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La cinematografía tuvo en Manoel de Oliveira no solo a un gran director sino al más longevo y activo de la historia mundial. Murió a los 106 años y su última película la estreno antes de morir.
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El cineasta Manoel de Oliveira murió en 2015 a los 106 años. La noticia sombra por su longevidad, pero más aún si nos enteramos que hasta los 104 siguió filmando a pesar de su salud debilitada. Oliveira comenzó la carrera en la década del 30 haciendo cortometrajes y documentales mudos, (el primero se llama “Douro, Faina Fluvial”, y trata sobre los pescadores del río que baña la ciudad de Porto) que lo fueron transformando en uno de los mayores cineastas portugueses.

En 2013 se recuperaba de una internación a causa de una insuficiencia cardíaca, pero seguía pensando en los dos filmes que el cineasta tenía como proyectos a realizar, uno inspirado en cuentos de Machado de Assis, llamado “La iglesia del diablo”, y otro en textos de Camões y Cervantes.

Según el productor Luis Urbano, ambos proyectos están en proceso de planificación. “A igreja do diabo” debe tener en el elenco a Fernanda Montenegro y Lima Duarte. Para escribir el guión, Oliveira combinó tres cuentos, “La misa del Gallo”, “Ideas de un canario” y “La iglesia del diablo”, formando una sola narrativa que finalmente se estrenó en 2014 con el nom,bre de "El viejo de Belén"

Antes de llegar a los cien años de vida, Manoel de Oliveira lanzó un filme llamado “El gebo y la sombra”, sobre las secuelas de la crisis económica, en Europa y un corto llamado: “El conquistador conquistado”, En su aniversario de 100 años, (2008) Oliveira tambiém festejó filmando y rodó su película número 42º, “Singularidades de una muchacha rubia”, que estrenó en 2009, en el Festival de Berlín.

Hijo de un industrial de la región norte de Portugal, en 1933 participó como actor del primer filme hablado de ese país: “A canção de Lisboa”. Nació el día 11 de diciembre, pero en su documento consta como día de nacimiento el 12 porque fue registrado un día después.

“Nosotros no determinamos nuestro destino, es nuestro destino que determina nuestras vidas. No sabemos porque el destino nos coloca en esta tierra. No somos señores de nosotros mismos, dependemos de fuerzas oscuras que nos dan nuestros impulsos”, dijo alguna vez el gran director.
Adepto al realismo y de una visión fatalista, Oliveira se niega a realizar producciones comerciales y dejó en claro que no trabajó pensando en el público que va a mirar sus filmes.  “No pienso en el público porque no entiendo esa palabra. Públicas son las as butacas, las salas. Las personas no son públicos, cada uno tiene su identidad propia y una forma muy particular de ver y vivir.”

La elegancia de Oliveira, su sentido del humor y su, “misterio de frescura y vitalidad”, lo convirtieron en ejemplo de artista. Oliveira, en la pantalla de la gran sala del Festival de Cannes, en 2008, cuando recibió La Palma de Oro y tras ser aplaudido de pie entre otros por Clint Eastwood, confesaba que eligió el camino de director de cine porque era un mal actor, su verdadera vocación, y que, si existe “una ética cinematográfica”, nadie la representa para él como Charles Chaplin, Alfred Hitchcock y “quizás Buñuel”.

Desde los setenta años y de un modo continuo, realizó todo tipo de producciones fílmicas, a menudo de género narrativo inspirándose en escritores clásicos o contemporáneos, alternando en ocasiones con documentales. Desde 1975, elige un cine estático, rueda con planos fijos: “¿Tú mueves la cabeza a lo loco para mirar algo? No, la cosas se mueven delante de ti, y tú las sigues a veces en una panorámica”. dijo alguna vez. Su películas narrativas se caracterizan por una marcada teatralidad y una casi constante reflexión acerca de la naturaleza del arte, el espectáculo y la complejidad del ser humano, siendo sus directores preferidos entre otros el italiano Roberto Rosselini quien tiene esas cualidades profesionales.

Su consagración al público mundial le llega de la mano de "Benilde o la madre virgen", de 1975 (basada en la obra teatral de José Régio), momento en el cual va a empezar su reconocimiento internacional y su normalización en Portugal. Oliveira rodará con relativa facilidad a partir de entonces más de treinta filmes hasta apenas un año antes de su muerte, siendo el cineasta más longevo que tuvo la historia del cine desde sus orígenes.

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