentales construcciones están los edificios construidos con piedra, realmente macizos, con unas portadas ricamente decoradas y muy bien mantenidos y cuidados, algunos son ahora edificios oficiales de la república de Malta, como el Palacio de los Grandes Maestres, de estilo renacentista, la fachada del edificio de 89 metros de altura sigue la tradición italiana y en su interior están las oficinas de la presidencia de la República y del Parlamento Maltés, construido en el año 1570 por el arquitecto Girolamo Cassar.

La Biblioteca Nacional de Malta, este edificio ubicado en la Plaza de la República comenzó a construirse en 1786 por encargo de la Orden de los Caballeros antes de su expulsión por las tropas Napoleónicas en 1798, su interior aloja una colección de 400.000 libros y manuscritos medievales, así como el archivo de la Orden de los Caballeros de Malta que va desde el año 1113 a 1798. El Museo arqueológico, antiguo albergue de Provenza, construido en 1515, contiene tesoros arqueológicos de incalculable valor procedente de los yacimientos malteses y comprende objetos del período neolítico maltés.

Siguiendo la caminata por la calle de la República entramos en la Concatedral de san Juan (¿el lector se preguntará que es una Concatedral?, pues significa que comparte la dignidad o estatus de catedral con otra iglesia, en este caso con la catedral de San Pablo de Mdina). Este soberbio edificio del siglo XVI de fachada exterior sencilla y recta recuerda los originales principios de rigor y sobriedad de la Orden de los Caballeros, con una extraordinaria decoración barroca en su interior en base de pinturas al fresco y estucados. Cada uno de los albergues tenía su capilla en la Concatedral y aquí están sepultados ilustres Maestres de la Orden de Malta.

Disfrutamos de verdad de la visita, gracias a un sistema de audioguía incluida en el precio de la entrada, y en castellano, que nos permitió entender la historia de la Orden y de la iglesia. Además, el oratorio y el Museo Catedralicio contienen dos de las obras de arte más famosas de Europa como lo son La Decapitación de san Juan Bautista y el san Jérome dos cuadros del gran pintor italiano Caravaggio, que se exilió en Malta durante unos meses cuando tuvo que huir de Nápoles, perseguido por la justicia.

Comemos algo livianito en el centro de la ciudad fortificada, muy cerca de la Concatedral, en una terraza de la Plaza de la República; el centenario Café Cordina, que tiene unos atractivos frescos en la bóveda del techo pintados por Giuseppe Cali y unos sándwiches de atún y unas empanadas de queso feta calentitos que son un manjar. Aprovechamos para reponer energías y para ver pasar la gente en esa hermosa plaza que tiene una estatua de la reina Victoria de Inglaterra ubicada justo en medio de los jardines. La bebida gaseosa refrescante y los bocadillos nos dan ánimos para seguir ya que la tarde es perfecta, soleada, sin nubes en el horizonte, con una leve brisa marina y con buena temperatura.

Nos dirigimos al teatro Manoel, que se mandó a construir en el año 1731 y que es uno de los teatros más antiguos de Europa. Dice la guía que este teatro se destaca por su acústica, por su exquisita decoración paisajística y por su techo dorado, y se lo conoce en la isla con el nombre del “Teatro del popolo”.

Nos sorprende la gran cantidad de iglesias que hay en el casco antiguo de La Valeta y la gran cantidad de Santos y Vírgenes de todos los tamaños que hay tallados en todas las esquinas. Parece ser que el maltés es uno de los pueblos más devotos de Europa.

De camino al fuerte de Sant´Elmo nos detenemos en la casa Rocca Piccola, un palacio del siglo XVII construido por un caballero italiano de la Orden, en sus numerosas estancias se conservan interesantes pinturas, mobiliario, antigüedades y objetos de platería de una casa típica maltesa que ofrece una idea de las costumbres y tradiciones de la nobleza maltesa en los últimos 400 años.

El fuerte de Sant´Elmo, edificado en 1552 en la estratégica península de Sceberrás constituyó el símbolo de la resistencia maltesa frente al gran asedio turco de 1565, siendo totalmente destruido por los sitiadores. Luego de superado el sitio, en el cual no hubo sobrevivientes, el Gran Maestre de la Orden Jean Parisot de la Vallette dio instrucciones para su reconstrucción. Su forma de estrella permitía un férreo control sobre los puertos naturales que bañan ambos lados de la península donde se ubica La Valeta, el gran Puerto y el puerto de Marsamxet. Esa importancia estratégica también fue reconocida por los británicos que decidieron volarlo durante su ocupación durante los siglos XIX y XX, sufriendo como todo el conjunto graves daños durante la Segunda Guerra Mundial. Vuelto a reconstruir, actualmente alberga la Academia de Policía Maltesa y el Museo Nacional de la Guerra.

Caminamos un poco más y realizamos una última vuelta por el centro de la ciudad y ya finalizando la tarde pasamos por la Sacra Enfermería, el antiguo Hospital de la Orden de los Caballeros está situado en Mediterranean Street y data del año 1574, obra del arquitecto Girolamo Cassar y hoy es la sede del Centro de Conferencias Mediterráneas, en su auditorio se proyecta la exposición audiovisual Malta Experience que repasa los últimos 7.000 años de historia de las islas.

Seguimos caminando mientras nos acercamos al Upper Barakka Gardens, con sus cuidados y preciosos jardines y desde los que se disfruta de una preciosa vista del que es uno de los puertos naturales más grandes y más impresionantes de Europa: el puerto de la bahía de Malta, con sus tres ciudades amuralladas: Vittoriosa, Cospicua y Senglea.

Creo que no nos iremos muy tarde a dormir, ha sido un día muy movido y muy bien aprovechado y hemos asimilado siglos de historia y de historias, todavía queda mucho por recorrer y por ver, porque estas islas son el corazón y la esencia misma del Mediterráneo, porque estos pequeños archipiélagos fueron codiciados por varias civilizaciones a través de los siglos dado su valor estratégico. Por motivos religiosos, políticos o militares, las islas fueron el lugar donde se asentaron distintos pueblos; fenicios, cartagineses, romanos árabes, catalano-aragoneses, franceses, ingleses, dejando sus respectivas aportaciones culturales, arquitectónicas y gastronómicas.

Además de los innegables atractivos naturales, históricos y culturales Malta ofrece mucho más. En primer lugar, la tranquilidad y la seguridad. El nivel de vida de Malta es lo suficientemente alto para que la población viva feliz y que los turistas también se sientan contentos y felices.

En segundo lugar, hay que destacar la amabilidad de los malteses que no dudan en bajarse del coche o en preguntar a sus amigos para indicarnos un lugar, un hotel o un restaurante donde comer. En los bares y restaurantes se puede confiar en los camareros que nos aconsejarán adecuadamente sin elegirnos los platos más caros.

Por último, Malta es un destino muy asequible a nivel de precios. Tanto los vuelos como los hoteles, los restaurantes, las actividades y los souvenirs son muy accesibles y viables para todos los bolsillos.

Un bellísimo rincón del Mediterráneo que superpone en su diminuto, pero superpoblado, territorio de gente entrañable, un vasto legado histórico y artístico y enmarcado por un paisaje único; tierra, playas, sol y los tonos turquesa del mar Mediterráneo que hacen de Malta un destino perfecto.

Hasta la próxima entrega.

 Omar Magrini

Fuentes; Guiarama Compact

http://www.laguiademalta.es

www.nationalgeographic.com

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