El futuro nos espera con sed

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El agua es un elemento indispensable para la vida. Hay países como Israel que encontraron la forma de potabilizar el agua del mar para poder abastecer a su población que ya padece la sequía permanente. La Argentina tiene, entre muchos de sus recursos, los acuiferos subterráneos más importantes de América y sin embargo la mitad de la población no accede al agua potable.
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El agua subterránea es uno de los recursos hídricos más utilizados e impactados por el hombre. La Argentina presenta una amplia distribución de acuíferos de características diversas a lo largo y ancho de toda su geografía lo que permite la provisión de agua potable para consumo humano, sobre todo en gran parte de las localidades del interior del país; sin embargo, el mayor consumo sigue siendo el de riego para la producción agrícola.

América del sud, es el territorio que posee casi todos los recursos naturales que le faltarán a la Humanidad en este siglo y el próximo, además está poco poblado en relación a sus dimensiones y las mayorías de sus clases dirigentes están agotadas y corruptas, lo que permite que las negociaciones espurias se desarrollen con mayor inmpunidad.

Entre varios acuíferos subterráneos extendido entre las cuencas de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, el Acuífero Guaraní tiene una superficie aproximada de 1.194.000 km2. El 70% le corresponde a Brasil, el 19% a la Argentina; el 6% a Paraguay y el 5% restante a Uruguay. Hasta la fecha, de todos modos, se desconoce su alcance total, al punto que se ignora cuál es el extremo occidental de la reserva en Paraguay y la Argentina, donde estiman que llega más allá de la laguna de Mar Chiquita. También son estimaciones las que entienden que el Guaraní podría llegar, por el sur, hasta los grandes lagos cordilleranos argentinos.

Sus dimensiones son fabulosas: supera en tamaño a España, Francia y Portugal juntas. Con un volumen de 55 mil kilómetros cúbicos (cada kilómetro cúbico equivale a un billón de litros de agua), y con una explotación adecuada, podría abastecer a unas 720 millones de personas con una dotación diaria de 300 litros por habitante.

Ya en la década del sesenta se hablaba de lo importante que era cuidar el agua y de las conspiraciones internacionales que querían apropiarse de los acuíferos de alguna manera. A pesar de la existencia de semejante acuífero que se suma a otros menores en el sur de nuestro territorio, la mitad de la población argentina padece de la escasez de agua para su supervivencia.

Aunque parezca mentira la mala distribución de agua hace que una amplia zona del país, llamada “la media luna de las tierras áridas” que abarca San Luis, La Pampa, parte de Buenos Aires, la Rioja, Catamarca, Chaco y parte de Córdoba tenga problemas a la hora de abastecer de agua a la población, mientras el porteño ha aceptado el agua como un derecho divino adquirido por nacimiento y admitiendo que puede derrocharla o ahorrarla a su arbitrio.

La falta de previsión y de políticas estratégicas para el aprovechamiento de los recursos hídricos es un mal que nació con el desarrollo de las ciudades. En 1867 tuvo que sobrevenir una epidemia de cólera para que las autoridades tomaran consciencia y organizaran el primer sistema racional de expendio de agua potable con un establecimiento que purificaba el líquido que abastecía desde Recoleta a los habitantes de Buenos Aires.

¿Cuántos son los que saben que significa el agua para la humanidad? Uno en un millón afirman los hidrólogos. No hay consciencia del derroche y sobre todo no hay políticas. Si bien los países siguen necesitados como antes, el consumo aumenta día a día. Y si bien las dos terceras partes del planeta están cubiertas de agua, no siempre se encuentra dónde y cuándo se la necesita.

En países del medio oriente en donde las guerras entre musulmanes y judíos es casi permanente no siempre tiene un factor religioso, debajo de Jordán existe un acuífero que salvaría muchas vidas y en consecuencia la dominación política también se basa en la administración del agua. Lo mismo ocurre con el conflicto entre Pakistaníes e Hindúes que bregan por dominar una zona de valles fértiles y fecundos.
La conciencia de esta zona hace que en Irak la destrucción o deterioro de un canal de regadío es la muerte, considerado como un delito capital.

Los problemas son muchos y las respuestas no se dejan vislumbrar. Al hecho de que los recursos y reservorios de agua dulce se encuentran inmovilizados en glaciares y en las nieves polares que por malas políticas de preservación, entre las mineras y el calentamiento global están disminuyendo sin ser aprovechados, se le suman que la contaminación de las napas con residuos industriales disminuyen la cantidad de agua dulce para aprovechar.

El buen uso del agua que circula, la reducción de los caudales que se contaminan, el ahorro por parte de una población concientizada, las mejoras técnicas de riego en campos, la tecnologización de la extracción y la aplicación de políticas a largo plazo que cuiden el medio ambiente no pueden seguir extendiendo el presente inactivo porque el futuro nos espera con sed.

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