Las maquetas de Le Corbusier fueron elevadas a obras de arte

Un estudio sobre Le Corbusier eleva a la maqueta arquitectónica realizada por el arquitecto de mayor influencia en la arquitectura del siglo XX a arte plástico.
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"Objects: proyecto y maqueta en la obra de Le Corbusier" es el título del estudio que analiza las maquetas de Le Corbusier "no sólo como herramientas de un arquitecto sino como parte de la producción de un artista gráfico", y que ha sido merecedor, en su cuarta edición, del Premio a la mejor tesis doctoral en Arquitectura y Ciencias de la Construcción, otorgado en Sevilla y dotado con 1,500 euros y la publicación de la obra. 

De la Cova ha considerado a Le Corbusier como "una figura clave para entender la arquitectura contemporánea", pese a lo cual ha destacado que "las numerosas maquetas que supervisó durante su trayectoria han sido poco estudiadas en su conjunto". 

El autor emplea el término "supervisar" para referirse a las maquetas que Le Corbusier consideró como propias porque, ha matizado, "como casi todo el material del taller de un arquitecto no lo fabrica una sola persona, son trabajos colectivos en los que intervienen distintas manos y oficios; y eso no supone que la autoría entre en duda sino todo lo contrario".

Durante medio año, De la Cova ha revisado unas doscientas maquetas de Le Corbusier -la mayoría en fotografías- de las que ha visto materialmente una treintena -buen número de ellas no se conserva-, casi todas en la Fundación Le Corbusier de París, pero también en Lyon, Boston y hasta en el Centro de Arte Georges Pompidou. 

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De la Cova, en declaraciones, ha descrito la maqueta como "un objeto frágil que tiende a la desaparición", de ahí que no se conserven muchas de las que han sido claves en la evolución de la arquitectura en el último siglo. 

Entre las maquetas estudiadas las hay fabricadas con yeso, cartón, madera, papel de periódico, alambre y hasta con cuerdas de piano, y en su construcción intervinieron numerosos colaboradores de Le Corbusier, "personajes también redescubiertos por esta tesis", según su autor, desde ingenieros hasta estudiantes de Bellas Artes -en París Arquitectura y Bellas Artes comparten la misma sede, ha recordado De la Cova- trabajaron en el estudio del arquitecto. 

El profesor ha considerado la maqueta como una herramienta básica en "una nueva forma de hacer arquitectura, en la búsqueda de geometrías más complejas, en la creación de un volumen", una creación que ha definido "de transferencia" entre "el deseo de construir" y "hacer por primera vez esa arquitectura visible". 

"Aunque la maqueta se haya considerado un objeto banal, casi un juguete destinado a la mera representación, no es sólo una representación a escala sino un objeto cuya construcción supone una potencia artística importante como antesala del interés artístico del arquitecto; no es una cuestión de imitación sino de búsqueda vinculada a lo material de una idea de espacio y de arquitectura", ha añadido. 

En el caso de Le Corbusier, "el ejercicio que lleva a la maqueta acaba revirtiendo en su arquitectura final", según De la Cova, quien ha recordado los conocimientos de arte y de escultura del genial arquitecto y su insistencia "en la síntesis de las artes". 

De la Cova, que ha señalado el carácter casi religioso de algunas maquetas en la antigüedad y cómo a lo largo de la historia han sido "objetos que poseen magia", ha asegurado que su interés por ellas parte de su tarea docente, ya que a sus alumnos "les permite acercarse de otro modo al proyecto que están gestando; como a una primera arquitectura, como una reflexión".

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