El Kremlin en Moscú (El corazón del oso)

Lugares 24/04/2017 Por
El Kremlin, un tesoro de otro siglo que sigue atrapando con su belleza.
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En nuestra ruta, pasamos por el gigante edificio de la Duma (la cámara baja de la Federación Rusa, donde el parlamento se conoce como Asamblea Federal de Rusia, siendo la cámara alta el Consejo de la Federación), por el edificio del Teatro Bolshoi (grande en ruso) que es, tanto un teatro, como una compañía de teatro, danza y ópera. Esta compañía fue fundada en 1776 y el edificio, construido en 1825 es, después de La Scala de Milán, el mayor de Europa).

El autobús estacionó muy cerca de la Plaza Roja, bajamos y nos pusimos a hacer la fila para entrar al interior del lugar más bello y famoso (y también más custodiado y vigilado) de toda Rusia: EL KREMLIN.

A las once de la mañana ingresamos a “las entrañas del oso ruso”, ese enorme complejo de edificios gubernamentales, torres, iglesias, catedrales, monumentos y museos, rodeados por una enorme muralla roja, todo situado en una gran colina desde la que se ve el Rio Moskva (Moscú) y se tiene una vista panorámica de gran parte de la ciudad.

El dos de mayo era un día normal, de trabajo, para los moscovitas y para el gobierno ruso, de modo que dentro de los enormes edificios del Kremlin, la gente trabajaba en sus labores diarias después de haber disfrutado un largo puente vacacional de tres días debido al día internacional del trabajo, el 1ero. de mayo, que es una de las fiestas más importantes para los rusos, desde los tiempos de la Unión Soviética.

Mientras tanto, en nuestro grupo, (compuesto por turistas llegados desde distintas partes de España y Portugal), estábamos asombrados de lo que veíamos, y muy ocupados tomando fotografías, con una curiosidad casi obsesiva, quizás nacida en los años de la “Guerra Fría”, cuando hubiera sido inadmisible ver a turistas tomando fotos dentro del Kremlin. Reconozco que para mí siempre fue un lugar misterioso y que quería conocer desde pequeño, y estaba cumpliendo mi sueño, estaba dentro de las murallas del Kremlin.

Yo no podía dejar de pensar que tan solo veinte y tantos años atrás, lo que estábamos haciendo ahora hubiera sido imposible de realizar y hasta utópico pensar que se podía llevar a cabo. Aquellos eran los viejos tiempos de rivalidad casi irracional entre las dos naciones más poderosas de la tierra. Afortunadamente, después de la Perestroika y el Glasnost de Gorbachov, Rusia es hoy un país abierto al mundo, su economía, se encamina aceleradamente hacia una economía abierta, de mercado, y de oportunidades para todos.

Como nos explicaba el guía; la palabra KREMLIN, en el idioma ruso significa “refugio”, “fortaleza para proteger la ciudad de enemigos existentes o potenciales”, y nos dijo también que a través de toda Rusia existen muchos kremlines que se construyeron especialmente en la edad media, sin embargo, ninguno de los kremlines de Rusia es tan grande, tan inexpugnable y tan hermoso como el Kremlin de Moscú. Nos explicó que los pueblos y ciudades rusos, que históricamente se han mantenido en estado de guerra para protegerse de enemigos externos existentes o potenciales, siempre construían su Kremlin.

El Kremlin de Moscú, fue construido en el siglo XII, y su sitio se eligió después de una gran fiesta en la que se celebraba una exitosa jornada de caza. El Príncipe y señor de esos territorios, Yuri Dolgoruki, se dio cuenta de lo estratégico del lugar, que estaba dentro sus dominios, situado en una colina alta desde la cual se dominaba con la vista el acceso al lugar desde los ríos Moskva (Moscú) y Neglina. Yuri Dolgoruki era uno de los señores rusos que peleaban contra el imperio Mongol, que ocupaba esas tierras desde hacía más de doscientos cincuenta años. Yuri Dolgoruki y sus amigos decidieron que este era el lugar ideal para construir el Kremlin y plantarle cara a los Mongoles, así empezaron construyendo una fosa y una muralla.

En el siglo siguiente, la ciudad que se construyó en su interior, creció y se convirtió en un principado independiente, y pocos años después, desde allí, a finales del siglo XV, el Zar Iván III Vasilievich apodado El Grande, proclamó la soberanía rusa en todo el inmenso territorio de lo que es hoy la Federación Rusa, terminando la dominación Mongola de mas de trescientos años. Desde entonces, Rusia fue gobernada desde el Kremlin de Moscú, hasta cuando el Zar Pedro El Grande, en el siglo XVIII, trasladó su gobierno a San Petersburgo, donde quedó el gobierno ruso hasta 1918, año en que los bolcheviques regresaron el gobierno de Rusia a Moscú y al Kremlin. Por eso es que el Kremlin de Moscú ha sido el escenario principal, a través de muchos siglos, de la dramática y frecuentemente cruel historia de los zares.

Cuando en 1918 los bolcheviques decidieron regresar el gobierno ruso de San Petersburgo (que ellos luego lo bautizaron como Leningrado) a Moscú, el Kremlin retomó su rol estelar en la historia y en el poder ruso y, aun cuando es cierto que los soviéticos dejaron su marca en el Kremlin, la centenaria fortaleza retiene en gran medida el esplendor y la grandeza de sus mejores días imperiales bajo los zares. Allí, en el Kremlin, dicen los rusos, que todavía se siente el espíritu y el aura de Iván el Terrible; del cruel y despiadado Boris Gudunov y de los zares de la dinastía Romanov que aparecen más grandes que los de Stalin o del mismo Lenin, cuyo cadáver embalsamado se guarda intacto dentro de las paredes del Kremlin.

Una de las edificaciones más hermosas dentro del Kremlin es la de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción. De acuerdo con nuestro guía, este templo fue construido tres veces, la primera en 1326 pero la edificación se derrumbó; la segunda concluyó en 1472, pero toda la edificación se volvió a derrumbar por un fuerte temblor, y, la tercera que es la que perdura hasta la fecha, concluyó en 1479. Muchos zares fueron coronados en esta catedral, el primero de los cuales fue Iván “El Terrible” en 1547 (como anécdota, el guía contó, que el macabro entretenimiento de Iván consistía en arrojar perros desde las murallas del Kremlin para deleitarse viendo cómo perecían por el impacto, o mejor todavía).

En 1917, los bolcheviques suspendieron todos los servicios religiosos en esta catedral y en todas las iglesias de Rusia, sin embrago dejaron que los templos siguieran funcionando como museos históricos y de arte ruso. A la caída del gobierno comunista, en 1990, el nuevo gobierno ruso devolvió esta y muchas otras iglesias a la jerarquía Ortodoxa. Desde entonces, en Rusia existe una manifiesta libertad de cultos, siendo la Iglesia Ortodoxa la que cuenta con una gran mayoría de fieles.

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción fue completamente destruida por Napoleón y sus fuerzas invasoras en 1812, junto con la mayoría de los templos y demás edificaciones dentro del Kremlin. Napoleón y sus tropas tuvieron que abandonar rapidamente la capital rusa, bajo la persecución implacable del Mariscal Kutusov, quien propinó a Napoleón una de sus mas grandes derrotas en Octubre de ese mismo año.
Mientras continuábamos nuestro recorrido por las entrañas mismas del poder ruso, tuve la sensación de que yo mismo era parte de la historia. Estaba entonces y aún estoy, fascinado por lo que vi, oí y sentí mientras caminaba dentro de ese recinto amurallado y descubría esos fascinantes edificios y toda la carga histórica que poseían. En un momento, mientras estaba en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción me detuve cerca de la silla donde se coronaban los zares a reflexionar: “En un momento un hombre puede ser tan poderoso, sabio y respetado, dueño de vidas y tierras, tal como un Zar de la Gran Rusia, y luego, con el paso de los años, ese mismo hombre se convierte sólo en un pequeño, casi insignificante puñado de cenizas guardado en una urna, en una tumba de caro y frío mármol, olvidado por el mundo, quizá olvidado por su patria y hasta por su propia familia”. Mire el techo, suspiré, seguí caminando y bajé la escalinata de la entrada, y ahí estaba, en la Plaza de las Catedrales, el corazón palpitante del Kremlin. Esta plaza está rodeada de seis edificios, incluyendo tres catedrales.

Visitamos también la armería del Kremlin donde se guardan una serie de antiguos cañones y armas de diverso calibre, me llamó la atención un cañón, pero no uno normal, sino el más grande que jamás fuera construido, la zarina Catalina, hija de Pedro El Grande, lo mandó construir para amedrentar a sus enemigos, pero el cañón tenía tales dimensiones que nunca encontraron la forma de hacerlo funcionar y de que dispare. Desde entonces ha quedado en el Kremlin, sólo como una pieza de museo. La otra gran estructura es el Campanario de Iván el Grande, en la esquina nordeste de la plaza, el cual marca el centro exacto de Moscú y cuenta con una llama eterna siempre encendida. Este imponente campanario se terminó de construir en el año 1600 y tiene una altura de 81 metros. Hasta la Revolución Rusa, era la estructura más alta de la ciudad.

El postre para el final; El Gran Palacio del Kremlin, que actualmente es la residencia oficial del presidente de Rusia. Y se utiliza para los actos de Estado, está ubicado en la parte sureste del Kremlin, en la cima de la colina de Pinar. Fue erigido por iniciativa de Nicolás I entre 1838 y 1850, en el mismo lugar del antiguo edificio del gran palacio del príncipe Iván III de Moscú, del siglo XV, y del palacio de la emperatriz Isabel I, del siglo XVIII.
Tiene 125 metros de largo, la altura es de 44 m, posee 700 salas, incluidos varios aposentos antiguos de los zares: la Cámara de las Facetas, la Cámara Dorada de la Zarina, el Palacio de los Terems y las iglesias palaciegas. Su fachada principal da al río Moscova. Visto desde el exterior, el palacio parece tener tres pisos, pero sólo tiene dos. Lo que ocurre es que el segundo piso tiene dos filas de ventanas arqueadas.

Las salas para la recepciones ocupan toda la segunda planta, se llaman: San Jorge (de 61 m de longitud, 17,5 m de altura y 20,5 m de ancho, la más grande entre las salas de recepciones), la de San Vladimir, la de San Andrés, la de San Alejandro y la de Santa 小atalina. Entre 1933 y 1934, las salas de recepciones de San Alejandro y la de San Andrés fueron reconstruidas y destinadas para las salas del consejo supremo de las sesiones de la otrora poderosa URSS, perdiendo de esta manera por muchos años la magnificencia de sus interiores. Entre los años 1994 y 1998, por orden del presidente de la Federación Rusa, las salas del Gran Palacio del Kremlin fueron nuevamente habilitadas para cumplir con su propósito original.
En la actualidad, el Gran Palacio del Kremlin sigue siendo uno de los centros más importantes de la vida estatal de Rusia.

A las tres de la tarde terminó nuestra visita al Kremlin y camino al aeropuerto, dejando atrás esa gran ciudad, seguía pensando lo mismo, ¡El Kremlin;
impresionante!

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