Luis Alberto Spinetta, un poeta de otro mundo

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Como si el Capitán Beto se lo hubiese llevado a pasear al espacio, el Flaco desde su ausencia sigue estando con la poseía en el aire. Luego de varios años de su desaparición física nos sigue dando la bienvenida al jardín de los presentes.
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Comienza el año 2012 y los presagios de que el fin del mundo se acerca, se acrecientan día a día. Pasa enero y el 23 deja la marca del cumpleaños número 62 de Luis Alberto Spinetta, para él los Mayas tenían razón, ya que meses antes venía luchando contra un maldita enfermedad que sería un presagio de lo que vendría el 8 de febrero: el ánima poeta dejó el cuerpo y se transformó en una presencia eterna en los corazones de los admiradores de la música y la poesía. Ese día Luis Alberto Spinetta dejó un legado de poesía que ya no aumentará pero que lo revivirá por siempre. Ese día para él había llegado el fin del mundo físico y el inicio de un mundo que sobrevive a los tiempos.

Tiempos que ya no serán iguales en lo artístico sin nuevas creaciones de uno de los fundadores del Rock nacional y que seguramente parecerán eternos cuando nos propongamos escuchar cualquiera de los temas de sus cuarenta discos editados, o queramos leer las poesías de su único libro “Guitarra negra”.

¿Acaso la desaparición del flaco y su consecuente congelamiento de cantidad arte conlleve a tiempos de recreación de su obra? Porque como dijo en la entrevista a este e-magazine (ver más adelante), el baterista de Almendra y su amigo de toda la vida, Rodolfo García: “es dificil que aparezca otro Spinetta, un tipo con ese calibre, no existe...”, y entonces no existirá una obra que pueda superar la poética, la música y la armonía que tenía el arte de Spinetta... por lo menos en la actualidad.

La generación de músicos que siguieron a Spinetta lo consideran inigualable, eso estuvo sostenido en el año 2001 cuando en una encuesta entre profesionales, declararon que el álbum “Artaud” era el mejor disco de la historia del rock nacional, por sobre “Click modernos” de Charly García o “Manal” del grupo homónimo, segundo y tercero respectivamente, Esa idea de que Spinetta era uno de los mejores se sostiene considerando que entre los 100 mejores discos hay 9 que pertenecen al flaco, cantidad que ningún otro músico pudo igualar.

Aunque el género que se toque no sea especificamente parecido al que tocaba el flaco, la referencia musical que detentan mayoría de los músicos de las nuevas generaciones tienen siempre una impronta spinetteana. De eso se encargó de reconocer Gustavo Ceratti, cuando hizo una versión de “Bajan” en su último disco y la devoción mostrada en el escenario de Velez cuando tocó en el concierto de las Bandas eternas.

En su búsqueda por la perfección el flaco Spinetta siempre logró conseguir ponerse a la vanguardia de distintas cosas. Por mencionar sólo algunas, diremos que el primer álbúm con diseño de portada irregular fue “Artaud” en el año 1973. También fue el primer músico en el país que utilizó un sampler (aparato que graba secuencias sonoras para reproducir posteriormente). En su álbum “Privé”, fue el primero en utilizar una batería eléctrica. En el ámbito comercial, fue el primero en lanzar un Set Box con varios CD (Almendra) y para terminar con este pequeño e incompleto listado, fue el primero y el único en reunir en un estadio de fútbol 40 mil personas para que presenciaran el recital más largo de la historia con 5 horas y 45 minutos de duración, reuniendo a todas las bandas de sus cuarenta años de carrera.

La poesia de Spinetta trasciende lo musical, muestra de ello es que alguna vez hace varios años, un periodista musical lo caratuló como el Bob Dylan argentino para darle mayor espacio a las letras que a la composición de sus acordes musicales. Quizás y viéndolo desde otra óptica, ahora que ya no está, deberíamos decir que Bob Dylan es el Spinetta estadounidense para emparejar las cosas.

“Sueño tu mirada en lo que queda de este viaje”, escribió su hijo Dante en una nueva canción de su último disco, para homenajear a su padre, a quien amó como a nadie —según sus palabras— y a quien consideró el más grande de todos. Devoción ésta, que trasciende a la familia y que quedó plasmada en la muestra (que prontamente será itinerante) que se celebró en la Biblioteca Nacional y que duró 3 meses, en la que pasaron varios centenares de miles de personas para ver en ella el espíritu del grande que nunca se fue y que se reflejaba en cada elemento expuesto, en cada foto, en cada humilde recuerdo que el flaco dejara sin quererlo, para que nadie lo olvidara, porque aunque a él no le hubiese gustado reconocer, su poesía y música trascendió de la tierra y lo transformó en un poeta de otro mundo.

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