Iniciados en un clásico

Jonathan Di Costanzo y Tamara Malano son dos jóvenes grandes actores que del Instituto de teatro saltaron a protagonizar "Crimen y castigo", una adaptación de Martín Barreiro.
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1 / 3 - Jonathan y Tamara

Son muy jóvenes y me reciben con los nervios de quien hará una de sus primeras notas, los protagonistas de la obra “Crimen y Castigo”, un clásico de la literatura llevado al teatro por Martín Barreiro, son Jonathan DI Costanzo y Tamara Malano una pareja de actores que llevan el teatro en la sangre.

¿Qué se siente tener el personaje protagónico de un clásico?

J: Es la primera vez que tengo un protagónico porque tampoco tengo mucha experiencia, me recibí de actor el año pasado en la Escuela de Bellas Artes de Quilmes. En los primeros ensayos sentía mucho la presión del personaje pero con la ayuda de Martín (el director) lo fui superando. Yo sentía que no era yo laburando en escena, me costaba porque me ponía trabas, me preguntaba quién era este, porque no me sentía yo mismo. Y de a poco fui rompiendo esas trabas y fue Martín quién me dijo que quería que sacara todo de mí.

T: Sirve el aprendizaje, de todas formas pienso que la carrera del actor se va haciendo, a medida que uno hace. Y aunque nos hayamos recibido hace poco no te recibís de actor hasta que no actuás. Podés tener mucha técnica teórica incorporada pero si no la aplicás, es difícil que aprendas y crezcas profesionalmente.  El problema del protagónico es que además de sostener el personaje, hacerlo crecer  y es como ponerle zoom a las cosas, porque si hay algo que hiciste mal, se nota por sobre el resto.

J: A mí me pasó que una vez que pude largarme a jugar, supe que lo que puedo dar. Lo que fue importantísimo, fue que el director confiaba en mí, en la medida que ni yo mismo confiaba.

¿Cómo es trabajar con Martín Barreiro, una persona que ya lleva más de 2 décadas adaptando y dirigiendo clásicos?

J: Lo que tiene de bueno trabajar  con él es que siempre te va estar exigiendo más. Aunque lo hagas bien siempre te hace llegar más allá de lo que vos pensabas que podías. Me empecé a dar cuenta de lo que estaba logrando obtener en uno mismo más confianza de la que había, y llega un punto en que eso da sus frutos y esa confianza no me la quita nadie.

T: A mí lo que me pasó es que en febrero en pleno ensayo, pensé en un momento que me iba a echar de la obra, porque yo misma pensaba que no estaba bien lo que hacía. Porque si bien te aporta toda la confianza no te deja hacer algo que se escape de lo que él pretende, pero luego pude encontrar al personaje.

¿Ustedes después de salir de la escuela de Bellas Artes es la primera obra en la que están?

J: Arranqué acá en el Teatro El convento, con un reemplazo en Rey Lear el año pasado.

T: Y yo también, una de las chicas que actuaba hizo un viaje y me ella me propuso para el papel, y quedé. Cuando llegué al teatro, en realidad, vine a acompañar a los chicos a un casting de hombres total el bigote si me queda mal, me lo despegaba y listo… (risas), hicieron el casting, quedaron y empezaron como titulares en la obra. Luego de eso proponen un nuevo casting para Crimen y Castigo.

¿Qué los sedujo del teatro para empezar a estudiar?

J: Yo arranqué en el último año del secundario a estudiar. Había hecho como una materia optativa pero yo tenía otro proyecto en la cabeza que era el de recibirme de escribano… Y la mamá de un amigo me dice “querés hacer teatro? Le dije que sí y nos anota a los dos, cuando fui a la charla informativa me enteré de que no era un taller sino la carrera y se me complicaba para cursar la otra carrera. Y estaba en la duda, pero necesitaba de alguien que me diera un empujón y la palabra de mi mamá fue decisiva porque me dijo que arrancara y que si no me gustaba cambiara más adelante. Y entonces una vez que me metí y empecé a conocer seguí y acá estoy…

T: Yo empecé a los once años me metí en teatro y para ese entonces me entretenía y me gustaba. Le empecé a arrancar con un taller que duró 3 años, después empecé la carrera y fue algo que me tenía muy entusiasmada yo fantaseaba para dirigir, actuar, y el teatro te permite ser lo que quieras ser, te permite tener múltiples profesiones.

¿Cómo conforman los personajes qué tienen que interpretar?

J:Yo necesito concentrarme. Y más un personaje con el peso de ser un asesino. Es un personaje jodido, no es que me sienta identificado, no, no…

Si te sentís identificado empiezo a correr ahora…

T: Mañana no voy a actuar…  (risas)

J: Una cosa es la composición en los ensayos que uno va probando distintas cosas, esto sí, esto no, Martín te deja crear. Hay personajes que me demandó tiempo, tuve que pensar todo lo relacionado a él, eso te va llevando a cosas que te das cuenta de que no van con el personaje, y después todo va cerrando. Cada actor tiene su librito, pero este personaje la hora de actuarlo me gusta sentirlo, eso que dicen de ser visceral y para eso busqué información de tipos de asesinos, diferentes patologías, del narcisismo y eso me llevó a formar una personalidad y a encontrar un código con el personaje. Por suerte lo encontré y como me decía Martín “tu mirada debe ser la mirada de Raskólnikov

T: Va a depender de los personajes, algunos estarán más cercanos a otros, por las vivencias y por el entorno propio. Casi todo está incluido en el texto y hay que filtrar desde ahí. Este guión que nos dio Martín es bastante especial porque los personajes están ligados mucho al movimiento. Fue muy difícil llegar a lograrlo. Al principio Sonia es un personaje tan típico que no lo vemos, y no quería entrar por el lado del estereotipo de la prostituta porque una prostituta la vemos siempre entonces ¿cómo ver sin mirar? Ahí me di cuenta de que tenía que ir por otro camino y probaba diferentes alternativas que no me llevaban a él y entonces jugó muy fuerte la confianza que generó Martín y finalmente lo logramos.

Cuando dicen de ponerle fe al teatro independiente, ¿tienen en cuenta lo difícil que es este medio?

T: Yo me juego por todo, para mí todo es teatro, el comercial y el independiente. Si uno va a hacer un buen trabajo lo hará en el comercial como en el independiente. El comercial al tener una producción atrás, buena iluminación, escenografía, se presupone como lo que a la gente le guste.

Que no significa que sea de alta calidad…

T: Claro, no significa que se sea la mejor pero dan por hecho que todo eso es lo que le gusta a la gente la actuación queda en un segundo plano. Mientras que atrás del teatro independiente se destaca la actuación por el resto de las cosas. Lo independiente te enriquece como artista. Pero creo que es duro estar en ambas partes porque es duro el teatro comercial porque hay mucha competencia y es duro el teatro independiente porque es duro sobrellevar una obra. La prensa ya está hecha con el teatro comercial. Pero hay momentos en los que uno decide. Yo tomo el mensaje de la obra, a mí me ofrecieron participar de una obra en el teatro más popular de Quilmes que garantizaba sala llena, y tenía posibilidades de tomar más trabajo, leí la obra y no la agarré porque era totalmente cuadrada. Humor básico, defenestraba a la mujer, era muy vulgar y lo podía haber hecho y no lo elegí porque no me gustó, cuando te ofrecen un clásico es maravilloso porque aprendés mucho más y no me importa si hay dos personas en la platea.

J: Es difícil vivir del teatro independiente y es la diferencia con los actores del teatro comercial porque ellos viven de eso. Mi opinión del teatro independiente es maravilloso estoy muy feliz con estar en esta compañía y no me arrepiento de haberlo elegido, obviamente que pretendo vivir de esto. Siento que soy un afortunado de haber salido de una escuela y estar haciendo un protagónico de un clásico. Y en este teatro me sentí muy atraído hacia los clásicos por que Martín me contagió su amor por los clásicos. No obstante si el día de mañana surge una posibilidad fuera del teatro independiente la tomaré.

¿Sacándolos de la realidad del teatro y llevándolos al terreno imaginario si fueran una música que serían?

T: Yo sería una salsa. Una comida… porque me encanta comer (risas) Yo sería una clásica creo, porque la gente me dice te vestís muy clásico…

J: Yo me pongo a pensar  en mi forma de ser y soy un tipo serio, pero también ser inquieto de joder mucho y si me imagino una música tal vez sería algo que fuese calmo y de repente explotara…

Una especia de reggeaton con pausas… (risas)

¿Y si esa música estuviese en una obra, en cual estaría?

T: mmm… no sé, si pienso en música clásica se me ocurre el Cisne Negro, pero no, sería una comedia de humor negro. Porque el humor uno tiene que sobrellevar la vida con humor y además en mi familia les encanta hacer chistes y le humor siempre juega a favor.

J: Si fuera una obra sería un absurdo… por ejemplo una obra que me gustó mucho hacerla era de Pavlovski

¿Algo que siempre les pregunto a los entrevistados es que pondrían en su epitafio cuando llegue el momento, una frase, una palabra…?

T:… ohhhh que pregunta! No sé, yo pondría un chiste: “Cuidado”… (risas), igual hay una frase que me gusta mucho y es “La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz”

¿Y vos Jonathan?

J: No sé, la verdad no se me ocurre, y no me imagino.

T: seguro va a pasar que llegás a tu casa y decís “le hubiera dicho esto… como no se me ocurrió”… Y ponele “le hubiera dicho esto…” (risaas)

CRIMEN y CASTIGO

de Fiódor Dostoievski

Dirección y adaptación: Martín Barreiro 

Sábados 21 h

Teatro El Convento. Reconquista 269

 

 

 

 



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