Certamen Poeta Esteban Agüero

Dentro del marco de los festejos por el centésimo aniversario del nacimiento del poeta sanluiseño Esteban Agüero, la SADE filial Brown, organizó un certamen que lleva su nombre. Aquí le mostramos a los ganadores.
casa del poeta aguero
casa del poeta Agüero

Este año se cumplen 100 años del nacimiento del poeta puntano Esteban Agüero y la SADE (Sociedad Argentina De Escritores) filial Almte. Brown le dedicó un certamen que lleva su nombre. En el mismo participaron cientos de escritores de la zona sur invitados por la SADE y en el cual se adjudicaban como premios para los ganadores de los géneros poesía y narrativa, la edición de un libro en formato digital con parte de su obra.

El Certamen que tuvo como jurado a escritoras de larga trayectoria de la zona de Adrogué como son la señora Norma Pérez y Edith Fernández Caruso, premio a los siguientes escritores: 

1° Premio de poesía: Gustavo Alarcón

1° Premio de narrativa: Malena de Bianchetti

Mención honorífica: Carlos Marasco

Además de la edición del libro en formato digital a los ganadores, el sello wgt ediciones realizará una antología con los trabajos seleccionados en la última etapa del proceso de elección que será presentada en el mes de diciembre en la Casa de la cultura de Adrogué.

Poesía ganadora

A mi madre

En tu imagen reflejabas la ternura,
la paz de esos ojos tuyos,
irradiaban ese aire en tu candor.

En tus palabras, el albor de mi tiempo,
amanecía en tus enseñanzas.

Eras pétalo en la flor,
calma en un mar azul,
dabas a tu paso, solaz y alegría.

Hoy, al recordar tu aire,
hace revivir en mi memoria,
tu presencia, aunque ya no estás.

Quisiera en estos versos,
dibujar tu imagen,
que es todo el cariño inmenso que eras,
definición nítida del amor de madre.

Eras camino de encuentro,
que se perdía en el horizonte de la bondad,
dejando huellas, que hoy tus hijos
queremos transitar.

Siempre estarás,
siempre serás aquella luz,
nunca habrá olvidos,
pues en tu imagen de madre:
volarán las luciérnagas,
nos acariciarán las brisas del amanecer,
y en los vientos del mar resonará tu voz, nombrándonos.

Siempre estarás,
siempre serás,
recuerdo indeleble de madre,
única e irrepetible,
reflejando tu imagen,
en los espejos de nuestras vidas.

Gustavo Alarcón

Primer premio en narrativa:

CORAZÓN DE LATA, AMIGOS DE ORO

Tomaban calladitos la leche Joaquín y su invento, el muñeco Coquito, hecho de lata y peluchito.
Estaban quietitos y en silencio para no enojar al padre del nene que recién llegaba de trabajar. No se movían, solo respiraban bajito mientras miraban una pequeña tele. Todo era triste y oscuro. El cuarto era el único lugar donde les permitían estar. Un día iba a cambiar la inmovilidad cotidiana una hermosa mariposa que pudo colarse a la pieza por una ventana. Era Tita, llena de colores y elegancia, hacía tiempo los observaba, ella los espiaba y le preocupaba verlos siempre aburridos, por eso planeaba entrar a la habitación sombría y entusiasmarlos con los lindos colores del jardín.
En principio tropezó con la molestia de Joaquín que casi la saca de una palmada al otro mundo. Coquito intervino para calmar a su amigo, explicándole que Tita era una habitante del exterior. Restándole importancia el niño volvió a mirar la tele atento solamente a que afuera de su habitación no haya empezado su papá a gritarle a su mami y a ponerse violento. No se detuvo en esa movediza habitante del cielo. Coquito se da cuenta porque huele el temor del niño, por eso le explica a Tita la mariposa que el señor se pone muy nervioso cuando toma unas botellas llenas de un líquido con alcohol y según grita su señora lo mezcla con otras “porquerías” que lo transforman en un demonio. El muñequito le explica: a mi me inventó en su tristeza, por eso soy un amiguito de peluche pero con corazón frío, de lata, para que no sufra.
La mariposa Tita no dejaba de pensar como lograr que ese chico pueda salir afuera, conocer el jardín, sus flores, la playa… Joaquín no se dejaba convencer por esa extraña multicolor, ni por su amigo Coquito, el espectáculo formidable del exterior tomaba color oscuro frente al miedo a los retos del padre alcoholizado. Sus amigos no se iban a dar por vencidos, entonces esperaron a que la casa comience a bostezar hasta quedar en silencio. Arroparon a Joaquín mientras dormía para sumergirlo en la belleza del afuera. Lo empujaron de la cama y le fueron indicando el camino.
Dormido fue difícil negarse, creía que estaba soñando con algo precioso y divino…
—Verás el mar— le dijo la mariposa. La frase lo emocionó y lo despertó de golpe, y contestó:
—Eso no es posible, me van a pegar. Pero Coquito le aclara:
—Duermen, cuando despierten volvemos.
Caminaban en la oscuridad de la noche, pasaron por el hermoso jardín, jugaron entre las flores y cuando empezaban a asomar los primeros hilos del sol. el ruido de la ola asustó a Joaquín. Y despacio, despacito los píes del niño tocaron la suave arena de la playa, sus piecitos eran mimados por algo suavecito como el peluche de su amigo. Coquito desesperó al ver el mar, su corazón de lata se llenó de calor y corriendo se sumergió en la primer ola. Joaquín aún pensaba: “¿Entro o no entro?”, de golpe el agua salada le dio un empujón hacia su interior, y el cuerpito dolorido del niño fue abrazado por la ola marina, una y otra vez, él y su amigo comenzaron a reír, era tanta la felicidad que la mariposa Tita no paraba de cantar. Ella danzaba sobre el agua, ellos se sumergían en la bella espuma del mar. El hechizo debía terminar, el sol comenzaba a brillar más fuerte y sus padres podían despertar. Despacito y en silencio volvieron a la habitación. Desde ese día el niño y su amigo Coquito esperaban las noches dónde la mariposa de la felicidad los llevaba a volar fuera del oscuro temor de su cuarto y los transportaba a la hermosa magia del juego compartido y la naturaleza abrasadora.
Corazón de lata, amigos de oro.

Malena de Bianchetti

Mención honorífica:

“… Y me encontraba de pie ante la vastedad incalculable de la noche, justo frente al abismo donde el tiempo se detiene y comienza a sonreír la eternidad. Sabía que me observabas, que estabas pendiente de mis versos. Sabias, que no me hubiese importado suplicarte.
Cerré mis ojos y sentí, que habías dejado de observarme y fue entonces que el tiempo, finalmente se detuvo y la eternidad, cobró sentido; abrí el alfiler de gancho que sujetaba mis alas y salté, no me importó hacia adonde, simplemente… salté.
Un latido antes que comenzara mi caída… tu enagua me atrapó…”

Carlos Marasco

Sobre Estaban Agüero

(Piedra Blanca, Provincia de San Luis, Argentina, 7 de febrero de 1917 – Ciudad de San Luis, 18 de junio de 1970) fue un poeta, prosista y escritor puntano.
Desde 1938, Agüero colaboró en el suplemento dominical del diario "La Prensa" (Buenos Aires), y en numerosas revistas y periódicos argentinos y extranjeros: "La Nación" (Chile), "El Comercio" (Perú), "El Hogar", "Mundo Argentino", "Vosotras", "Los Andes", "Los Principios", "Ideas" (San Luis) y "Revista de San Luis", entre otras.

En 1960 el diario Clarín de Buenos Aires otorgó al poeta el Premio del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo a su poema "Un hombre dice a su pequeño país", por voto unánime de los tres jurados, Jorge Luis Borges, Enrique Larreta y Fermín Estrella Gutiérrez.

En 1970, Antonio Esteban Agüero recibió el título de Doctor Honoris Causa Post-Mortem de la Universidad Nacional de San Luis.

Entre sus principales publicaciones se destacan: "Poemas lugareños" (1937), "Romancero Aldeano" (1938), "Pastorales" (1939), "Romancero de niños" (1946), "Cantatas del árbol" (1953), "Un hombre dice a su pequeño país" (1972), "Canciones para la voz humana" (1973) y "Poemas Inéditos" (1978). Éstas tres últimas obras fueron publicadas póstumamente por su segunda esposa: Rosa Romanella de Agüero.

Fuente: Wikypedia

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