Computadora Clementina La primera de Argentina

Sociedad 07/07/2017 Por
Clementina fue el nombre de la primera computadora para fines científicos llevada a la Argentina. Funcionó entre 1961 y 1971 en el Instituto de Cálculo dependiente de la Universidad de Buenos Aires.
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Manuel Sadosky lideró las gestiones para su adquisición en 1959. Se hizo una licitación pública internacional, a la cual se presentaron cuatro firmas: IBM, Remington y Philco de Estados Unidos, y Ferranti de Gran Bretaña. La computadora ganadora fue una Ferranti Mercury de la cual sólo 19 unidades fueron producidas.1 Su costo fue de 152.099 libras esterlinas (equivalentes a aproximadamente 2.700.000 libras de 2011, o sea cerca de USD 4.500.000), lo que constituyó la mayor inversión realizada en ciencia y tecnología hasta ese momento.

La computadora llegó a Buenos Aires el 24 de noviembre de 1960, y meses después empezó a ser utilizada en el Pabellón I de la nueva Ciudad Universitaria, en Núñez. Como hubo que entrenar a técnicos y reacondicionar la sala, la computadora entró en servicio efectivo en enero de 1961.

El modelo Mercury de Ferranti, sucesor del modelo Mark I funcionaba a válvulas electrónicas y diodos de cristal de germanio.2 Con más de 5000 componentes activos y memoria de núcleos magnéticos de 4 KWords (de 10 bits), era más de 50.000 veces más grande que una PC actual. Estaba constituida por 14 gabinetes de 60cm que tenían las funciones de procesador y memoria de trabajo y de 4 gabinetes de cilindros magnéticos con una capacidad total de 64 KWords (de 10 bits), ocupando todo una habitación entera a lo que debía sumarse otra habitación donde se encontraban los 5 racks de fuentes de poder. Como era común en las primeras computadoras, carecía de monitor y de teclado. Originalmente la entrada de instrucciones se hacía con un lector fotoeléctrico de cinta de papel perforado, similar a los usados por los teletipos, y los resultados se emitían por una perforadora de cinta a 30 caracteres por segundo, opcionalmente alimentando una teletipo a la velocidad standard de 7 caracteres por segundo. Más adelante se le pudo adaptar un lector de tarjetas perforadas de fabricación nacional, siendo este un método de ingreso de datos más práctico que el original basado en la tira de papel perforada.

El lenguaje de programación utilizado era Mercury Autocode, especialmente desarrollado para este modelo.3 4 Sobre Clementina se creó el primer lenguaje de computación argentino, llamado COMIC. Fue creado por Wilfred Duran y estaba adaptado a problemas de simulación socio económicos.5

La computadora prestó servicios para varias dependencias del Estado, trabajando en cálculos astronómicos (verificación de los cálculos manuales hechos por el astrónomo ítalo-argentino Francisco J. Bobone sobre el pasaje del cometa Halley en 1904), modelos matemáticos de cuencas fluviales y econométricos, desarrollo en computadora del método de camino crítico (CPM), estudios de mecánica del sólido, problemas lingüísticos y problemas estadísticos. El jefe de mantenimiento fue el Ing. Jonás Paiuk, miembro del Instituto de Cálculo.

El nombre de Clementina surgió de una canción popular inglesa que producían modulando el pitido que emitía la máquina. A pesar de que luego le hicieron modular tangos, le quedó el nombre de esta primera canción que se llamaba “Oh my darling Clementine”

Clementina siguió funcionando hasta mediados del año 1971, cuando su mantenimiento por falta de piezas se hizo imposible. El 6 de junio de 1971 se publicó en la revista dominical del diario La Nación una nota titulada “Una lágrima por Clementina” que daba detalles sobre el desmantelamiento de la computadora y su reemplazo por otra a comprarse en una nueva licitación, cosa que no ocurrió dado que el proceso licitatorio fue cancelado.

Posteriormente a su desmantelamiento, los restos fueron dispuestos para su eliminación como simples residuos. Tan sólo unos pocos módulos fueron rescatados por personal técnico de la facultad antes de que se los vendiera como chatarra, y aún los conservan como piezas de colección.

Clementina, una computadora modelo Mercury de la compañía británica Ferranti, empezó a funcionar el 15 de mayo de 1961, en el Pabellón I de la Ciudad Universitaria de la Universidad de Buenos Aires. Su importación estuvo fuertemente ligada a la gestión de Manuel Sadosky, considerado por muchos el padre de la computación argentina. El matemático creó, junto a otros especialistas el Instituto de Cálculo (1960) y la carrera de Computador Científico (1963), cuyo objetivo fue formar auxiliares de científicos que pudieran usar la eficientemente la computadora como poderosa herramienta de cálculo.

¿Pero cómo era esta supercomputadora? Si pensamos que en la actualidad los componentes informáticos son cada vez más pequeños, pero con una alta capacidad de procesamiento y almacenamiento, es solo ir imaginando la historia de la computación del modo inverso.

Santiago Ceria, director adjunto del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (DC), que hoy ocupa el mismo pabellón en el que funcionó la computadora, afirmó que Clementina era enorme. «Tenía 18 metros de largo, una ínfima capacidad de procesamiento —millones de veces más lenta que cualquier computadora actual— y tenía solo 5 Kb de memoria RAM».
Haciendo una comparación, el académico calculó que las supercomputadoras actuales, que tienen una capacidad de procesamiento de unos 17 petaflops (punto flotante por segundo) —siendo un petaflop 10^15 operaciones, es decir un uno seguido de 15 ceros—, son 3.400.000.000.000 veces más rápidas que Clementina, que operaba a 5000 flops.

Clementina tardaba poco más de dos horas en arrancar y la única forma para ingresar u obtener datos era en cintas de papel perforado, de las que luego se podía leer su contenido en unos teletipos que lo imprimían. Era muy pesada y las condiciones de mantenimiento eran sumamente delicadas.

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