Décadas sin Buñuel y un vacío que no llena

Cine 30/04/2017 Por
Considerado uno de los más originales realizadores de todos los tiempos, el hispano-mexicano Luis Buñuel nos dejó su arte por siempre y la impronta a 34 años de su desaparición física sigue tan fuerte como entonces.
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Luis Buñuel nació en Calanda el 22 de febrero de 1900. Su padre, Leonardo Buñuel González, originario del mismo pueblo, donde tenía un negocio de ferretería, había conseguido una pequeña fortuna en Cuba y tras la guerra de independencia liquidó sus negocios y volvió a su pueblo natal, donde se casó con María Portolés Cerezuela, mucho más joven que él, con la que tuvo siete hijos: Luis (1900), María (1901), Alicia (1902), Concepción (1904), Leonardo (1907), Margarita (1912) y Alfonso (1915). A los cuatro meses del nacimiento de su primogénito, la familia se trasladó a vivir a Zaragoza y a partir de entonces pasó a repartir sus vacaciones entre Calanda (donde regresaban en Semana Santa) y San Sebastián

A los 17 años, terminado el bachillerato, partió a Madrid para cursar estudios universitarios. En la capital se alojó en la recién creada Residencia de Estudiantes, fundada por la Junta para la Ampliación de Estudios, heredera del espíritu del krausismo pedagógico y la Institución Libre de Enseñanza,3 4 5 donde permaneció siete años. Su propósito, inducido por su padre, era estudiar Ingeniería Agrónoma. En esta época se interesó por el naturismo y llevó una alimentación y vestimenta espartanas, gustando de lavarse con agua helada. Tomó parte de las actividades del cine-club de la Residencia y trabó amistad con, entre otros, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pepín Bello y Juan Ramón Jiménez. También participó en las tertulias ultraístas y, todos los sábados desde 1918 hasta 1924, en las del Café Pombo, dirigidas por Ramón Gómez de la Serna..

Tras su infortunada estadía en Estados Unidos y su accidentado paso por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y Hollywood, Luis Buñuel decide afincarse en México. El reconocido artista se suma a la vasta legión cultural española, la cual había arribado al país desde finales de los años treinta. En 1924, año en que Dalí le realiza su primer retrato, se licenció en Historia y renunció al doctorado, decidido a marcharse a París, la que por entonces era capital cultural de occidente.

Hasta que en 1932 asistió a la primera reunión de la Asociación de Escritores Revolucionarios (AERA), se separó del grupo surrealista y se afilió al Partido Comunista francés. Contratado por la Paramount, regresó a España y trabajó como responsable de sincronización. En 1933, filmó Las Hurdes, tierra sin pan, un documental sobre esa comarca extremeña. La derecha y la Falange Española comenzaban a rebelarse en España y la película fue censurada por la joven y débil Segunda República Española por considerarla denigrante para España. Ese mismo año firmó un manifiesto contra Hitler con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Sender, Ugarte y Vallejo.

Todo este bagaje le familiarizó con el oficio cinematográfico y le permitió conocer a buenos profesionales y actores que después habrían de colaborar con él en Un perro andaluz y La edad de oro, sus dos primeras películas. Como crítico, elogió el cine de Buster Keaton y atacó, por considerarla pretenciosa, la vanguardia cinematográfica francesa, en cuyas filas militaba el propio Jean Epstein. Es conocida su ruptura con éste al negarse el aragonés a trabajar en el nuevo proyecto del más reputado de los directores vanguardistas franceses, Abel Gance.

La brillante Nazarín, adaptación de la novela de Benito Pérez Galdós, reúne a un cuadro de talentos del cine mexicano (Marga López, Ignacio López Tarso, Rita Macedo, entre otros) y al español Francisco Rabal en una historia con temas recurrentes del realizador: el fanatismo religioso y los prejuicios sociales.

El ángel exterminador y Simón del desierto, son dos ejemplos de la etapa más libre y creativa del realizador en México, fruto de su colaboración con el productor Gustavo Alatriste y protagonizadas por la bella Silvia Pinal. Juntos viajaron a España a proponerle el proyecto que se convertiría en Viridiana, la única película de habla hispana con una Palma de Oro del Festival de Cannes.

Antes de que Buñuel realizara este trabajo, ya era conocido en México, pues en 1950, con cintas como Un perro andaluz y La edad de oro bajo el brazo, el cineasta filmó Los olvidados, una de sus obras maestras, con la que obtuvo el premio a Mejor director en el Festival de Cine de Cannes, certamen al que Silvia Pinal llegó una década después a presentar Viridiana.

La década en que trabajó Luis Buñuel en Viridiana(1961), El ángel exterminador (1962) y Simón del desierto (1965), es la época a la que Pinal regresaría sin pensarlo dos veces. “Era un director con el que todos morían por trabajar, era tan culto, tan creativo y lo más importante es que tenía un humor muy ácido para relatar sus historias”. El ojo crítico del cineasta se puede constatar en los más de 30 filmes que realizó y con los que logró ser uno de los artistas surrealistas más importantes de su época.

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