Las arañas

Literatura 14/05/2017 Por
Un nuevo relato de la autora Platense Alcira Cufre
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LAS ARAÑAS


Solía entretenerme, a la hora de la siesta atrapando pequeñas arañas dentro de un frasco. Recorría de punta a punta la pared de un viejo Fuerte abandonado desde hace siglos, cerca de la playa y buscaba agujeritos entre las piedras, desde donde emergían. En cuanto capturaba dos o tres, cerraba la tapa y con un clavo y un martillo le hacía algunas perforaciones para que no murieran asfixiadas, luego las llevaba hasta el otro extremo y las soltaba para que anidaran. Pensaba en mi juego que las llevaba de viaje a conocer otras tierras. Se escondían y al otro día habían construido sus casas y estaban afuera tejiendo la red.

Siempre encontraba un rincón donde alguna tejía afanosamente su trama y creo, que a partir de esos momentos maravillosos, les pude captar el riesgo de lanzarse al vacío y volver, con todo calculado al observar la constancia diaria, para trazar los caminos que aseguraran su sobrevivencia. Un día encontré una que tenía estampado en su cuerpo, hermosas figuras de colores y estaba cubierta con una enorme tela. Con sumo cuidado la transporté, hacia la corteza de una palmera, porque mi abuela me había contado que esa araña, se había enamorado de un pirata que llegó a la isla y por más que mostró sus tornasolados colores, no logró conquistarlo. En la palmera, pensé, cuando vuelva él, podrá verla. A partir de ese momento ella mirando en inmenso mar comenzó a tejer con frenesí y día a día la tela comenzó a crecer, como si fuera un traje de novia. Cuando se ponía el sol los colores eran maravillosos y la gente del pueblo venía a admirarla. Mi abuela decía: No se acerquen, que es tan venenosa como bella. Era su crecimiento extraordinario. Cada amanecer con unas gotas de rocío, parecía una estrella colgada de la palmera. Pero un día, sopló un viento muy pero muy fuerte, que la arrancó con su traje y comenzó a volar. En ese momento, un pescador llegaba a la playa con la carga, al final del día. Dicen que lo confundió con el pirata del que estaba enamorada y cayó con su traje sobre su bote cubierto de un maravilloso velo tornasolado con maravillosos colores. El pescador, también arrastrado por el viento, se fue alejando mar adentro y nunca más se supo nada de su barca ni de él.

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