Pilar Gómez, la sensualidad hecha pincel

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Entrevista semanal: "Lo que uno vive, influye en lo que uno crea"
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Amenas, distendidas y divertidas fueron las horas compartidas con ella. Su buena predisposición y su calidez ahondaron el encuentro hasta convertirlo en varias horas de una charla tan intimista como cómplice. Así es ella…, un cascabel que pincel en mano va plasmando en sus lienzos los secretos de una mujer, aquella que en intensos colores y armónicas figuras, cobra volumen y sensualidad en la belleza de sus obras, mostrándolas al mundo tan vívidas como intensas…tan Pilar Gómez.

¿Cómo era tu relación con la pintura desde niña?

PG: La única relación directa que tenía fue por mi padre que pintaba en mi casa. El no se consideraba artista porque era ingeniero mecánico y trabajaba en su propia empresa y pintaba solo por placer y distracción cuando llegaba del trabajo.

¿Tienes algún recuerdo en particular de cómo influyó tu padre en tu gusto artístico?

PG: Si. Recuerdo que mi padre tenía un escritorio que el mismo se había diseñado. Era muy alto para mí porque allí dibujaba planos. En ese entonces, me sentaba a verlo pintar rostros. Era muy figurativo. Manejaba muy bien los retratos, la figura humana, los desnudos  y todo lo trabajaba en carboncillo. A mí, de niña, me resultaba admirable como de una fotito tamaño cédula, el hacía dibujos de mucho mayor tamaño tanto como verlo dibujar inspirado en figuras humanas que encontraba en fotos de revistas

¿Desde ese entonces te imaginabas pintando el resto de tu vida?

PG: No. Créeme que por muchos años no me visualicé pintando.

¿Tu papá en algún momento se dedicó a enseñarte a dibujar?

PG: No. Nunca hubo un interés de mi papá por enseñarme, más bien todo lo contrario…

¿Y cuando pasaste de ser la niña curiosa por los dibujos de su padre a realizar tus primeros dibujos?

PG: Empecé a los 18 años cuando inicié la carrera de diseño gráfico en la Universidad en Bogotá. ¡Hace poquito! (Risas) Allí me pusieron a hacer un trabajo sobre claroscuro y por primera vez busqué de mi papá una sugerencia. Él me recomendó un libro que a mí me impactó de sobremanera y cuyas fotografías eran desnudos en blanco y negro. Fue de gran inspiración para mí.

Por lo que nos contás… Tu primera inspiración primero pasó más cerca de las imágenes que veías cuando otros dibujaban que por la experiencia de pintar o dibujar desde joven.

PG: Es cierto, por mi padre me acerque al placer de ver las figuras humanas y que las mismas no solo despierten mi interés sino que además, con el tiempo, me resulten de inspiración y por mi madre, quien en esa época tenía muy buenas relaciones sociales y entre ellos tenía cerca a pintores como Omar Gordillo, Fernando Montoya Romanowsky, entre otros plásticos destacados en Colombia, que alimentaban mi curiosidad desde las figuras plasmadas en sus obras. Pero así y todo aún seguía con mi pasión latente…

¿Tu camino continuó en ese entonces por el diseño gráfico?

PG: No. Al poco tiempo me casé y abandone Bogotá y consecuentemente la carrera y me radiqué en Bucaramanga. En esta época y partir de ese trabajo del claroscuro empecé a acercarme al dibujo con bastante precisión…

¿Técnica o don o la suma de ambas?

PG: Sentía que me salía tan chévere que me daba emoción dibujar y me entusiasmé trabajando unas imágenes que veía en revistas. De esa época, al día de hoy, mi papá tiene enmarcado un niño dibujado por mí y hoy lo veo y me sorprendo porque como bien me dices tú, nadie me había enseñado a dibujar o a hacer una ampliación o a copiar. Realmente sola me volví buena copista. Por eso, creo que uno nace con la habilidad y después el estudio ayuda a darle cauce y perfección.

¿Como continuó tu formación viviendo en Bucaramanga?

PG: Aquí comencé a estudiar Arte y Decoración. En una clase de dibujo artístico sobre figura humana al desnudo nos llevaron un modelo. A mí me agradó pintar a las personas en vivo y lo disfruté muchísimo. Terminé mi carrera y me gradué en Arte y Decoración y empecé a vender mis dibujos para tener mi dinero. Pero aún así, aun no me visualizaba como artista, más bien lo veía como un medio para sustento. La vocación en mi estaba latente y fue madurando con el tiempo.

¿Cuando empezaste a dibujar tus primeros desnudos?

PG: Para esta misma época. Pasé de pintar niños de la calle a pintar desnudos. Exploré materiales y técnicas desde una búsqueda personal. Dibujaba y ofrecía mi obra y así empecé a venderla. Aún no lo hacía con proyección artística solo como medio de vida con el que me mantuve como diez años.

¿Y como encauzaste tu carrera profesionalmente?

PG: Mi primera exposición fue en el 2002 y su curiosa historia marcó un camino en mi carrera. Mi ex cuñada estaba casada con un médico cirujano a quien yo le llevé unas obras con intención de venderlas porque a él le gustaban muchos los desnudos que yo hacía, incluso me compró uno hacía ya un tiempo. Al ver las fotos de las obras que le ofrecía el me propone gestionar una exposición en un importante hotel en Bucaramanga y me encargó entre unas 12 y 15 obras para ese evento.

¿Cómo viviste esa oportunidad?

PG:  Nunca había pensado en exponer porque siempre hacía las obras por encargo y ante esa propuesta me quedé entre pensativa y asombrada porque hasta ese momento lo veía como muy lejano para mí. En poco tiempo, hice las obras pedidas y me organizaron la exposición en dos meses. Igualmente me objetaron que mis obras eran desnudos y faltando dos días para la exposición me llamaron para cancelarla por esta razón.

¿Esa vivencia hacia dónde te motorizó?

PG: Algo indignada esa misma noche me quedé pensando  en lo vivido porque el intento de la exposición frustrada me había dejado el sabor de enfrentarme al desafío de exponer aunque no tenía muy claro cómo debía empezar a hacerlo. Con esa idea me fui al Museo de Arte Moderno de Bucaramanga a preguntarle a la persona coordinadora de las exposiciones, Diana Martínez Ruiz;  qué requisitos tenían para exponer allí y cuando me informan la larga lista de requerimientos, de los que aun no cumplía la mayoría, se tradujo a mi rostro la desilusión… Pero contrariamente a lo esperable, allí tuve una brisa de suerte cuando ella me pide mis obras para verlas y me asesora sobre como empezar a moverme para exponerlas.

El interés de ésta mujer despertó una esperanza…

PG: ¡Seguro! Diana fue la primera persona que realmente creyó en mi trabajo. Fue muy gracioso como sucedió. Ella me dice ante mi pregunta sobre los requisitos para exponer en el museo: ¿Ud. tiene algún artista interesado? Y mi respuesta fue contundente: ¡¡Si yo!! (Risas) y sabiendo que no cumplía ninguno de los requisitos le conté la historia de lo que me había sucedido en mi intento frustrado para exponer. Ella miró mis obras en ese mismo momento y me ofrece una oportunidad real para mi primera exposición en un importante café que era solo para ejecutivos. Allí tuve la dicha de vender todas mis obras expuestas en el lapso de un mes.

¿Hacer desnudos te presentó más dificultades?

PG: Además de mi primera exposición que fue cancelada por ser exclusivamente de desnudos. Con el tiempo me encontré con comentarios del orden del prejuicio pero los fui superando haciéndoles caso omiso. No le iba a gustar a todo el mundo mi trabajo pero si sabía que a mucha otra gente les iba a encantar porque mis desnudos también posicionan a la mujer contemporánea, apasionada y libre.

¿Y las exposiciones de allí en más se dieron sin más dificultad?

PG: Las cosas vienen llegando a mí y las voy tomando a medida que me sorprenden. Una vecina mía siempre me decía que quería tener una obra mía en su casa y así resultó ser, hasta que un día, su esposo que en ese momento era concejal cuando llego a ser senador me busca para preguntarme si me gustaría exponer en un salón del Congreso. Para esa exposición fueron 32 obras las que llevé y para las que busqué patrocinio de la Secretaria de Gobierno en Bogotá el cual me fue concedido y así poniendo la cara me presenté a varios lugares y hasta conseguí el apoyo de la Gobernación de Santander.

¿Qué maestros marcaron tu carrera?

PG: Tuve un largo camino empírico e innato y en ese recorrido mis mayores maestros fueron mi práctica en busca de la experiencia y mi constancia. Igualmente hubo dos maestros que dejaron su huella en mis creaciones durante diferentes momentos de mi carrera. Uno de ellos fue Fernando Coca, quien en aquel entonces daba clases en la Escuela de Talentos en Bogotá. Actualmente, el Maestro Nelson Ortega Toscano quien es en la actualidad Asesor Cultural en Tibú, Colombia, va acompañando mis pasos guiándolos con su conocimiento.

 ¿La vida emocional influyó en tu creatividad?

PG: No tengo ninguna duda. Soy una convencida que lo que uno vive influye en lo que uno crea.

¿Cómo pasaste del carboncillo al uso del color tan intenso que plasmas ahora en tus obras?

PG: Primero empecé investigando los materiales, sus usos y posibilidades y fue prueba de ensayo y error. Luego mis maestros, cada uno en diferentes circunstancias profesionales, entraron en mi vida, junto con el uso del color y las enseñanzas para perfeccionarlo. Con Fernando Coca di los primeros pasos en esa etapa inicial y me preparó para una exposición en California, a 400 km de Bucaramanga. Allí me presenté con un cuadro realizado bajo su supervisión. Ahora, con el Maestro Nelson Ortega Toscano, a quien admiro profundamente, recibí el toque de gracia para ir perfeccionando el uso y la fuerza del color en mis obras con los aportes de su saber.

¿Pintás para la gente?

PG: Yo no pinto para que a la gente le agrade. Me deleito mucho en lo que hago y realmente busco satisfacerme,  porque si a mí me gusta lo que hago, si estoy satisfecha con ello,  sé que eso es lo que le voy a transmitir al observador cuando vea la obra.

¿Cómo definirías tu obra ahora?

PG: Me gusta que haya firmeza en la textura y en las técnicas debe haber fuerza en el color aunque sea monocromático. Aunque yo haya pasado al acrílico por sobre el óleo, la figura en el claroscuro permanece viéndose muy sugestivo y resalta en la obra jugando con la luz. Busco siempre que en la composición haya espontaneidad y que exprese siempre sensualidad y sensibilidad.

Me agrada de tus obras la sensación de dimensión que se desprende de ellas.

PG: Eso tiene mucho que ver conmigo. Busco que la figura cubra la superficie para mostrar la imponencia de la mujer sobre el todo de la obra y por sobre el fondo textural. Ahora estoy haciendo algunas modificaciones. Antes tenía al cuerpo aislado del entorno  y ahora estoy involucrando la figura con el entorno reforzando una técnica que trabaja sobre los volúmenes tanto como en la expresión natural en las anatomías. Cuando empiezo una obra la pienso previamente y me quedo mirando la imagen que me inspira o el lienzo el blanco. En mi proceso de trabajo me avoco a hacer un estudio premeditado de figura, de encuadre, de entorno, de las texturas y el color que voy a manejar en la obra. Hacer este estudio previo para mí es fundamental.

Recibiste varias menciones últimamente que dan cuenta del reconocimiento a tu crecimiento profesional.

PG: Si. Podría decirte que de todas mis exposiciones y menciones en este 2014 destaco dos. Una de ellas fue por la obra “Fuego Nocturno” expuesta en Miami  en The Museum of The Americas – Founder of Women´s Art World la que recibió una mención de honor.
La otra, fue en la Exposición colectiva “Mundos paralelos” en el Centro Cultural Rosales de Cobaes del Estado, Ciudad de Culiacan, Sinaloa, en México donde expuse mi obra “Espectadora” la que también obtuvo una mención de honor.

¿Interveniste con tu obra en el mundo de la literatura?

PG: Hace unos años, la Fundación del Libro realizó por primera vez en Colombia una exposición basada en una convocatoria para ilustrar clásicos de la literatura universal por artistas colombianos, es por esto, que me han hecho partícipe con mis ilustraciones para el Libro Cumbres Borrascosas de Emily Bronte. Son catorce ilustraciones, trece para el libro y una de portada. Cada imágen está basada en un fragmento del libro y a su vez, representa mi estilo. Adicionalmente y afirmado por Daniel Navas, director de La Casa del Libro Total, soy la primera mujer colombiana que hasta ahora ilustró este clásico de la literatura universal.

Nos hemos conocido gracias a la obra “Ensueño” y hoy me entero que la misma fue donada ¿Qué te ha motivado donar una obra tuya?

PG: “Ensueño”  es una obra que quiero mucho. La doné a la Fundación FUNCREAR que ayuda a niños con síndrome de Down. Con ella participo en la Exposición Subasta “Artes plásticas de Nuestra Tierra" Doné esta obra en particular porque siempre creí que si realizaba una donación debía darla con un verdadero sentimiento, entregando lo que más me gusta, no lo que me sobra.

¿Cómo llegaste a la docencia?

PG: Hoy en día creo que las cosas se me dieron cuando estaba madura artística y profesionalmente para recibirlas, vivirlas y disfrutarlas bajo la luz de la experiencia y el conocimiento. La docencia llego a mí de la mano de un amigo que me presentó la hoja de vida al rector de la Universidad y así fue que tuve la oportunidad de dar mis primeras clases a las que afronte como un verdadero desafío y con mucha responsabilidad de tal manera que ya en el segundo semestre de mi primer año de trabajo estaba a mi cargo la organización de las exposiciones.

¿Qué le dirías a tus alumnos y a los jóvenes que quieren dedicarse a la pintura como vocación?

PG: Dos palabras: Convicción y constancia. Por otro lado, lo más importante es que pierdan el temor a equivocarse. Siempre les digo que  los accidentes en una obra de arte son un aprendizaje y dan los mejores resultados en la próxima pieza que trabajen.

¿Como te ves profesionalmente dentro de unos años?

PG: Como una artista de trayectoria como consecuencia de mi trabajo.

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