La leyenda de Luis II y los castillos de Baviera

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Luis II de Baviera es uno de los personajes históricos que más fascinación ha suscitado en Europa en los últimos años. Luis, un rey que vivió fuera de su tiempo, que dedicó su reinado a satisfacer sus pulsiones culturales y a levantar imponentes castillos.
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Todo lo que se podría hablar sobre él; sus conflictos, su “locura”, su extraño vinculo con el compositor Richard Wagner, a quién descubrió a los 15 años tras asistir a una representación de su ópera Lohengrin y la relación con su prima Sissi (Isabel de Baviera, la emperatriz de Austria), lo ha contado ya tan bien Luchino Visconti en la magnífica película Ludwig, (protagonizada por Helmut Berger, Romy Schneider y Trevor Howard, film del año 1972 de casi cuatro horas de duración con marcado rigor histórico y apabullante delicadeza visual), que muy poco se puede agregar; pero vamos a intentar hacer un pequeño pero completo resumen de la atormentada vida del monarca, que dicen las crónicas de la época, vivía y gobernaba solo de noche y que estaba obsesionado por el mundo de las artes.

El 25 de agosto de 1845, se les comunicó a los habitantes de la capital del país, Munich, que el príncipe heredero Maximiliano y su esposa María, princesa de Prusia, habían tenido un niño. El joven príncipe al que le esperaba el trono de Baviera, fue bautizado con el nombre Ludwig Otto Frederik Wilhelm.
En el año 1864, A la muerte de su padre, Maximiliano II, y cuando sólo tenía 18 años y medio, Luis II fue coronado rey de Baviera.
Pero Luis II quería vivir su propia vida, su vida de libertad en mundos de fantasía. Por eso comenzó a construir castillos y palacios magníficos, al más puro estilo neoromántico y allí se retiraba a vivir lejos de los problemas de la corte y del reino.

El joven rey, idealista y entusiasta del romanticismo, amaba las poesías de Friedrich Von Schiller (1759-1805 poeta y dramaturgo alemán) e influenciado por ello se fue apartando del mundo real para refugiarse en su propio paraíso espiritual, mientras en Munich le criticaban por sus gastos fatuos y su “no” gobernar.
Luis II fue el gran mecenas de Richard Wagner, lo conoció el 2 de febrero de 1861 en la representación de la Opera “Lohengrin”. Para el rey Luis II fue la realización de su deseo de juventud donde encontró la interpretación de todos sus sueños y para Wagner fue la salvación de la más extrema pobreza. Dado el mal carácter de Wagner, dicen los historiadores, que se portó bastante mal con el joven rey a pesar de todo lo que éste hizo por él. Pero parece que al rey estas cosas no le importaban, tal es así que en el castillo de Neuschwanstein hizo pintar en el salón de los cantores, en el cuarto piso, la Saga de Parsifal de Wolfram von Eschenbach, en los vestíbulos del tercero y cuarto piso, la Saga de Gudrun y Sigurdo de la nórdica Edda. En las habitaciones de los aposentos del rey, en el tercer piso del edificio principal, se hicieron las pinturas sobre las Sagas de Tannhäuser, de Lohengrin y de Tristán e Isolda.
En el Palacio de Linderhof, hizo construir la "Gruta de Venus", que quedó terminada en el año 1877. La gruta está dividida en tres partes; dos laterales y una central, que según la iluminación se transforma en “La Gruta Azul” una cueva marina de la costa de la Isla de Capri, en Italia o en la "Gruta de Venus" de la ópera Tannhäuser de Richard Wagner. El rey hizo además que se pintaran paisajes y escenas de Tannhäuser en las paredes. Para protegerlas de la humedad, las pinturas se recubrieron de cera. Una cascada y una barcaza en forma de concha de mar fueron hechas para ser utilizadas dentro de la gruta.

Luis II era el primo de Sissi (Isabel de Baviera, la emperatriz de Austria), sentía por ella un amor especial, y con ella compartía largas charlas y ese deseo por huir, por salir de la realidad, por andar en trineo por las noches de luna llena, así como el hastío hacia la corte y demás responsabilidades que significaba reinar.
El 27 de enero de 1867 se celebró el compromiso entre Luis II y su prima la princesa Sofía Carlotta de Baviera, hermana de Sissi. La boda se fijo para el 12 de octubre del mismo año, pero el 10 de octubre, dos días antes del casamiento y con todo listo para la gran fiesta, el joven rey rompió el compromiso y nunca más pensó en casarse.

La muerte de Richard Wagner, el 13 de febrero de 1883, provocó un sinfín de actuaciones dispares en Luis que no sólo se dejaron traslucir en una marcada actitud de "duelo" ante el mundo de las artes, sino que marcó el comienzo de su fin. Y es que, el monarca loco, no sólo hizo cubrir todos los pianos de sus famosos castillos con un velo negro (aunque algunas fuentes afirman que era un velo púrpura) en señal de respeto por la muerte del músico "Ya que su vida ha acabado, los instrumentos han enmudecido..." le dijo a su prima Sissi, sino que se volvió aún más retraído e incluso siniestro.
Muchos eran los que afirmaban haber visto al rey, en plena noche, dando largos paseos en trineo, en medio del frío invierno bávaro, acompañado por algunos criados de librea. Raras veces podía vérsele en la Corte, ya que pasaba casi la totalidad del tiempo en su suntuoso castillo de Neuschwanstein.

De los castillos que mando construir, solo uno pudo ver terminado; el de Linderhof. Los castillos de Neuschwanstein, y de Herrenchiemsee, por más que vivió algún tiempo en ellos, no se terminaron hasta mucho tiempo después de su muerte. El rey había dejado expresas indicaciones de que nadie ajeno a su círculo íntimo, o sea, ningún extraño, podía pisar ninguno de sus castillos. Y hoy, los castillos Bávaros, son una fuente inagotable de divisas, dado los millones de turistas que los visitan anualmente.

Luis II fue declarado esquizofrénico, loco, y depuesto de su trono. A pesar de todo, el pueblo lo amaba. El no quería vivir en este mundo tan difícil; eligió las noches a los días, las ficciones del teatro y de la ópera, a los avatares de la vida misma, las sagas de los héroes a la cotidianidad de tener que gobernar. Tres días después de ser recluido en el castillo de Berg, Luis II muere ahogado en el lago Starnberg, frente al castillo que había sido su prisión. La tarde del 13 de junio de 1886, Luis II pidió pasear con su psiquiatra, el doctor Bernhard von Gudden, quien le había diagnosticado una demencia incluso antes de examinarlo. Como pasaba el tiempo y no regresaban, decidieron ir en su búsqueda y al final los encontraron ahogados dentro del lago Starnberg.

Como el monarca era un gran nadador, la muerte resultó muy extraña. Aunque la versión oficial fue la del suicidio, resulta difícil explicar la muerte de su médico. Se ha afirmado que pudo acabar con la vida de éste y después con la suya.
Otra hipótesis sobre su muerte, sería la de su posible asesinato: Luis II resultaba un extraño e incómodo gobernante que cuando intervenía en las cuestiones políticas lo hacía para ir en contra de la política oficial, (no le gustaba la guerra) o para criticar a la casa imperial. De modo que pudo ser eliminado por los poderes de Baviera o de Alemania.

Aunque Luis II se llevó a la tumba la solución de este enigma, no resulta descabellada esta última tesis del asesinato porque este rey inconformista, de gran sensibilidad artística y soñadora fue, sin duda, un monarca extravagante que vivió fuera de su tiempo.
Su prima Sissi dijo de su muerte: "El rey no estaba precisamente loco. No era más que un excéntrico que vivía en un mundo de sueños. Si lo hubieran tratado con más suavidad, seguramente no habría tenido un fin tan terrible".

El trono lo heredó su hermano Otto, quién sí que era un débil mental (según la expresión, la de la época), por lo que regenteó su tío, y luego reinó su primo. Baviera estaba abocada a unirse a la gran Alemania, pero el desenlace de la primera guerra mundial cambió el curso de los acontecimientos. El reino de Baviera desapareció, pero la leyenda de Luis II (el rey ¿loco?) y sus castillos continúa intacta.


Fuente: Guía del castillo real de Neuschwanstein

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