La historia de Luis II de Baviera

Humanidades 12/06/2017 Por
Luis II de Baviera es uno de los personajes históricos que más fascinación ha suscitado en Europa en los últimos años.
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Ludwig, un rey que vivió fuera de su tiempo, que dedicó su reinado en Baviera a satisfacer sus pulsiones culturales, a levantar imponentes castillos y a mantener a músicos como Wagner.

Todo lo que se podría hablar sobre él; sus conflictos, su “locura”, la relación con su prima Sissi (Isabel de Baviera, la emperatriz de Austria), lo ha contado ya tan bien Luchino Visconti en la magnífica película Ludwig, (1972, protagonizada por Helmut Berger, Romy Schneider y Trevor Howard) film de casi cuatro horas de duración con marcado rigor histórico y apabullante delicadeza visual, a la que muy poco se puede agregar, pero vamos a intentar hacer un pequeño pero completo resumen de la atormentada vida del monarca, que dicen, vivía y gobernaba solo de noche y que estaba obsesionado por la cultura.

El 25 de agosto de 1845, se les comunicó a los habitantes de la capital del país, Munich, que el príncipe heredero Maximiliano y su esposa María, princesa de Prusia, habían tenido un niño. El joven príncipe al que le esperaba el trono de Baviera, fue bautizado con el nombre Ludwig Otto Frederik Wilhelm.

A la muerte de su padre, Maximiliano II, y cuando sólo tenía 18 años y medio, Ludwig fue coronado rey de Baviera en 1864. Pero Ludwig quería vivir su propia vida, su vida de libertad en mundos de fantasía. Por eso comenzó a construir unos castillos y palacios magníficos, al más puro estilo neoromántico y allí se retiraba a vivir lejos de los problemas de la corte y del reino.

El joven príncipe heredero, idealista y entusiasta del romanticismo, amaba las poesías de Schiller (1759-1805 poeta y dramaturgo alemán) e influenciado por ello se fue apartando del mundo real para refugiarse en su propio paraíso espiritual. Mientras en Munich le criticaban por sus gastos fatuos y su “no” gobernar.

Ludwig fue el gran mecenas de Richard Wagner, lo conoció el 2 de febrero de 1861 en la representación de la Opera “Lohengrin”. En esta composición, el rey Luis encontró la interpretación de todos sus sueños. Dado el mal carácter de Wagner, según dicen los que saben, y a pesar de que se portó bastante mal con el joven rey tuvo el honor de que en el castillo de Neuschwanstein, el rey hizo pintar en el salón de los cantores, en el cuarto piso, la Saga de Parsifal de Wolfram von Eschenbach, en los vestíbulos del tercero y cuarto piso, la Saga de Gudrun y Sigurdo de la nórdica Edda. En las habitaciones de los aposentos del rey, en el tercer piso del edificio principal, se hicieron las pinturas sobre las Sagas de Tannhäuser, de Lohengrin y de Tristán e Isolda.

Siguiendo con la idea “Wagneriana”, en el Palacio de Linderhof, se construyó la “Gruta de Venus”, que quedó terminada en 1877. La gruta está dividida en dos grutas laterales y una central, que según la iluminación recuerdan la “Gruta azul” de Capri o la “Gruta de Venus” de la ópera de Richard Wagner, Tannhäuser. El rey hizo además que se pintaran paisajes y escenas de Tannhäuser en las paredes. Para protegerlas de la humedad, las pinturas se recubrieron de cera. Una cascada y una barcaza en forma de concha de mar fueron hechas para ser utilizadas dentro de la gruta.

Ludwig era el primo de Sissi (la emperatriz de Austria), sentía por ella un amor especial, y con ella compartía largas charlas y ese deseo por huir, por salir de la realidad, por andar en trineo por las noches de luna llena, así como el hastío hacia la corte y demás responsabilidades que conlleva reinar.

El 27 de enero de 1867 se celebró el compromiso entre Luis II y su prima la princesa Sofía Carlotta de Baviera, hermana de Sissi. La boda se fijó para el 12 de octubre del mismo año, pero el 10 de octubre, dos días antes del casamiento y con todo listo para la gran fiesta, el joven rey rompió el compromiso y nunca más pensó en casarse.

De los castillos que mandó construir, sólo uno pudo ver terminado; el de Linderhof. Los castillos de Neuschwanstein, y de Herrenchiemsee, por más que vivió algún tiempo en ellos, no se terminaron hasta mucho tiempo después de su muerte.

Y pensar que el rey había dejado expresas indicaciones de que nadie ajeno a su círculo íntimo, o sea, ningún extraño, podía pisar ninguno de sus castillos. Y hoy, los castillos Bávaros, son una fuente ina-gotable de divisas, dado los millones de turistas que los visitan anualmente.

Luis II fue declarado esquizofrénico, loco, y depuesto de su trono. A pesar de todo, el pueblo lo amaba.

Personalmente me inclino por creer que más bien lo que estaba era “loco de fantasía”. El no quería vivir en este mundo tan difícil; eligió las noches a los días, las ficciones del teatro y la ópera, a los avatares de la vida misma, las sagas de los héroes a la cotidianidad de tener que gobernar.

Tres días después de ser recluido en el castillo de Berg, el 13 de junio de 1886, el rey murió ahogado en el lago Starnberg, frente al castillo que había sido su prisión.

Al parecer, por la tarde, Luis II pidió pasear con su psiquiatra Gudden (quien le había diagnosticado una demencia incluso antes de examinarlo). Como pasó el tiempo y no regresaban, decidieron ir en su búsqueda y al final los encontraron ahogados dentro del lago Starnberg.

Como el monarca era un gran nadador, la muerte resultó muy extraña. Aunque la versión oficial fue la del suicidio, resulta difícil explicar la muerte de su médico. Se ha afirmado que pudo acabar con la vida de éste y después con la suya.

Otra hipótesis sobre su muerte, sería la de su posible asesinato: Luis resultaba un extraño e incómodo gobernante que cuando intervenía en las cuestiones políticas lo hacía para ir en contra de la política oficial, (no le gustaba la guerra) o para criticar a la casa imperial. De modo que pudo ser eliminado por los poderes de Baviera o de Alemania.

Aunque Luis II se llevó a la tumba la solución de este enigma, no resulta descabellada esta última tesis del asesinato porque este rey inconformista, de gran sensibilidad artística y homosexual fue, sin duda, un monarca excéntrico que vivió fuera de su tiempo.
El trono lo heredó su hermano Otto, quién sí que era un débil mental (según la expresión, la de la época), por lo que regenteó su tío, y luego reinó su primo.

Baviera estaba abocada a unirse a la gran Alemania y después de la primera guerra mundial desapareció el reino de Baviera, pero la leyenda de Luis II (el rey ¿loco?) y sus castillos continúa intacta.

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