Buenos Aires, capital del libro

Literatura 19/04/2017 Por
Las librerías de Bs. As. tienen ese queseyó, ¿viste?
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Muchas veces los bibliófilos hemos mirado de reojo y con sana envidia el auge que gozan los libros en las librería europeas. Pero no podemos negar que disfrutamos, en nuestra porteña ciudad de Buenos Aires, de no pocos privilegios y satisfacciones: sin ir más lejos, cuando nuestra urbe recibió de la Unesco la distinción de “Buenos Aires Capital Mundial del Libro 2011”. Para la ocasión, el Ministerio de Cultura de la Ciudad organizó actividades como el ascenso a “La Torre de Babel de Libros”, creada por Marta Minujín en Plaza San Martín (barrio de Retiro). Más de cincuenta países donaron, a través de sus embajadas, asociaciones y delegaciones, libros en su idioma original (novelas, cuentos cortos, poesías, ensayos, de historia, y de arte, entre otros). La torre fue montada sobre una estructura de veinticinco metros de altura, donde treinta mil ejemplares en todos los idiomas, fueron colocados para ser recorridos por los visitantes.

La distinción de la Unesco no es azarosa: nuestra capital, de gran trayectoria cultural, organiza desde 1975 la Feria Internacional del Libro, renovando y actualizando el evento cada año. De la misma manera, la Noche de las Librerías (organizado por el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) convoca a salir en las tibias noches de verano a visitar confiterías tradicionales y librerías que trasnochan especialmente para ofrecer actividades literarias libres y gratuitas.
También la Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina (ALADA) suele organizar (desde el año 2004), la Feria del Libro Antiguo, con la presencia de reconocidos libreros anticuarios exponiendo algunas de sus joyas bibliográficas. Las sedes de las exposiciones son de un marco afín a la solemnidad del evento. La primera exposición se realizó en el Museo Enrique Larreta y la segunda en el Palais de Glace. Algunas “vedettes” expuestas fueron las crónicas de las expediciones rioplatenses de Ulrico Schmidel (publicada en Nuremberg en 1612); un volumen del año 1889 de “Les poèmes d´Edgar Poe”, con ilustraciones originales de Edouard Manet; y, sin agotar la lista, una edición de “La Odisea”, de Homero (impresa en Venecia en 1553 por el editor Gabriel Giolito Ferraris).

Las librerías anticuarias nos deparan grandes sorpresas: desde textos como “Upa” (de primeras letras), “Semillita” o “El Sembrador” de Editorial Ángel Estrada, disparadores de los recuerdos de nuestra más temprana infancia, pasando por textos escolares de principios del siglo XX, que trataban temas cívicos, históricos, de cómo debía llevarse el ahorro, el aseo, las tareas que debía cumplir la mujer en la sociedad, lecciones de botánica, etc.
Pero el más anhelado botín de los grandes coleccionistas son los manuscritos y ediciones inhallables, las primeras ediciones, las joyas literarias de distintas épocas históricas y libros europeos o americanos editados entre los siglos XV y XX; pero por sobre todo, los incunables (llamados así porque su existencia se remonta a tiempos de su cuna u origen, editados desde la invención de la imprenta hacia el año 1450).
Muchos anticuarios porteños nos sorprenden con sus encuadernaciones en finos cueros importados (marroquí, oasis, chagrin…) y nacionales, donde para los dorados se utilizan hilos de metal modernos o antiguos; son trabajos en tela y en tela y papel, de capiteles bordados a mano, papeles marmolados y guardas originales, según antiguas técnicas de Pas de Calais.
Por otro lado, nuestra ciudad ostenta, generosa y espléndida, la librería más grande de Sudamérica, que si bien no es anticuaria, es una verdadera joya. Al decir del periodista Sean Dodson, la librería El Ateneo Grand Splendid –en la Av. Santa Fe 1860–, es la segunda más destacada del mundo (según el ranking que publicó en el periódico inglés The Guardian). Con sus aires de biblioteca no hesita en seducir al visitante a apoltronarse en alguno de sus palcos para leer cuanta obra se encuentre a la venta.
Según el ranking de Dodson, la librería más bella del mundo es la Boekhandel Selexyz Dominicanen, en Maastricht (Holanda). Y le siguen hasta el quinto lugar:


2°: El Ateneo Grand Splendid.
3°: Livraria Lello, en Porto (Portugal), abierta en 1881.
4°: Secret Headquarters, que vende comics en Los Ángeles.
5°: Borders, en Glasgow (Escocia), en el antiguo edificio de un banco.

El edificio de El Ateneo fue el tradicional cine-teatro Gran Splendid, uno de los íconos del espectáculo y la cultura rioplatense; teatro que introdujo la novedad de los abonos, al estilo de las salas norteamericanas, y donde se proyectó la primera película del cine sonoro en Buenos Aires (La divina dama, en el año 1929).

En un estudio instalado en uno de sus pisos superiores comenzó a transmitir, en 1823, Radio Splendid y también funcionó entre 1921 y 1930 la “Compañía Max Glüksmann”, grabadora de canciones de Carlos Gardel e Ignacio Corsini.
Esta megalibrería posee tres plantas de exposición y venta de libros en 2000 m2, que integran las salas de lectura en sus antiguos palcos, escaleras mecánicas, ascensores, un vasto espacio dedicado a los niños y una cafetería temática ubicada sobre el antiguo escenario del teatro que aún conserva su telón de terciopelo carmesí y desde donde se puede apreciar la majestuosidad del interior del edificio.
El escenario, donde todavía resuenan a diario las magistrales notas de su piano, se usa como espacio de lectura y café, y para la presentación de libros.

En febrero del año 2000, el Grupo Ilhsa (propietario de Yenny, El Ateneo, Editorial El Ateneo, Tematika.com y Quid) firmó un contrato de alquiler por diez años sobre el edificio. Tras una inversión de más de 3.000.000 de pesos en la remodelación a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone, se inauguró conservando su estructura y belleza arquitectónica original de modo que el Grand Splendid continúe con su destino cultural tal como fue planteado desde sus comienzos.
Llegado a la Argentina en 1890, el inmigrante austríaco Max Glucksman (1875-1946), construyó el edificio en este barrio entonces conocido como “El Saint Germain porteño”. Se inauguró en mayo de 1919 con un teatro diseñado por los arquitectos Rafael Peró y Manuel Torres Armengol.

El teatro tenía 4 hileras de palcos, quinientas butacas, refrigeración, calefacción y techo corredizo en tres plantas alfombradas, que conservan el rojo y dorado original. Donde hoy se exponen los libros de bolsillo, se encontraban las boleterías. Se esperaba el final de la función anterior en el espacio alfombrado en que hoy se muestran las novedades editoriales y los CD. Y se aguardaba el comienzo de la película bajo la fantástica cúpula que reproduce temas relacionados con el final de la Primera Guerra Mundial con detalles que oscilan entre el manierismo y el romanticismo. Fue pintada por el célebre pintor y decorador Nazareno Orlandi (1861, Italia – 1952, Bs. As.), quien también pintó el cielorraso del salón dorado de la Casa de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

La Editorial El Ateneo sumó, desde su origen en 1912, 34 locales en todo el país. En esta sede Ateneo Grand Splendid, hay 120.000 títulos con stock físico, lo que permite a los 3000 visitantes diarios (hay un contador electrónico que registra las visitas en la puerta) optar, por dar algunos ejemplos, entre 1200 títulos de poesía, 4000 obras en otros idiomas y mil de crítica literaria. Se venden más de 700.000 ejemplares por año, donde los cien libros más vendidos en el año no alcanzan al diez por ciento de la venta total del local.
Estas cifran pueden ser un bálsamo para todo adicto a la lectura; pero aún así, si todo esto no alcanza para saciar la sed del bibliófilo, seguimos otro día, porque sin lugar a dudas, Buenos
Aires tiene mucho más...

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