La quema de libros, una mala costumbre humana

Humanidades 27/04/2017 Por
Una maldita costumbre de deshacerse de libros cuando el pensamiento autoritario no deja que fluyan otras formas de mirar la realidad.
libro arte
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Quema de libros.
Hace tiempo que le vengo dando vueltas a la frase que Heinrich Heine escribió en 1821 “Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”, así que me he puesto a investigar un poco sobre este tema.
Estos sucesos están motivados siempre por la misma razón, hacer desaparecer o al menos hacer inaccesibles ideas contrarias a la ortodoxia oficial, ya sea religiosa, política o ambas a la vez, es decir, impedir a los potenciales lectores el acceso a nuevas ideas que puedan poner en entre dicho las decisiones y/o las obras del poder establecido.

He recopilado la siguiente relación de pirómanos culturales. Son solo unos pocos ejemplos, pero representativos de estos actos en todas las épocas:
· En el año 612 A.C. se produce la destrucción de la biblioteca de Asurbanipal, en Nínive. Dentro de las luchas del rey con sus hermanos por el trono.
· La quema de libros en la China de Qin Shi Huang en el año 212 a. C.; muchos intelectuales que desobedecieron la orden fueron enterrados vivos.
· En la Alejandría del siglo IV se produjo el fin de su famosa biblioteca. Fin orquestado por el Patriarca de Alejandría Teófilo, suceso que es el hilo argumental en la reciente película Ágora de Amenabar. Parece ser que Teófilo aprovechó el decreto de Teodosio, de eliminación de los templos paganos, para destruir la biblioteca ya que era, de origen, un anexo del Serapeo.

Sócrates de Constantinopla nos dejó en el 440 el siguiente relato de los hechos:

“A petición de Teófilo, obispo de Alejandría, el emperador publicó una orden para demoler los templos paganos en esa ciudad, ordenando también que debía ser puesto en ejecución bajo la dirección de Teófilo. Aprovechando la oportunidad, Teófilo se esforzó al máximo para exponer los misterios paganos al desprecio público. Y para comenzar ordenó que el Mithreum fuese limpiado y se exhibiesen los símbolos de sus sangrientos misterios, que caricaturizó en público. Luego destruyó el Serapeum, que también mostró lleno de supersticiones extravagantes, e hizo arrastrar el falo de Príapo por el foro. Así acabaron esos disturbios, con el gobernador de Alejandría, y el comandante en jefe de las tropas de Egipto ayudando a Teófilo a demoler los templos paganos”

· A pesar de la destrucción del siglo IV, Alejandría siguió conservando un gran patrimonio bibliográfico hasta la conquista islámica. En ese momento cuando se consultó al comandante musulmán que hacer con los libros, este trasladó la pregunta al Califa Umar ibn al-Jattab, segundo descendiente de Mahoma, el cual contestó con lo siguiente:
“Con relación a los libros que mencionas, aquí está mi respuesta. Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo
con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos.”

· Quema de libros en la biblioteca de Córdoba ordenada por Almanzor, en la que se destruyeron todos aquellos libros que tratasen de filosofía, astronomía o que, en general, estuvieran incluidos en las denominadas ciencias ilícitas; en suma, todas aquellas materias que resultasen poco gratas ante la mirada de la ortodoxia. Un tipo Almanzor que no dudó en quitarse de en medio no solo a los libros sino a sus rivales en la corte, tuvo incluso el detalle de enviarle a su esposa la cabeza de su padre.

· Quema de libros de los albigenses, camino que también llevaron sus autores Cátaros. Celebre es la frase del legado papal Arnaud Amaury “Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos”

· A comienzos del siglo XVI, los andaluces de la Península Ibérica tenían la obligación, por orden de los Reyes Católicos, de entregar a las autoridades los libros escritos en árabe, siéndoles devueltos los que versaran sobre medicina, filosofía o historia, y quemados los demás. El Cardenal Cisneros salvó unos 4000 volúmenes que se conservan en la Biblioteca del Escorial.
Tampoco hace falta recordar el gusto por la hoguera de la Inquisición.

· La quema de 27 códices mayas en Mani, papiros que guardaban 870 años de investigación, perpetrada en 1560 por el obispo de Yucatán Diego de Landa. ¡Cuantos desmanes en América en pos de la Evangelización!
· También durante la Guerra Civil Española no nos privamos de destruir bibliotecas y libros, por los dos bandos
contendientes.

· La que es sin duda más famosa quema de libros del siglo XX, la quema de libros de autores judíos durante la época nazi, en Alemania. El 10 de mayo 1933, a pocos meses de haber tomado el poder, el régimen nazi ordenó quemar millones de libros de autores particularmente judíos o de izquierda. Tras los libros vinieron las personas, la Guerra Mundial, el Holocausto, y en definitiva la mayor tragedia de la Humanidad hasta la fecha.

· En Chile después del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 los militares chilenos requisaron y quemaron miles de libros. Aparte de hacer desaparecer libros, la dictadura de
Pinochet también hizo desaparecer a miles de opositores políticos.

· Quema de libros durante la dictadura militar Argentina (1976-1983): se descargaban libros como “basura marxista” para ser quemados. El 30 de agosto de 1980 la Policía de la Provincia de Buenos Aires quemó un millón y medio de libros y fascículos.
También es necesario recordar, como en el caso de Chile, los desaparecidos y los vuelos de la muerte.

· En Cuba bajo el régimen castrista en noviembre de 1968, se convirtió en pulpa los libros correspondientes a los premios de poesía y teatro del IV Concurso de Literatura de ese año, Fuera del juego, de Heberto Padilla y Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat, acusados, según el prólogo, de ser “partidarios de la propaganda imperialista de Estados Unidos y contrarios a la ideología de la Revolución”. Cuba donde solo se puede decir ¡¡¡Amén Fidel!!! si no quieres tener serios problemas.

· La quema de la Biblioteca de Sarajevo en 1992, en lo que fue el comienzo del sitio a la capital Bosnia que se llevó por delante miles de vidas.
Por tanto, tal y como afirmaba Heinrich Heine la destrucción de libros, o lo que es lo mismo, de las ideas y de la cultura va de la mano de la destrucción de la vida.

En este aspecto y gracias a la globalización esta maldita costumbre ha terminado, ya que poco útil sería una quema de libros físicos y no poder evitar su difusión en las redes sociales.

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