Nuevos referentes de la fusión tango-jazz

A medida que pasa el tiempo, el universo musical argentino confronta con su propia historia, con su realidad heredada, y de ella emergen manos sutiles, significativas, que desafían sin estruendo, con grandes melodías, las formas vigentes de la canción jazzera o tanguera de la ciudad. Es el caso de Mario Parmisano.
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Mario Parmisano

¿Cuáles son los límites que los géneros musicales imponen, al momento de crear? ¿Son los patrones rítmicos y estéticos, los únicos obstáculos, las barreras a dejar atrás, para todo aquel que desee adentrarse en los espectros dormidos dentro de cada forma musical? Durante décadas, ensayar posibles respuestas posibilitó que dialogaran las obras y los lenguajes sonoros: el rechazo a todo operativo cómplice con la tradición mantuvo en pie a los artistas y les quitó horas de descanso: agazapados, en un momento creyeron que eran ellos los espectros, a la espera de la hora para pegar el salto. Esto ocurrió con Mario Parmisano, por citar a uno de los nuevos referentes de la fusión tango-jazz.

Avanzaron las exploraciones, nuevos límites dejaron paso a nuevos desafíos, hasta que la fusión pareció detenerse, en algo nuevo, en una sucesión de sonidos que ya venían renovando desde que Astor Piazzolla decidió tocar un instrumento.

En los últimos años, una nueva generación comenzó a desandar el camino de la quietud: jóvenes presionados en décadas de vaciamiento cultural que no se detuvieron con un ojo en el pasado y otro en lo cotidiano y empezaron a escribir canciones rastreaando aquellos espectros. Uno de estos autores es el ya mencionado Mario Parmisano quien hizo de su precursor máximo un maestro y un legado al mismo tempo. Ya sea con su piano como integrante del trío jazzero y tanguero Parmisano Trío o como solista sus composiciones logran no parecerse a nada anterior, y a la vez, pertenecer al jazz de su ciudad, y también al tango, de ese que heredó con la pasión piazzolliana.

Las dificultades son el tiempo, que no alcanza, y el dinero para producciones que escasea, pero después, los discos y sus presentaciones en vivo (acaba de realizar un concierto en el CCK), han sido experiencias maravillosas, que dejan una impronta jazzero-tanguista que sólo un referente como Mario puede lograr. A sus composiciones  lo acompañan grandes músicos y eso agiganta la figura del grupo que se ven ensalsados cuando el público estalla en una marea de aplausos deseosos de seguir escuchando por horas las composiciones de Parmisano, tanto las originales como los arreglos de los temas de Piazzolla que él se encargo de rejuvenecer llevándolos al sonido de un piano como principal instrumento sin que esto signifique olvidar los acordes del bandoneon aunque no figure dentro del escenario.

Mario Parmisano estuvo más de quince años tocando piano junto a la banda de Al Dimeola, un extraordinario guitarrista estadounidense que se caracteriza por tener piezas musicales extremadamente complejas. Esto le sirvió para complejizar aún más sus conocimientos logrando un nivel de calidad extremo que lo lleva a ser uno de los grandes de la escena local del jazz, que tiene muchos artistas de gran calibre que hacen de este género un disparador de grandes novedades y al mismo tiempo un semillero de enormes músicos que basan sus sonidos en los referentes actuales que, por suerte, dejaron de ser extranjeros para para ser, como en el caso de Mario, bien argentinos, 

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