Como al mejor cazador, a veces, se nos escapa la liebre

El desdibujamiento de las prácticas morales que se generan desde el seno familiar hacen pensar erróneamente que está todo bajo control. Pero no es así.
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1 / 2 - Niño con rifle

Un hecho que trascendió este último mes, indicaba que una jueza aplicaría un castigo a una niño por haber disparado con un rifle de aire comprimido. Fue como un detonante de reflexión para comprender en que tiempos estamos viviendo. Por un lado la madre, si bien se hizo cargo de la responsabilidad que le competía por el accionar de su hijo, desestimó la idea de ser responsable de comprarle un arma a su hijo.

Es decir, creo, y sin temor a equivocarme, que un niño sólo puede utilizar un arma si la tiene a su alcance. Si no hubiese existido la idea de comprarle al pequeño un rifle de aire comprimido sin tener en cuenta las consecuencias que esto podía acarrear, el hecho no hubiese ocurrido. Algunos dirán que caí en un reduccionismo simplista. Pero más allá de los tiempos violentos en los que se viven, si desde el pequeño ámbito y la gran institución que conforma la familia, no contribuimos a que podamos vivir en paz, la sociedad será un reflejo de aquella que no pasa por su mejor momento.

La disgregación de la familia, el individualismo del hombre, la disminución del tiempo compartido entre padres e hijos, la falta de conciencia, la falta de la figura paterna (cada vez más presente en los hogares) son entre otras cosas los desencadenantes para que los deseos de liberación de los chicos se incrementen y con ellos una violencia social que sin saberlo se desprende de su inconsciencia.

El castigo de este chico está bien impuesto desde el pensar de la concientización del menor para hacerle notar lo malo de su accionar, pero deberíamos reflexionar si en realidad son ellos a los únicos que hay que castigar o si pensar a los padres com los responsables de haberle regalado (o permitido que le regalen) un rifle de aire comprimido. ¿Hasta donde se puede afirmar que un arma de juguete no es un arma? ¿Acaso no han sucedido asaltos reales con armas de juguete? ¿Acaso los balines de aire comprimido compuestos de plomo, no lastiman?

La sociedad esta enferma y es en estos hechos o en frases que se resaltan sus patologías ocultas. Como los dichos de la abuela de uno de los menores castigados que afirmó: “fue sólo una broma de chicos, que estaban cazando pajaritos y se les escapo un tiro”. Afirmar que el acto de matar aves –por el hecho de divertirse- es sólo una broma de chicos nos indica que con esta mentalidad enferma la sociedad está desviándose por carriles de vías muertas en lo que refiere a un mejoramiento de los valores internos.

No se trata de maximizar el tema, pero después nos desgarramos las vestiduras cuando ocurren casos, como el sucedido hace unos años en Carmen de Patagones cuando un adolescente armado mató a tres compañeros e hirió a cinco, porque lo cargaban, (o como se dice en la actualidad era víctima de Bulling) y son estos indicadores los que nos marcan que algo no está funcionando bien en la sociedad. Y si de disfuncionalidad hablamos, no puedo dejar de pensar en todos los delincuentes que se aprovecharon de la falta de seguridad para saquear negocios, que en algunos casos, pertenecían a vecinos y conocidos.

¿Será que los controladores sociales de los valores morales están desdibujándose? Acaso ese espíritu individualista y egoísta que nos atrapa con el “yo hago mi vida el resto no me importa“, es el que nos hace, por ejemplo, pensar mal de los maestros porque no saben lo que pretendemos, en los símbolos patrios porque no sirven para nada, en las sanciones en las escuelas porque no surten efecto, y en muchas otras cosas que va generando en la figura de la familia un desdibujamiento de los límites que antes se imponían y que marcaban la línea de lo bueno y de lo malo y ahora todo da igual.

Es muy factible que uno piense que controla a sus hijos y que saben como están, donde y acompañados por quien, pero son estos pequeños hechos (y no tan pequeños) los que nos abren los ojos y nos ponen en alerta de que formamos parte de la sociedad y todos colaboramos a formarla o a deformarla, y por eso, cuando se escucha a abuelas que justifican la matanza de animales como una broma de chicos, o a madres de saqueadores justificando el robo, escondiendo en sus declaraciones la falta de control y la escases de formar con valores, deberíamos pensar que la soberbia del pensarse omnipotente no es el camino para corregir errores y que en ocasiones cuando creemos tener el control de la situación como al mejor cazador a veces se nos escapa la liebre.

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