El Real de a ocho

Fue la moneda más fuerte del mundo durante varios siglos y en la dominación española sobre América hasta la independencia de los distintos países.
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El Real de a Ocho que acuñaba el imperio español fue la primera moneda de reserva que durante tres siglos fue referencia obligada en el comercio mundial. El Real de a Ocho, era una moneda de plata que acuñaba el Imperio español después de la reforma monetaria de 1497 con un peso de 27,468 gramos y una pureza de 0,93055%, que contenía 25,560 gramos de plata pura. Las monedas tenían un valor de ocho reales (8 reales y 272 maravedís. 1 real de a ocho = 1 duro. 2 reales de a 8 = 1 escudo).

La moneda de plata española Real de a Ocho, se difundió en todo el mundo y durante siglos sirvió para el comercio entre España y las Indias siendo el principal producto de exportación de España. Durante más de tres siglos, fue la moneda de referencia en la economía mundial y a su vez servía de referencia para las monedas que circulaban en otros Estados de su época.

El Real de a Ocho se comparaba en su época a otra importante moneda de plata que se acuñaba en Austria, el famoso Thaler o talero. El talero austriaco no contaba con la popularidad mundial del Real de a Ocho, pero se le conocía popularmente como “Spanish daller”, del cual deriva la denominación Spanish dollar y posteriormente la palabra dólar.

El Real de a Ocho, fue el eje comercial de la mayoría de las naciones y una divisa internacional indiscutible que sirvió de referencia obligada en el comercio mundial y que financió la recuperación demográfica y económica del Occidente europeo, favoreciendo la introducción del Mercantilismo en el siglo XVI. El Real de a Ocho fue la primera moneda de curso legal que circuló en los Estados Unidos hasta que en 1857 una ley desautorizó su uso.

Mientras circuló en Estados Unidos el Real de a Ocho valía lo mismo que un dólar. Existe una anécdota muy singular y es que el precio de las acciones en el mercado de valores de los Estados Unidos estaba denominadas en octavos de dólar hasta el 24 de junio de 1997 el New York Stock Exchange cambió dicha denominación a dieciseisavos de dólar, aunque poco después se pasó a la notación decimal.
La moneda de plata El Real de a Ocho, sirvió de base monetaria al comercio internacional, hasta que las divisas europeas, respaldadas por el patrón oro, pusieron fin a esa tradiciónes difícil que un mercado del arte crezca. Del 2001 al 2007 se recompuso el mercado, pero de ahí en adelante se volvió a estancar”, y agrega que “como promotores del arte contemporáneo siempre debemos romper el molde, es una responsabilidad”.

“Nunca falta el que dice ‘pero si eso lo hace mi hijo, qué va a ser arte’ pero la gente cada vez menosprecia menos, tal vez está quien te dice que quiere una obra de tal medida para que le cuadre sobre el sillón del living. Pero eso no está mal. Cada cual elige cómo vive en El 30 de septiembre de 2015 se aprobó la segunda parte de la Ley de Centros Culturales, por la cual se incorpora al Código de Planeamiento Urbano y al Código de Edificación de la Ciudad de Buenos Aires el rubro Centros Culturales. El texto regula el funcionamiento de estos espacios y genera un marco que apunta a limitar las reiteradas clausuras realizadas por la Agencia Gubernamental de Control (AGD).

La nueva ley define como Centro Cultural “el espacio no convencional y/o experimental y/o multifuncional en el que se realicen manifestaciones artísticas de cualquier tipología, que signifiquen espectáculos, funciones, festivales, bailes, exposiciones, instalaciones y/o muestras con participación directa o tácita de los intérpretes y/o asistentes”.

Entre otros aspectos establece cuatro categorías en función de la cantidad de público y la superficie de cada lugar. Los Centros Culturales serán clasificados en cuatro categorías según la capacidad de asistentes y cada uno tendrá su propia forma de evacuación o egreso. Así los centros de “Clase A” podrán albergar hasta 150 personas y la superficie no podrá ser mayor a 300 metros cuadrados; los de “Clase B” desde 151 personas a 300 y la superficie de piso no mayor a 500 metros cuadrados. En tanto en los de “Clase C” podrán entrar desde 301 personas hasta 500 y una superficie no mayor a 1.000 metros cuadrados y los de “Clase D” admitirán desde 501 personas y la superficie mayor a 1.000 metros cuadrados.

Los Centros Culturales deberán estar inscriptos en el Registro de Usos Culturales y presentar un informe anual de las actividades que realizaron. El texto de la ley también regula usos accesorios como la venta de libros y discos, galerías de arte, venta de bebidas y alimentos, accesibilidad, mobiliario, escenario, ventilación e iluminación, instalación eléctrica y primeros auxilios.

Ante su inminente publicación en el Boletín Oficial, el lunes 30 de noviembre a las 18hs. en la Terraza de Club Cultural Matienzo, Abogados Culturales, un colectivo que desde hace 4 años trabaja en la Ciudad de Buenos Aires brindando apoyo a artistas y proyectos culturales independientes, convoca una charla abierta, un encuentro para contar cómo habilitar un Centro Cultural a partir de la nueva ley.

El protagonismo político, la proyección histórica y el prestigio de Espa-
ña como gran potencia europea en el siglo XVI alcanzó su cota más alta durante los reinados de Carlos I y Felipe II, circunstancias más que favorables para el nacimiento de la divisa internacional española, el Real de a Ocho, la moneda de plata más acreditada y demandada de su tiempo.
El Real de a Ocho, moneda de plata de la Monarquía Española y difundido por ésta durante más de tres siglos, fue la moneda que por primera y única vez en la historia marcó el techo de la economía mundial y sirvió de divisa obligada al referenciar en ella las monedas circulantes de los otros Estados de su época, para poder participar en el comercio de cinco continentes.

Cuando nació el Real de a Ocho, España vivía tiempos de gloria. Nuestras minas americanas de México y Potosí producían ingentes cantidades de plata de excelente calidad y pureza, nuestras posesiones se ampliaban cada vez más y nuestro intercambio monetario se hizo necesariamente potente entre todos nuestros dominios y, a su vez, con todos los mercados con los que se operaba desde los mismos. Así, desde México partían nuestros “Galeones de Manila” cargados de monedas de plata con destino a Filipinas (desde donde a su vez comerciábamos con el mercado chino, que adoraba nuestra plata por su pureza en un tiempo en el que China solo aceptaba la plata como medio extranjero de pago), y las colonias vecinas del norte de América (fundamentalmente las 13 colonias inglesas), muy pronto comenzaron a usar el Real de a Ocho como moneda habitual dada su calidad y su abundancia.

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Un Dólar americano (español)

A su vez, nuestras monedas acabaron por alcanzar los lugares más remotos del planeta, en muchos de los cuales se aceptaba como pago, reacuñándola con el sello del lugar en el cual se usaba. De esta forma, nuestra moneda se extendió por toda Europa, por toda América y por grandes extensiones de Asia y África, llegando hasta lugares tan lejanos como Australia a mediados del siglo XIX. Y fue tal su impacto internacional, que no solo llegó a regular el sistema financiero internacional, sino que llegó a desestabilizar todas las economías del este asiático y de China, provocando el caos financiero en la grandiosa economía de la Dinastía Ming.

Pocos sabrán que fue ésta moneda (una moneda española), la primera en convertirse en moneda de curso legal en los Estados Unidos de América, estando en vigor nada menos que hasta la ley que la derogó a finales del siglo XIX (1857). Y los estadounidenses de entonces, que conocían al Real de a Ocho como el “Spanish Dollar”, le dieron tal importancia a aquella moneda que adoptaron para siempre el españolísimo símbolo de las Columnas de Hércules (grabado en ella), como símbolo de su actual moneda.

Muchas de las monedas actuales de distintas zonas del mundo como Canadá, Estados Unidos o incluso China, y por supuesto los Pesos de Filipinas y las monedas de casi toda Hispanoamérica, están basadas en el Real de a Ocho español, y el término “Peso” en sus monedas tiene su origen asimismo en nuestra moneda, ya que los pesos de entonces tenían un diámetro exacto al del Real de a Ocho.

Como vemos, si bien hoy “nuestra moneda” es una divisa común a otros muchos países, y el dólar americano manda en el mundo, no está mal que los españoles recordemos de vez en cuando que hubo un tiempo, no hace muchos años, en el cual no solo dominábamos un Imperio en el que no se ponía el sol, sino que además teníamos las finanzas del mundo a nuestros pies.

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