La herejía de Akenatón

Literatura 19/04/2017 Por
La herejía de Tell el-Amarna, el reinado de Akenatón, es sin duda uno de los más controvertidos de la historia del antiguo Egipto.
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Situándonos en el contexto histórico de aquel país, podemos decir que reina la que, a la postre será, la más poderosa dinastía de su historia, la XVIII, que cuenta con la lista más impresionante de faraones, entre los que mencionamos a Ahmose, Amenhotep I, II y III, Hatshepsut, y dentro de los Tutmótsidas el más famoso que fue Tutmótsis III conocido como el Napoleón Egipcio.

¿’’Paralelo al crecimiento del poder de la dinastía, crecía el poder del clero de Amón, sobre todo desde la época de Hatshepsut, ya que para legitimar su poder como reina-Faraón se autoproclamó hija de Dios, algo que no podría haber logrado sin la complicidad del clero, que evidentemente no iba a ser gratuita. Y digo ésto porque , luego de la aprobación del nuevo “título” asignado, el sumo sacerdote de Amón se convirtió en un poder paralelo al de la monarquía.

El punto culminante de esta dinastía llega con la subida al trono de Amenhotep IV, quien, influenciado por su madre se había convertido al culto solar de Atón.

La maniobra de Amenhotep IV o Akenatón, que sería el nombre que tomaría y con el que pasaría a la historia, hay que mirarla desde tres puntos de vista, uno el religioso, otro el político y otro económico.

Desde el punto de vista religioso, el establecer un culto monoteísta y único perseguía unificar a los diferentes pueblos del imperio. Egipto se encontraba en el máximo de su extensión territorial, bajo un culto aceptable por todos, ya que, todos los pueblos de la zona de una u otra manera practicaban cultos solares.

También perseguía un fin político ya que se quitaba de encima la sombra del clero amonita y de paso con la expropiación de sus bienes las arcas reales se incrementarían considerablemente, dándole más poder aún.

Lo cierto es que el plan tenía algunos puntos débiles muy importantes, uno era que el poder de los sacerdotes de Amón era más fuerte del previsto e incluso desde la clandestinidad supuso un serio problema y segundo, el pueblo tenía su devoción clara hacia Amón y el resto de dioses tradicionales, por lo que aunque oficialmente sólo adoraban a Atón, en privado seguían con sus antiguas prácticas.

Además de esto Akenatón cometió un grave error al erigirse en único profeta e interpretador de la nueva fe, por lo que ponía en serio peligro su continuidad cuando él desapareciera.
Muy pronto el faraón vio que no le sería posible vencer los obstáculos y que cambiar la sociedad egipcia no era tarea fácil, como había pensado.

Al darse cuenta optó por alejarse de todo lo establecido, y se embarcó en la construcción de una nueva capital, una nueva y gran ciudad que sirviera de simiente del nuevo estado que trataba de crear, esta ciudad fue Akhet-Atón, la Ciudad de Atón, - actual Tell el-Amarna -.

Esta nueva metrópolis favoreció uno de los rasgos más representativos de esta época, y es la revolución del arte y la sociedad. Hasta entonces las representaciones artísticas del rey tenían un papel oficial e institucional, y no se salían de los cánones clásicos, en Tell el-Amarna se abandona estos cánones y el arte pasa a un estado donde lo que prima es el realismo, ya no se representa al faraón como un ser perfecto, sino que se le representa tal y como es con sus defectos físicos, que por lo que se ve en los grabados eran muchos y claramente apreciables.

Además supuso un cambio social hacía lo popular, ya que hasta la fecha la familia real era intocable y prácticamente invisible fuera de los actos oficiales y durante el reinado de Akenatón y Nefertiti la familia real modificó esto y comenzó a relacionarse con los habitantes de el-Amarna gustando pasear en carro por sus calles.

Todo se vino abajo tras la muerte de Akenatón, y aunque la reina trató de mantener la única fe de Atón, el clero amonita mostró todo su poder para revertir la situación , lográndolo, no sólo por el deseo del pueblo, sino que contó también con el apoyo del ejército, que estaba molesto con los cambios, ya que acostumbrados a una dinastía de reyes-guerreros, no soportaban el gobierno de un artista místico.

La anécdota más sobresaliente de este malestar es contada por un guerrero a quien ante la petición de refuerzos de una de las guarniciones de la frontera el rey les envió un poema pacificador.

Como si todo esto fuera poco Akenatón junto a su esposa Nefertiti no tuvieron ningún hijo varón, sólo mujeres que dejarían a la dinastía sin un heredero directo. Esta situación provocó una época de gran inestabilidad, que se subsanó tras la ascensión al trono de Tutankamón, nacido como Tutánkatón, razón por la cual se especulaba con la idea de que pudiera ser hijo de Akenatón, que se desterró con otra teoría, más aceptada, de que era su sobrino.

Con Tutankamon en el poder se volvió al antiguo culto, y cuando parecía que todo volvía a su cauce normal en Egipto, la temprana muerte del faraón trajo un nuevo periodo de incertidumbre.

Por entonces el visir sucesor, consiguió subir al trono durante 4 años con el nombre de Ay, pero la dinastía XVIII ya estaba tocada de muerte y la situación no se estabilizaría hasta la llegada de Horemheb y la XIX dinastía, que volvió a modificar las cosas.

Entre ellas, una de las primeras medidas de Horemheb fue borrar todo registro de Akenatón, Tutankamon y Ay, destruir la ciudad de Tell el-Amarna y erigirse en sucesor directo de Amenhotep III, finalizando de cuajo con la dinastía que marcaría una época.

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