Cuando la luna fue hombre

El estereotipo en todas las culturas antigüas y modernas es que el Sol es considerado masculino y la Luna femenina, pero en la historia existen mitos y leyendas en las que no es así.
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En la historia de las civilizaciones y en las distintas culturas orginarias los astros cumplieron -y cumplen hoy en día- un papel muy importante en el desarrollo de los mitos y leyendas de cada sociedad.

Encontramos así que en la mayoría de las civilizaciones europeas, por un lado, africanas por otro y también en las americanas tanto los planetas como el sol las estrellas y la luna tienen un papel preponderante en la planificación cotidiana de las poblaciones que se dejan guiar por sus influjos.

Estos influjos estelares no son otra cosa que la creencia -comprabadas o no- de la influencia de cada uno de los astros en las situaciones de la vida del ser humano, sea de la cultura que fuere.

Los griegos, los romanos, los egipcios, los hindúes, todas las civilizaciones antigüas han dibujado, escrito y teorizado sobre la existencia de los planetas, incluyendo al sol y a la luna dándoles un lugar de privilegio en la constitución de sus dioses, y hasta mismo en la consagración de estos cuerpos estelares como dioses mismos. Y es en esta consagración en la que muchas culturas han humanizado a los astros dándoles condiciones humanas como si sin estas condiciones estuviesen incompletos.

Las más común de las condiciones humanas que se le otorgaron a los astros es la de denominarlos según el género sexual con el que fueron identificados. De esta forma hallaremos que el sol siempre fue identificado con el hombre y la Luna con la mujer.

El porqué es a veces muy simple, el sol es el proveedor de energía, el que protege, y esas condiciones en muchas culturas y sobre todo en la antigüedad eran condiciones exclusivamente masculinas.

La luna en cambio siempre estuvo dotada de elementos femeninos como la pasividad, la alternancia, la regeneración (como recopilara Juan Cirlot en su libro “El ojo de la mitología, su simbolismo”) y es por ello que todas las civilizaciones la tratatran como mujer.

En las culturas de América ocurría lo mismo, desde los Incas, hasta los Mayas, pasando por pueblos como Guaranies, Calchaquíes, Onas por mencionar sólo a algunas de las comunidades que habitaban estas tierras consideraban al sol como hombre y a la luna como mujer. Condiciones que estaban dadas por su cosmovisión del universo

Pero en todas las reglas existen las excepciones y entonces descubrimos que al menos en dos leyendas de pueblos originarios de América esta tendencia a considerar al sol: hombre y la luna: mujer, se rompe cuando transmiten sus leyendas.

Hablamos de dos pueblos muy distantes entre sí: Los Guarayos, un pueblo selvático que habitaban el norte de Bolivia y los Inuits (o esquimales) que habitaron el norte de América en la región ártica y polar de Alaska,

Estos dos pueblos no tenían comunicación entre sí y eso es lo más llamativo, pero en sus leyendas consideraban a la Luna de diferente manera que el resto de las comunidades. Mientras que el resto de América y la mayoría de las civilizaciones los consideraban como dijimos sol: hombre; Luna: mujer, esos dos poblados seguían las mismas leyendas pero contrariando sus sexos.

Si bien es cierto que la globalización recién nos llegó en el último siglo, parece ser que la unificación de criterios en modificar estereotipos ya venía de antes, desde el sur y el norte de nuestro continente.

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