La rara colección de objetos de un otorrinolaringólogo

El médico estadounidense Chevalier Jackson fue una eminencia de las operaciones en otorrinolaringología pero se lo conoció más por su colección de extraños objetos que encontraba dentro de sus pacientes.
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Chevalier L. Jackson (1865-1953) fue un reconocido otorrinolaringólogo estadounidense, pionero en utilizar técnicas de broncoscopia y esofagoscospia para extraer objetos extraños de las vías digestivas y respiratorias.

Chevalier Jackson

       A lo largo de su carrera reunió exactamente 2.374 piezas. Todas ellas se encuentran expuestas al público en el  Museo Mütter del Colegio de Médicos de Filadelfia.

En los cajones y vitrinas de este inusual museo, se exhiben cientos de objetos cotidianos (botones, alfileres, tuercas, vidrios rotos, monedas y tornillos oxidados), junto a piezas únicas y desconcertantes. Resulta difícil imaginar que alguien se pueda llegar a tragar un reloj de pulsera, 3 vértebras de ardilla, la hebilla de un zapato o un gran medallón en el que, de manera contradictoria, aparece grabado “Doy suerte a quien me lleve”.

Su caso mas famoso (y el mas espeluznante), fue el de una mujer que sufría trastorno de pica, una enfermedad psiquiátrica en la que el paciente ingiere sustancias no comestibles. En total retiró 1.446 objetos de su estómago; entre ellos 453 clavos, 409 alfileres, 63 botones, 42 tornillos, 5 dedales y 3 dispensadores de sal y pimienta. Desafortunadamente murió en la mesa de operaciones.

Para visualizar el interior de las cavidades, el Dr. Jackson introducía por la boca del paciente un tubo hueco, con luz propia, por el que podía deslizar los instrumentos de agarre y atrapar el objeto inhalado o tragado accidentalmente. Inventó más de una docena de instrumentos para endoscopia.

La mayoría de sus pacientes eran niños, generalmente estaban despiertos y no utilizaba anestesia, por lo que el procedimiento (bastante desagradable), debía ejecutarse en un tiempo récord. El Dr. Jackson era mundialmente conocido por su rapidez y eficacia realizando esta técnica, que había ensayado repetidamente en perros y maniquíes.

Jackson Chevalier

 Practicaba varias horas al día aplastando cacahuetes con pinzas y fórceps, de este modo, calculaba cuánta presión podía ejercer sobre el objeto sin causar daños mayores. Consiguió tal habilidad, que los  instrumentos de agarre llegaron a ser una prolongación de sus propios dedos.

Su técnica, permitió salvar la vida de muchos niños, entre ellos, la de un bebé de nueve meses con cuatro imperdibles abiertos en su esófago. El propio Jackson, nos habla de este caso (el número 1.071), como su caso mas difícil.  En un descuido de los padres, su hermana había “alimentado” al pequeño, con los cuatro alfileres enmarañados con hebras de lana.

Todos y cada uno de los objetos extraídos, fueron celosamente archivados y clasificados por el propio Dr. Jackson. En sus notas, ofrecían un detallado registro, que podía ser consultado en todo momento por otros médicos. En ellas, incluía la edad y el sexo del paciente, el material, si había utilizado o no anestesia, el tiempo de extracción y si el paciente había sobrevivido.

Muchos objetos de su colección eran elementos imprescindibles en sus conferencias y cursos. Impartió clases en mas de seis universidades, (entre ellas la Universidad de Pittsburgh, el Jefferson Medical College), educando los ojos y las manos de los futuros médicos. Según una estimación, los estudiantes a los que entrenó salvaron mas de medio millón de vidas usando sus técnicas. 

Como broche de oro a su carrera profesional, intentó terminar, (o al menos disminuir) el número de accidentes infantiles. Hizo suyo el lema es mejor prevenir que curar  y emprendió una cruzada, exigiendo un mayor control de las sustancias peligrosas a disposición de los niños. Su persistencia obtuvo como resultado la aprobación de la Ley cáustica de 1927, que obligaba a  etiquetar, debidamente los productos venenosos y desarrolló una técnica para dilatar el esófago, quemado o con cicatrices, de  estos niños, tras ingerir productos corrosivos. Les enseñó a tragar un tubo largo y flexible e imaginarse que eran tragadores de sables.  Ayudando a muchos de ellos a comer y beber de nuevo con normalidad.

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